Agenda Ciudadana | El niño de Torreón

en Plumas

En su columna de hoy, David Chávez Camacho retoma los hechos ocurridos tras la reciente tragedia en Torreón y reflexiona en torno a las apresuradas conclusiones de las autoridades para explicar el hecho.

Por: David Chávez Camacho

Autlán de Navarro, Jalisco. 13 de enero de 2020. (Letra Fría) Hace apenas algunos días escribí una columna en la que expresé, como deseo de Año Nuevo, que en 2020 pudiésemos salvar a Joker. Éste es un personaje de ficción, pero simboliza a personas en, digamos, condiciones perturbadoras. Sin embargo, tan solo la semana pasada un niño, casi adolescente, ha muerto matando en una escuela de Torreón, Coahuila.

Pasarán días, no pocos, antes de que los especialistas puedan dar sentido a lo ocurrido con este pequeño que mató y se quitó la vida. Quizá incluso, en términos de opinión pública, no lo logren, porque ésta, la opinión pública, no se sustenta en el conocimiento, sino en las opiniones y en las emociones.

Además, está por verse que “los especialistas” de veras lo sean y puedan racionalizar un asunto así. Las autoridades —y aquí uno hace gestos de escepticismo—, quizá sólo emitan algunas frases obvias y bobas, desde sus escritorios de instituciones en las que lo importante es el gasto corriente.

Ya lo hizo así el gobernador de Coahuila, Miguel Ángel Riquelme, quien se aventuró a afirmar como causa unos videos visibles por internet, “Natural Selection”, que el gobernante supone influenciaron al niño para cometer su agresión y suicidio con armas de fuego.

Las declaraciones del gobernador, apresuradas y carentes de comprobación, fueron calificadas por el director ejecutivo de la Red por los Derechos de la Infancia en México, como “innecesarias y sin fundamento”. Y, pues, sí, ¿cómo llega tan rápido el gobernante a tal conclusión?

No es que la opinión del gobernador sea necesariamente errónea por apresurada. Aquí vale la pena observar la inercia de las autoridades para negar los problemas de manera automática e instantánea. La trampa de la declaración del gobernador nos llevaría a obviar otros tantos factores del entorno local y nacional que viven los niños mexicanos. Hoy se habla del Niño de Torreón, pero hay miles de niños totalmente marginados y abusados, incluso los hay que son sicarios al servicio del crimen organizado.

Otra reacción, más de carácter gremial, fue la de profesoras y profesores, con un mensaje difundido por redes sociales con el que exigen a las familias a educar a sus hijos. A primera vista tienen razón, pero parecen ignorar que,  bien o  mal, las familias educan a sus hijos, al igual que el sistema de educación e internet y los medios tradicionales y esto y aquello.

Las niñas y los niños mexicanos aprenden de lo que ven, y desde hace años lo que ven son cadáveres colgados, exgobernadores acusados de corrupción, embargos bancarios, noticias de fosas clandestinas, abusos eclesiales, noticias de desaparecidos, idioteces de expresidentes… así como contenidos de todo tipo por internet.

Quizá lo ocurrido a este pobre niño de Torreón se deba a una patología psiquiátrica; no lo sé. Sin embargo, debe analizarse como un asunto de primera importancia por lo que toca a la salud de la infancia y al entorno social que viven y en el que se desarrollan. Lo cierto es que en una sociedad enferma —y la nuestra lo es—, ser una anomalía es inevitable.

LL/LL

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