Conferencia «Rulfo y la influencia del padre Ireneo Monroy»

(Foto: Especial)

Por: Guillermo Tovar Vázquez.

San Gabriel, Jalisco. 21 de mayo de 2018. (Letra Frìa).- La noche de este viernes 18 de mayo en el ex Colegio de las Madres Josefinas en San Gabriel, Jalisco, el cronista de la arquidiócesis de Guadalajara, presbítero Tomás de Híjar Ornelas, dictó la conferencia Rulfo y la influencia del padre Ireneo Monroy, dentro del II Coloquio Internacional Voces desde el Llano. La conferencia comenzó a las 18:50 horas y se desarrolló ante unas 20 personas.

El cronista inició con una cita de Juan Rulfo en la que menciona, en una entrevista, que el párroco de San Gabriel, Ireneo Monroy, dejó su biblioteca encargada en la casa de la señora Tiburcia Arias, abuela de Rulfo, durante la guerra cristera. El contacto del niño Juan Rulfo con esta biblioteca en la que pasaba el día leyendo, según sus propias palabras, habría resultado determinante para que se aficionara a la literatura.

Entre las novedades que el padre De Híjar expuso en esta conferencia estuvo la carta que le dirigió el párroco Monroy al arzobispo de Guadalajara Francisco Orozco y Jiménez en 1924, donde le informa que tuvo que dejar San Gabriel al enterarse de que había una orden de aprehensión en su contra, antes de que estallara la guerra cristera. También le cuenta en esta carta sobre la animosidad que percibía entre las autoridades civiles hacia los sacerdotes de Tapalpa y otros pueblos de la región. Para el cronista, esta carta sería un antecedente de la situación que derivó en el ya mencionado “abandono” de su biblioteca en la casa de los Rulfo, en 1926.

El conferencista hizo una larga exposición sobre la formación académica de Juan Rulfo, de la que existe la creencia de que no influyó en su producción literaria. De Híjar mencionó que Rulfo estudió en el seminario conciliar de Guadalajara, donde fue alumno de Manuel de la Cueva, quien lo inició en la literatura formalmente, y de José de Jesús Navarro de la Torre, ambos grandes humanistas. Para el cronista, es imposible no pensar la obra de Rulfo sin tomar en cuenta la formación humanística que llevó en el seminario.

En la segunda parte de su exposición, el cronista explicó largamente la biografía del sacerdote Ireneo Monroy, basado en los documentos que obran en su expediente de vida en el archivo eclesiástico. Así, pudimos conocer de su ingreso al seminario de Guadalajara en 1888, en una época de reconstrucción llevada a cabo por el obispo Pedro Loza y Pardavé, cuando el edificio del seminario (el edificio Arroniz, actual sede administrativa de la Secretaría de Cultura de Jalisco) estaba en construcción.

Este y otros detalles, como haber sido confirmado por el obispo de San Luis Potosí, Ignacio Montes de Oca y Obregón, uno de los más importantes poetas mexicanos del siglo XIX, y el ser coetáneo del también sacerdote Alfredo R. Placencia y el haber pasado por el seminario en lo que el cronista llama una edad dorada para los estudios humanísticos, son otras tantas coincidencias que colocan al padre Monroy desde su infancia en una situación proclive a las humanidades. Su paso como sacerdote en el Santuario de Guadalupe de Guadalajara, en Tepatitlán, La Barca y, sobre todo, su prolongada estadía de casi diez años en Juchitán, Oaxaca (1908-1917) antes de llegar a la parroquia de San Gabriel, le habrían dado el temple y la formación necesarios para ser un líder social  en este pueblo del sur de Jalisco.

El padre De Híjar terminó su presentación leyendo algunos testimonios que personas cercanas al padre Monroy vertieron con motivo de su ordenación sacerdotal, donde lo describen como un joven de buen carácter y que vive como un caballero. También llamó a los sangabrielenses a solicitar al Cabildo que se imponga el nombre de Ireneo Monroy a alguna de las calles de San Gabriel, como una obra de justicia.

AJEM

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