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Calentamiento global: negación y consecuencias | A Ciencia Cierta

En la columna anterior hablábamos sobre el calentamiento global y discutíamos sobre la prácticamente nula participación de algunos países para reducir y revertir este proceso. Desafortunadamente en este, como en otros casos, los tomadores de decisiones no entienden ni quieren apoyarse en los resultados de la investigación científica.

Oscar Cárdenas Hernández

Autlán de Navarro, Jalisco. 27 de mayo de 2022. (Letra Fría) En la columna anterior hablábamos sobre el calentamiento global y discutíamos sobre la prácticamente nula participación de algunos países para reducir y revertir este proceso. Desafortunadamente en este, como en otros casos, los tomadores de decisiones no entienden ni quieren apoyarse en los resultados de la investigación científica, ya que atienden únicamente a quienes financian sus campañas, empresas que mayormente no tienen un compromiso ambiental y cuyo objetivo final es maximizar sus ganancias, sin importar si esto tiene alguna consecuencia sobre nuestro planeta y sus habitantes.

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A pesar de esto, se han desarrollado varios esfuerzos para mitigar el calentamiento global, incluyendo el desarrollo de tecnologías, la utilización de mecanismos económicos y el establecimiento de tratados internacionales. El objetivo final de estos esfuerzos es reducir la cantidad de gases de invernadero que son liberados a la atmosfera, recordando que estos gases (bióxido de carbono principalmente) son los causantes principales del aumento de la temperatura en nuestro planeta.

El desarrollo de tecnologías para reducir el calentamiento global involucra la generación de medios más eficientes de transporte, la reducción en el uso de combustibles fósiles y su reemplazo por fuentes alternativas de energía como la energía solar, la energía de las mareas y el viento (Figura 1). Se ha hablado inclusive de ampliar la oferta de energía nuclear a través de la construcción de más centrales nucleares; sin embargo, estas soluciones también tienen consecuencias sociales y ambientales, entre los que destacan la degradación de la calidad del paisaje, la pérdida de biodiversidad y, en algunos casos hasta conflictos por la propiedad de la tierra.

Figura 1. Parque eólico en el Istmo de Tehuantepec, México. Imagen obtenida del sitio https://nomada.gt/nosotras/volcanica/la-energia-eolica-no-es-tan-limpia-como-la-pintan.

Los mecanismos económicos incluyen, por ejemplo, el mal llamado “mercado de carbono”, que consiste en la compra y venta de “bonos de emisión de carbono”. Es decir, a través de acuerdos nacionales o internacionales, se fijan ciertas cuotas de emisión de bióxido de carbono, en el cual un estado o un país se compromete a no sobrepasar un límite establecido de un número determinado de toneladas de carbono emitidas a la atmosfera por año. Si este estado o país no llega al límite, entonces puede “vender” ese excedente a otro estado o país que se sobrepasó en sus emisiones, de tal manera que “cumpla” con las cuotas establecidas. Obviamente estas medidas no son las mejores porque no se reduce en sí la cantidad de carbono emitida a la atmosfera, sino que se redistribuye entre aquellos que suscribieron el acuerdo. En nuestro país este instrumento comenzó a aplicarse en el año 2013, un año después de que fue publicada la Ley General del Cambio Climático (Figura 2).

Figura 2. El mercado de Carbono en México. Imagen obtenida del sitio https://blog.bmv.com.mx/2019/06/3025.

Finalmente, también existen los convenios y tratados internacionales que buscan reducir la emisión de gases de invernadero a la atmosfera. Por ejemplo, en el año 2014, entró en vigor la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (The United Nations Framework Convention on Climate Change), bajo el cual los gobiernos suscritos se comprometen a:

  1. Reunir y compartir información sobre la emisión de gases de invernadero, políticas nacionales al respecto y mejores prácticas para su reducción.
  2. Lanzar estrategias a nivel nacional para atender la emisión de gases de invernadero y para adaptarse a los impactos esperados.
  3. Cooperar con otros países para preparase para los impactos que traerá consigo el calentamiento global.

Bajo este convenio se utilizan precisamente ambos instrumentos (tecnológicos y financieros) para poder reducir la cantidad de gases de invernadero que se arrojan a la atmosfera (Figura 3).

Figura 3. Mecanismos utilizados para reducir la cantidad de gases de invernadero en la atmosfera bajo el Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Imagen obtenida del sitio https://www.researchgate.net/figure/The-United-Nations-Framework-Convention-on-Climate-Change-UNFCCC-Technology-and-Finance_fig1_324651744.

Aunque estos esfuerzos son de aplaudirse, los resultados no reducirán la cantidad de gases de invernadero que existen actualmente en la atmosfera, sino que buscan llegar a una emisión de gases muy similar a los niveles de emisión de la década de los noventa del siglo pasado. En este sentido, quizá una de las mejores estrategias sea el reducir la deforestación y permitir el crecimiento de bosques en aquellas áreas donde han desaparecido. Dado que los árboles y muchas especies de plantas capturan carbono y lo incorporan en sus tejidos, el aumentar la superficie boscosa en el planeta permitiría “secuestrar” el carbono presente en la atmosfera y reducir así su cantidad en la masa de aire planetario.

Me despido con una cita de Aldo Leopold contenida en el prefacio de su libro “A Sand County Almanac”:

Abusamos de la tierra porque la consideramos como una comodidad que nos pertenece. Cuando veamos a la tierra como una comunidad a la cual pertenecemos, entonces empezaremos a verla con amor y respeto” (Aldo Leopold 1949).

¡Nos leemos en la próxima!

JR/MA

El Dr. Oscar Gilberto Cárdenas Hernández es licenciado en Biología por la Universidad de Guadalajara. Obtuvo la Maestría en Ciencias en Biología de la Conservación y Desarrollo Sustentable y el Doctorado en Ciencias en Ambiente y Recursos en la Universidad de Wisconsin-Madison (Estados Unidos). Es ex-becario del programa “Fulbright-García Robles” y participó como voluntario del Servicio Forestal (US Forest Service) de los Estados Unidos.

Actualmente se desempeña como Profesor Investigador en el Departamento de Ecología y Recursos Naturales del Centro Universitario de la Costa Sur (CUCSUR-Universidad de Guadalajara).

Ha publicado artículos en revistas especializadas y de divulgación científica, así como también varios capítulos de libro. Forma parte de la plantilla de profesores de la Maestría en Ciencias en Manejo de Recursos Naturales y de la Maestría en Procesos y Expresión Gráfica en la Proyectación Arquitectónica-Urbana de la Universidad de Guadalajara.

Forma parte de diferentes redes académicas, incluyendo la Red de Monitoreo de Reservas de Agua (Red MORA), la Red de Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología (Public Communication of Science and Technology, PCST) y la Red Temática de Socioecosistemas y Sustentabilidad (Red Socio-EcoS). Es integrante del Grupo de Colaboración Científica en Cambio Climático de la Red Cooperación Latinoamericana en Redes Avanzadas (Red CLARA) y funge como Coordinador Nacional de la Comunidad de Estudios Socioambientales (CES) de la Corporación Universitaria para el Desarrollo de Internet (CUDI), en la cual también se desempeña como Secretario del Consejo Directivo.

Desde noviembre de 2013 hasta la fecha dirige, conduce y produce el programa de radio “A Ciencia Cierta” en Radio Universidad de Guadalajara-Autlán; también funge como presidente del Patronato del Centro Comunitario y de Salud “Santuario de Luz, A. C.” (Tiopa Tlanextli).

Correo: oscar.cardenash@academicos.udg.mx

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