Autlán de Navarro, Jalisco.- Dos jóvenes de la región Sierra de Amula obtuvieron un apoyo del programa Extramuros 2026 de la Secretaría de Cultura de Jalisco para desarrollar el proyecto “Raíces Resonantes”, con hombres en situación de reclusión en el Centro Integral de Justicia Regional (CEINJURE) Autlán de Navarro.
Detrás de “Raíces Resonantes” está Gabriel Salas Luna, estudiante de la Licenciatura en Artes y Johanna Aguilar Noguez, quienes buscan que a través de la memoria, el juego y la creación artística los hombres del CEINJURE puedan reflexionar, cuestionarse y expresar aquello que es difícil de poner en palabras.
“Decidimos trabajar a partir de los juguetes y de los recuerdos de la infancia, un juguete puede parecer un objeto sencillo, pero también puede guardar una historia, una época, una persona o una emoción”, compartió Gabriel Salas.
Los participantes del taller van a construir un juguete hecho de papel maché, tomando como referencia sus propias experiencias para posteriormente pasar de lo visual a la palabra a través de un taller de escritura creativa donde los participantes podrán convertir sus reflexiones en relatos de una historia colectiva que llevarán al teatro en la fase final del proyecto.
El arte, una herramienta para generar encuentros
El interés de Johana y Gabriel por desarrollar este proyecto de “Raíces Resonantes” viene de su perspectiva acerca del arte, la cultura y la necesidad de llevar esto a espacios donde tradicionalmente no llega.
“A lo largo de nuestro trabajo nos hemos encontrado con la necesidad de pensar el arte no solamente como una actividad de contemplación o como algo que sucede dentro de una galería, sino como una herramienta capaz de generar encuentros, preguntas y procesos de transformación personal. De ahí surgió el interés por llevar una experiencia artística a un contexto penitenciario”, expresaron los promotores de este proyecto.
Esta es la primera ocasión que ellos reciben un apoyo estatal para desarrollar un proyecto de esta naturaleza y representa algo importante para ellos.
“Más allá del estímulo económico, significa que una propuesta que nació de una inquietud y de muchas horas de trabajo y reflexión encontró un espacio dentro de las políticas culturales, fue considerada viable para llevarse a cabo”, compartieron.
Tanto Johanna como Gabriel han tenido acercamientos previos con personas privadas de su libertad o en reclusión.
Lo valioso del proceso
Los trabajos del taller comenzaron hace ya unas semanas y Gabriel compartió que les ha ido bien, encontraron un grupo atento, participativo, con mucha disposición; han obtenido resultados que esperaban como parte del proyecto, pero también los han sorprendido positivamente.
“Algo que nos parece especialmente importante es confirmar, en la práctica, el valor que tienen los procesos creativos dentro de espacios de confinamiento. A veces pensamos en el arte únicamente desde el resultado final, pero estas primeras sesiones nos han permitido ver que el proceso es quizá lo más valioso”, compartieron Johana y Gabriel.
Entre los principales objetivos de este proyecto están, generar en las personas en situación de reclusión reflexiones sobre sus propias historias desde otras perspectivas y mostrar además cómo la creación artística puede surgir desde cualquier espacio.
“Esperamos que, al finalizar el proceso, cada participante se lleve algo más que un objeto o una historia, quizá una nueva pregunta sobre sí mismo, una posibilidad distinta de mirar su pasado o, simplemente, la certeza de que todavía puede crear y participar activamente”, agregaron.




