Agenda ciudadana | La guerra de los virus

en Plumas

Según las estadísticas ofrecidas por el gobierno federal, Jalisco ha controlado con efectividad la epidemia de COVID-19. Dadas las circunstancias, esa es una buena noticia, aunque por supuesto se lamente la pérdida de vidas.

Por el momento, en estricto sentido biológico, el asunto no se ha salido de control. Sin embargo, la epidemia tiene efectos fuera del área de la salud, como los económicos, que pueden ser temibles. El gobernador Enrique Alfaro ha reiterado por estos días que relajar el aislamiento podría retrasar el regreso a la “normalidad”.

Debido a ello, el mandatario estatal informó de la suspensión definitiva de las clases presenciales, por lo que toca al actual ciclo escolar. Alfaro Ramírez indicó que el 18 de mayo podría iniciar la etapa de preparación para la reactivación económica, con un plan que incluirá nueva deuda pública, según acordó el gobierno del estado con empresarios y sindicatos.

Suponiendo que todo ello ocurre, que volvemos a la “normalidad”, quedarán muchas preguntas, porque el COVID-19 es mucho más que sólo salud y economía. No se duda que el virus existe, que es un nuevo virus y que genera tal enfermedad. En lo que sí hay muchas dudas o cuestionamiento por todo el mundo es en la forma en que la humanidad ha procesado psicológicamente esta situación, convirtiéndola en un hecho de opinión pública, más que de estricta información.

Lo que hemos visto y vivido se ha parecido al pánico que generó la difusión por radio de “La guerra de los mundos”, que realizó el actor Orson Welles, allá por 1938, con el argumento de una invasión extraterrestre, casualmente  de seres de extraño aspecto, con boca en forma de V y tentáculos que no paraban de moverse, movimientos lentos, ojos inmensos y respiración dificultosa.

Aquel radioteatro que hizo famoso a Welles incluía la simulación de noticiarios que daban cuenta de los sucesos teatrales, lo que confundió al público estadounidense.

Hoy, con esta pandemia de un virus con aspecto de extraterrestre, hay también la simulación de noticieros y noticiarios, por lo que la falsa información provoca efectos reales de pánico en algunos, de autoritarismo en otros y de irresponsabilidad en otros más.

Por supuesto, es esperable el regreso a la  “normalidad”, si es que lo que ocurría antes de la pandemia pudiera ser conceptuado como normalidad. Sin embargo, esperar una “nueva normalidad”, concepto que tiene aspectos contradictorios, es un exceso de optimismo o mejor dicho una gran ingenuidad.

Ni los términos convencen, pues si fuese nueva no sería normalidad, y si fuese normalidad tampoco manifestaría novedad alguna.

LL/LL

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