En medio de un desierto verde de caña de azúcar, donde más de 15 mil hectáreas de monocultivo dominan el paisaje y dictan buena parte de la dinámica económica regional, persisten pequeñas parcelas campesinas que desafían la lógica de la uniformidad. Son espacios modestos en extensión, pero enormes en diversidad biológica, cultural y productiva.
Ahí, familias campesinas continúan sembrando alimentos, conservando semillas y reproduciendo conocimientos que durante décadas han resistido el avance de un modelo agroindustrial basado en la especialización, la dependencia tecnológica y la extracción intensiva de recursos.
Ese mismo modelo que prometió desarrollo y modernización también contribuyó a distanciar a las juventudes del campo. La agricultura dejó de presentarse como una posibilidad de vida digna y se convirtió, para muchos jóvenes, en sinónimo de atraso. Mientras tanto, los referentes aspiracionales comenzaron a construirse desde las pantallas, los corridos, las series, lejos de los surcos, de los montes y de la memoria campesina.
Sin embargo, desde hace algunos años, una experiencia impulsada desde el municipio de El Limón ha comenzado a escribir una historia distinta. Lo que inició con un huerto escolar derivó en la construcción de una propuesta educativa innovadora: la transformación de la preparatoria local en una preparatoria agroecológica. Haciendo eco a la declaratoria del Municipio de El Limón, como Municipio Agroecológico en 2020, la preparatoria de El Limón comenzó a trabajar en viveros de especies nativas, casas de semillas, sistemas de captación de agua de lluvia, áreas de conservación, bioinsumos, elaboración de jabones y fertilizantes talleres de abonos orgánicos y procesos permanentes de recuperación de conocimientos locales.
El primer Encuentro de Jóvenes y Agroecología, realizado hace cuatro años en la preparatoria de El Limón, fue el punto de partida de un movimiento que hoy muestra una capacidad de convocatoria difícil de ignorar. Si en aquella ocasión en un primer encuentro participaron poco más de 300 estudiantes, en esta cuarta edición fueron más de 800 jóvenes provenientes de 16 municipios quienes se dieron cita para aprender, compartir experiencias y reflexionar sobre el futuro del campo.
El crecimiento del encuentro también revela una realidad que merece atención. A medida que la agroecología gana legitimidad social, aparecen universidades, instituciones gubernamentales, organizaciones , académicos y actores políticos interesados en vincularse al proceso. Esto puede interpretarse como una señal positiva de escalamiento, pero también como una evidencia de las limitaciones de los paradigmas dominantes que durante décadas relegaron la agroecología a los márgenes del debate académico y de las políticas públicas.
Resulta inevitable contrastar lo que ocurre en estos territorios con la agroecología que muchas veces permanece encerrada entre artículos científicos, congresos especializados y cubículos universitarios. Mientras una parte de la academia continúa debatiendo conceptos, indicadores y marcos teóricos, en comunidades como El Limón la agroecología se construye caminando el territorio, sembrando huertos, conservando semillas, organizando encuentros y generando experiencias concretas de transformación social.
No se trata de negar la importancia de la investigación ni del conocimiento científico. Se trata de reconocer que la agroecología adquiere su verdadero potencial cuando abandona el papel y se convierte en práctica colectiva cotidiana. La transformación territorial no ocurre únicamente mediante publicaciones indexadas o diagnósticos académicos; ocurre cuando las personas se organizan, cuando las escuelas se convierten en espacios vivos de aprendizaje y cuando las juventudes encuentran razones para volver a mirar el campo.
Lo que sucedió en este 4to encuentro de jóvenes y agroecología, demuestra que la agroecología práctica puede transformar el territorio con una velocidad y una profundidad que difícilmente alcanzan las propuestas construidas exclusivamente desde los escritorios universitarios. Allí, donde la educación convencional suele separar al estudiante de su realidad inmediata, la agroecología territorial vuelve a conectarlos con su comunidad, con su paisaje y con la historia de quienes han cuidado la tierra durante generaciones.
El Cuarto Encuentro de Jóvenes y Agroecología, realizado ahora en la cede regional de la preparatoria de El Grullo es prueba de ello. Más allá de los discursos institucionales y la fría solemnidad que inauguró este encuentro, el verdadero valor del evento radica en seguir creado espacios donde cientos de jóvenes pueden encontrarse, dialogar, reconocerse y construir identidad colectiva alrededor del cuidado de la tierra.
Porque la narrativa cambia cada vez que las juventudes son convocadas no solamente para escuchar conferencias, sino para convivir, intercambiar experiencias, divertirse y aprender haciendo. Cambia cuando participan en talleres, cuando manchan sus manos con tierra, cuando conocen semillas nativas, cuando recorren senderos y descubren que el campo también puede ser un espacio de innovación, creatividad y futuro.
Y es precisamente en encuentros como este donde la agroecología deja de ser un concepto para convertirse en una experiencia compartida. Una experiencia capaz de sembrar, al mismo tiempo, conciencia, comunidad y esperanza. En hora buena al director y el secretario de la prepa de El Grullo Carlos y Dario, por tener la voluntad y el atrevimiento. ¡Qué siga el 5to encuentro! Y que se realicé a campo abierto, ¿poque no? en alguna parcela agroecológica, lejos de las aulas.





