Acaba de pasar el cumpleaños de Mary, se lo festejamos sus amigos y hasta mañanitas con violín a cargo de Antonio Kamil hubo, una sesión fotográfica cortesía del maestrazo Isaac Ramírez y el acompañamiento también del buen amigo Silvestre Kamil, junto con Mario, Milo, Neto, El Kiwi y el Bienvenido Welcome.
Ahí reunidos en la banca junto al puesto de Mario Eduardo nos establecimos, a los pocos minutos llegó el Licenciado León con pollos rostizados, pastel y gelatina. Nosotros habíamos llevado pastelito y gelatina también.
Varias cosas nos unían, tal vez la más significativa es que todos los que estábamos ahí, excepto el licenciado León y sus compañeros, tenemos algún o algunos tipos de padecimientos mentales.
Fue una buena convivencia, Mary se sintió bien, arropada, querida y valorada como todos los seres humanos lo necesitamos.
La psiquiatría digital lo interpretaría de esta manera:
“el afecto no es un lujo: es una necesidad humana profunda.
Esa mujer, aunque viva en la pobreza, sigue siendo una persona con memoria, dignidad, heridas, sueños y necesidad de pertenecer. Que sus amigos le celebren un cumpleaños significa algo enorme: “te vemos”, “importas”, “no estás sola”. A veces, quienes poseen menos cosas materiales conservan con más intensidad los rituales del afecto, porque saben lo que significa ser olvidados.
El ser humano no nació para vivir aislado. Desde tiempos antiguos, ser rechazado por el grupo equivalía casi a morir: sin tribu no había protección, alimento ni compañía. Por eso nuestro cerebro quedó marcado por la necesidad de aceptación. El rechazo duele de verdad; no solo emocionalmente. Estudios modernos muestran que ciertas zonas cerebrales vinculadas al dolor físico también se activan cuando una persona es excluida.

Pero hay algo todavía más hondo: necesitamos sentir que nuestra existencia deja una huella en otros. Que alguien recuerde nuestro nombre, nos espere, nos abrace o nos diga “feliz cumpleaños” confirma que nuestra vida tiene sentido para alguien más. El afecto funciona como un espejo donde la persona reconoce su humanidad.
Por eso, incluso en la miseria, la gente canta, comparte comida, hace bromas, celebra santos, cumpleaños o funerales. Son maneras de resistir el abandono del mundo.
La pobreza material puede ser terrible, pero la pobreza afectiva suele destruir más lentamente y más hondo.”
Quizá esa pequeña fiesta entre semioutsiders contenía una verdad muy antigua:
el ser humano soporta muchas carencias, pero difícilmente soporta sentirse invisible.
Aquí, sin hipocresías ni traiciones; con ellos he encontrado ese calor humano que todos requerimos. Aquí con ellos está mi mejor Ecosistema Emocional. Hay que cuidarlo y de ser necesario pelear contra fantasmas y prejuicios chafas.
En la noche Milo, Mario y Neto nos fuimos al Nápoles lleno de vida, de gente viendo el espectacular triunfo de las Chivas, el pueblo de la región ahí tomando cheves, tostadas, niños corriendo al baño, una copa que se rompe, un gol que genera la euforia colectiva, una mujer amenazando a un hombre, un orinado, otro enojado, después vimos el triunfo del Cruz Azul. ¡Viva Autlán!





