Agenda Ciudadana | Llamados a la acción

en Plumas

La degradación cultural que se suponía iba a llevar a la humanidad a un cómodo y generalizado progreso, fueron simplificadas durante las décadas más recientes ya sólo a una lógica de negocio.

Por: David Chávez Camacho

Autlán de Navarro, Jalisco, 17 de septiembre de 2019 (Letra Fría) Durante las décadas recientes, dos movimientos han generado conciencia en los seres humanos: el feminismo en cuanto a sus relaciones sociales y el ambientalismo en nuestra interacción con la naturaleza. Son movimientos que habrán de generar cambios profundos en la cultura, si es que además somos conscientes de que somos conscientes.

Lo que hace años parecía noticia sensacionalista o ficción de aficionados a teorías conspirativas, asoma cada día más como una realidad que ya no se puede soslayar. Es evidente que existió una terrible violencia que victimizó a las mujeres, y que aún existe. Ya no es necesario señalar que tal violencia era vista no sólo como normal, sino exigida. Hoy la violencia en contra de las mujeres es percibida como absolutamente indebida, anormal, intolerable.

También nos queda cada día más claro que el mito de la tierra pródiga y resistente a todo, que Dios nos habría obsequiado a los mexicanos, es dañino, pues nos llevó durante mucho tiempo a abusar de la naturaleza en nombre de un progreso utópico que sólo sirvió como recurso retórico de campañas electorales.

Las noticias de los últimos días, que ya ni siquiera son noticias en sentido estricto, pues ya no son novedad, son llamados a la acción y no sólo al conocimiento. Niños que orinan pesticidas tóxicos en Autlán; las inundaciones lodosas, sin lluvia, en San Gabriel y la presencia comprobada de plásticos en nuestros mares son resultado de una pésima gestión, de la indiferencia y el hacer como que no nos damos cuenta de lo que ocurre.

Este asunto ha ido de mal en peor. La degradación cultural que normalizó la violencia entre seres humanos –en nombre de la moral, contradictoriamente– , y la degradación ambiental que se suponía iba a llevar a la humanidad a un cómodo y generalizado progreso, fueron simplificadas durante las décadas más recientes ya sólo a una lógica de negocio.

En términos simples se supuso que dar rienda suelta a la ambición, sin el estorbo de las ideas sociales, habría de generar riqueza entre algunos, los situados en la punta de la pirámide, y que éstos luego derramarían tal riqueza hacia abajo, en beneficio general.  Idea simplona, boba, perversa, que se acompañó de la idea del fin de la Historia y la inutilidad de las ideologías.

En tales circunstancias, solo había un paso hacia la total indiferencia por lo social, al abandono de toda aspiración a la equidad, a la desaparición de derechos y a la ausencia del respeto a la naturaleza. Entonces, la única aspiración fue hacer negocio, a costo de lo que fuera.

A propósito de ello se han desarrollado teorías sociales y estudios abundantes. Sin embargo, sus conclusiones resultan una obviedad ante el desastre al que podemos llegar si permanecemos en la amoralidad que ha generado riqueza sólo para muy pocos a costa de destruir, sin escrúpulos sociales y sin idea alguna de futuro.

La simulación lo ha degradado todo.

LL/LL

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