Caminar despacio hasta el matujo, como quien se dirige a un santuario sin vitrales. Escoger el sitio con la misma delicadeza con que se elige dónde sembrar una semilla. Buscar la hoja más noble —una de acaute, quizá—, comprobar su suavidad con
¿Qué entendemos por suelo? Pregunta Gustavo Duch, y él mismo responde; -“para la mayoría de nosotras, el suelo es una superficie firme, yerma, limpia, plana y, preferiblemente, artificial”. Es el pavimento que recorremos, el cemento sobre el que edificamos, el piso que
Vengo del surco sembrado, de la memoria y la tierra, donde la semilla encierra lo que el tiempo ha resguardado.



