Agenda ciudadana | El virus de la perplejidad

en Plumas

Por: David Chávez Camacho

Autlán de Navarro, Jalisco. 27 de abril de 2020. (Letra Fría) El pensamiento se halla tan perplejo como los cuerpos contagiados de COVID-19. Perplejo deriva del latín perplexus, que significa “algo totalmente enredado”, como cuando uno dice sentirse confundido, lo que significa que en efecto lo está.

Juego con las palabras, obviamente, pensando que el cuerpo es un sistema organizado, así como el pensamiento lo es en su modo. El pensamiento es memoria y actitud, estructura de interpretación, por eso le resulta confuso lo nuevo, lo imprevisible y por tanto difícil de interpretar.

Lo que vivimos desde hace dos meses en México y ya antes por todo el mundo, nos genera demasiada confusión. La gente afirma nunca haber imaginado que viviría una pandemia como la actual, una situación generada por una anomalía que altera, inquieta y paraliza al sistema “enredado”, hecho nudos.

Al parecer lo peor del nuevo coronavirus, al que se la asignado el nombre de SARS-COV-2, digno de personaje de La Guerra de las Galaxias, es su novedad y su supuesta –supuesta por mí, pues no soy infectólogo– mutabilidad.

Esta pandemia es la de una realidad infectada de ficción, con un efecto tremendo, el de descubrir que el virus es un nuevo dato de la realidad, lo que hace tambalear nuestra concepción de la realidad pensada. ¡Uff, qué enredo!

Tal realidad pensada, que es más o menos, o menos o más, diferente de la realidad real, por llamarla de alguna manera, es para el caso de esta pandemia mucho más que la realidad fisiológica humana. Es también la realidad social, cultural, económica, ambiental, etcétera.

Hace algunos meses, realmente pocos, antes de que emergiera el SARS-COV-2, al ver entrevistas a especialistas en geopolítica, ciencia, sociología, y esto y aquello, uno oía de riesgos para la humanidad por el cambio climático, la guerra nuclear o el poder basado en la tecnología, entre ésta la biotecnología usada para el control de las personas.

Por redes circula un video que muestra a Bill Gates hablar de un virus como amenaza, pero estábamos más ocupados con Greta Thunberg y los deshielos. Sin ponernos conspiranoicos, es evidente que ambos tienen razón suficiente como para creerles.

El problema es que las personas comunes no vemos los problemas, porque estamos más ocupados de lo accesorio, infectados de cultura pop, de espectáculo, de politiquería. Por supuesto, no todos tenemos información científica, pues ésta se ha especializado tanto que ni los mismos científicos pueden abarcar toda la ciencia conocida.

Es claro que aún si tuviéramos acceso a la información, como de hecho la tenemos relativamente por internet, no sabríamos qué hacer con ella. En realidad no sé qué pudiéramos hacer mis vecinos y yo respecto a la amenaza nuclear o la tecnología 5G, salvo no tener en casa una bomba atómica fabricada en Tepito o renunciar al uso de tecnología que se puede adquirir en la tienda de la esquina para ser funcional en el ámbito laboral más básico.

Los comunes tenemos acceso a toda esa información y a ver y usar esa tecnología sólo como consumidores. Y aunque los mercadólogos digan que el consumidor siempre tiene la razón, eso es cierto siempre y cuando no deje de ser sólo consumidor.

Yo, amigas y amigos, me siento perplejo.

LL/LL

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