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De memoria y publicidad. ¿En qué número de Carnaval vamos?

Guillermo Tovar Vázquez nos comparte que no está suficientemente documentado que el Carnaval de 1831 haya sido el primero que se celebró en Autlán, pues existen indicios que podrían indicarnos una antigüedad mayor.

Foto: Cortesía Guillermo Tovar

El pasado 2 de octubre el Ayuntamiento de Autlán tomó protesta a los integrantes del Patronato Organizador del Carnaval 2027, con lo que la fiesta más importante del año en nuestro municipio volvió a la conversación pública. Entre los deseos de contratación de artistas y las quejas anticipadas por los precios y la conformación del programa, me gustaría introducir un comentario sobre el uso de la información histórica en la publicidad del Carnaval.

Es común la añoranza de cada generación por la forma en que le tocó vivir el Carnaval en su juventud, por lo general convirtiendo a esos años felices en una época gloriosa donde todo era mejor que ahora y que debería volver, casi siempre señalando que esa era la forma correcta y tradicional de celebrar un Carnaval que, a pesar de ese aparente arraigo, no ha hecho otra cosa que cambiar constantemente. Pero no es eso de lo que quiero escribir esta vez, sino de cómo la lectura poco atenta de la obra de nuestros cronistas e historiadores y la repetición de datos sueltos y mal entendidos puede llevar a desvirtuar lo que sabemos de nuestra historia.

Uno de esos datos es el año en que se celebró el primer Carnaval. En algunas ocasiones se le ha asignado al Carnaval un número de edición, con base en la creencia de que el primer Carnaval de Autlán se celebró en el año 1831. En su libro Autlán, el doctor Rubén Villaseñor Bordes refiere, en la página 238, un documento en el que el Ayuntamiento le concede permiso a un señor de apellido Mardueño de celebrar diez corridas de toros, a condición de que terminen precisamente el martes anterior del Miércoles de Ceniza. El dato lo vuelve a mencionar don Ernesto Medina Lima en su texto Carnaval de Autlán. Pasado y presente. Pero, quien haya leído poco más del renglón en el que los autores mencionan este dato, se dará cuenta de que ninguno de ellos afirma que ese fue el primer Carnaval de Autlán: el doctor Villaseñor dice en ese mismo párrafo “Las corridas de toros, como hoy se celebran durante nueve días, no puedo precisar su antigüedad…”; mientras que Medina dice, un poco más delante de donde menciona el dicho permiso “Pero la fiesta tal vez ya venía de muchos años atrás” (página 61).

Es decir, en ningún momento se afirma por ellos que el primer Carnaval de Autlán se celebró en 1831. Pero, como se ha venido repitiendo por autoridades municipales y patronatos organizadores en varios años, los autlenses se lo empiezan a creer, al grado de producirse ya artículos promocionales del Carnaval con la cifra 1831 en un lugar destacado.

Además de que no está suficientemente documentado que el Carnaval de 1831 haya sido el primero que se celebró en Autlán, existen indicios que podrían indicarnos una antigüedad mayor. Para empezar, en los primeros meses de 1831, antes de las fechas del Carnaval, Autlán padeció una epidemia de viruela que provocó un aumento en la mortalidad, especialmente de niños. Aparte, los caminos en los alrededores de la villa estaban plagados de bandoleros, que hacían inseguro transitarlos. Según el doctor Villaseñor, en la sesión del Ayuntamiento del 4 de febrero de 1831, a punto de que comenzaran las corridas de toros del señor Mardueño, el alcalde primero don José Antonio Villaseñor expuso que en todo el Estado era notoria la abundancia de ladrones. Ante esto, el Ayuntamiento acordó que cada habitante de Autlán tendrá la obligación de acudir, previo llamado mediante toque de campana o tiro de cañón, a las Casas Consistoriales a recibir órdenes para la defensa del pueblo, en caso de asalto. O sea que el contexto social en Autlán no parecía ser el más adecuado como para fundar una nueva festividad y acaso las corridas del señor Mardueño serían solo la continuidad de una costumbre ya arraigada.

Don Ernesto Medina Lima, por su parte, refiere un documento de diciembre de 1867 en el que los vecinos de Autlán expresan al Ayuntamiento su intención de organizar el Carnaval, fiesta que “…desde inmemorial tiempo está establecida en esta ciudad…”. Inmemorial es, a todas luces, un término demasiado fuerte para referirse a un plazo de solo 36 años…

Otro argumento en contra de ponerle número de edición a los Carnavales tiene que ver con su continuidad. Aunque se descubriera un documento que probara contundentemente que el primer Carnaval sí fue el de 1831, ese dato no bastaría para determinar una cantidad de Carnavales celebrados, puesto que ha habido periodos, no documentados todavía a detalle, en que esta fiesta no se celebró: la Guerra de Reforma, la Intervención Francesa, la Revolución, la Guerra Cristera, el COVID-19…

El uso de un número de edición del Carnaval quizás tenga beneficios en términos publicitarios, pero a un costo demasiado alto. No se comparan las ganancias, temporales y limitadas, que reporte el uso de un número de edición del Carnaval, con el deterioro del patrimonio cultural inmaterial de los autlenses, del que forma parte la memoria colectiva.

En fin, no hace falta asignar un número al Carnaval de cada año. La fiesta goza de tal salud que no necesita este tipo de agregados.

Fuentes:

  • Medina Lima, Ernesto. Crónicas de Autlán de la Grana, Jalisco. 2ª edición, 2005, Gobierno de Autlán.
  • Oliver Sánchez, Lilia Victoria. Autlán de la Grana. población y mestizaje. 2014, Centro Universitario de los Lagos.
  • Villaseñor Bordes, Rubén. Autlán. 2ª edición, 2013, Ayuntamiento de Autlán.
Carnaval

Cronista honorario de Autlán por la Asociación de Cronistas Municipales del Estado de Jalisco desde 2015 y cronista municipal desde 2018. En abril de 2017 ingresó a la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de Jalisco con el trabajo La construcción de la carretera Autlán-Purificación en 1930.
Correo: [email protected]

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