En medio de un desierto verde de caña de azúcar, donde más de 15 mil hectáreas de monocultivo dominan el paisaje y dictan buena parte de la dinámica económica regional, persisten pequeñas parcelas campesinas que desafían la lógica de la uniformidad. Son
Y después, vino una aseveración surgida de la práctica encarnada de coraje y dignidad: “nosotros no nos dedicamos a las matemáticas ni a hacer cuentas, nos dedicamos a trabajar con la tierra”, dijo mi padre, Rodolfo, en ese mismo año.
Sí, la universidad llegó reproduciendo (y aún) la colonización de los saberes campesinos. En aquellos años esos agrónomos egresados replicaban cual mercader la oferta de insumos externos a las familias campesinas para que “mejoraran” su producción.



