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Día Internacional del Abrazo… pero de lejitos

(Foto: Especial)

El 21 de enero se conmemora el Día Internacional de Abrazo, un gesto que ha sido reconocido por la ciencia como increíblemente benéfico para los seres humanos. Este tipo de contacto físico no solamente nos ayuda a regularnos mental y emocionalmente, también mejora nuestra autoestima y refuerza nuestro sentido de pertenencia.

Foto: Esther Armenta

Por: Darinka Rodríguez

Autlán de Navarro, Jalisco. 22 de enero de 2022.- (Letra Fría).-

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«Las personas que saben dar abrazos entienden que el objetivo no es rodear a la otra persona con los brazos, sino acercar el corazón propio al del otro». — C. M. Cortés.

En más de una ocasión me he sorprendido a mí misma imaginando cuándo ocurrió el primer abrazo en la historia de la humanidad ¿Acaso todavía pintábamos en los muros de las cavernas? ¿Aún cazabamos mamuts? También me pregunto quién habrá sido esa primera persona en dar una abrazo, en atraer otro cuerpo al propio hasta fundirlos en uno solo ¿Qué cruzaría por su mente en ese instante?

El 21 de enero se conmemora el Día Internacional de Abrazo, un gesto que ha sido reconocido por la ciencia como increíblemente benéfico para los seres humanos. De acuerdo con Divulgación de la Ciencia UNAM, dar y/o recibir un abrazo aumenta la producción de neurotransmisores como la dopamina, que ayuda a aliviar el estrés y la tensión, y como la serotonina que eleva nuestra estado de ánimo; con esto coincide la experta en salud mental, Julieta Ponce.

«Cuando nuestra piel tiene contacto con otra piel se estimulan sensores que tenemos, los cuales detectan tanto la presión como la temperatura del cuerpo, esto lo recibe nuestro cerebro y al recibir esta información el sistema nervioso se comienza a tranquilizar, nuestra frecuencia cardiaca y presión arterial disminuyen. Empiezan a producirse neurotransmisores que nos hacen sentir tranquilos. Cuando nos abrazamos también incrementa la oxitocina, que es la hormona encargada de generar apego. Es decir, mientras abrazamos a las personas nos sentimos más vinculadas a ellas.», comparte la psicóloga Julieta Ponce.

Este tipo de contacto físico no solamente nos ayuda a regularnos mental y emocionalmente, también mejora nuestra autoestima y refuerza nuestro sentido de pertenencia; en otras palabras nos hace sentir seguros, importantes y queridos entre quienes nos rodean. Científicamente está comprobado que un abrazo ayuda a reducir el dolor, tanto físico como emocional.

Para demostrar hasta qué punto es importante esto en el desarrollo de las personas, durante el siglo pasado se hicieron muchos experimentos respecto al contacto físico. Julieta Ponce narra uno de ellos aplicado en un grupo de crías de chimpancés sin mamá. A las crías les dejaban cerca un peluche y comida; lo que observaron los científicos fue que las crías de chimpancé preferían irse a sentir contacto, aunque fuera de un peluche, sobre probar alimento.

Foto: Archivo
Foto: Especial

«De pequeños el contacto físico nos ayuda a establecer el vínculo afectivo con nuestro progenitores, que eso al final se traduce en tener apegos seguros y sanos en nuestras demás relaciones. También nos ayuda a comunicarnos con los demás, y a construir y desarrollar nuestra personalidad. Contribuye a que nuestro cerebro se desarrolle de manera sana, porque en los primeros años de vida mucho de nuestro conocimiento es por medio del tacto; conforme más sensaciones tenemos por medio de la piel, más conexiones neuronales se van desarrollando. Se ha demostrado que los niños que han crecido aislados y que no tienen contacto físico suficiente, pueden desarrollar trastornos mentales como depresión y ansiedad», añade la psicóloga.

Después de conocer todos estos beneficios mentales y emocionales resulta difícil decir que no a un abrazo. Sin embargo, este Día Internacional de Abrazo tendremos que privarnos de dar y recibir muchos de ellos. Actualmente Jalisco atraviesa la cuarta ola de contagios de COVID-19, además de la aparición de casos de la nueva variante del virus, conocida como Ómicron.

Ante un virus que se transmite a través de los fluidos que salen de la nariz o boca de una persona infectada, y que son esparcidos en pequeñas partículas líquidas que expulsa cuando tose, estornuda, habla, canta o respira, una de las principales medidas sanitarias dictadas por las instituciones de salud, fue limitar el contacto directo entre la población y en caso de tener que interactuar, mantener una distancia de mínimo un metro y medio entre cada persona; lo que conocemos ahora como «la sana distancia».

La falta de contacto físico se suma a una lista de factores derivados de la pandemia, que han impactado significativamente en la salud mental y emocional de las y los jaliscienses. El Instituto Jalisciense de Salud Mental (SALME), reportó que durante el 2020, año en el comenzó la pandemia, se registraron 26 mil 208 pacientes de consulta externa; la mayoría de ellos fueron diagnosticados con ansiedad y depresión.

«Con los niveles de estrés por el aislamiento, durante la pandemia se ha vuelto normal escuchar a las personas decir <<me siento solo>>, <<me siento triste>>, <<me siento muy irritable>>. Ante la falta de contacto físico podemos desarrollar o agudizar los síntomas de trastornos como la ansiedad y la depresión. También aumenta el cortisol, que es la hormona del estrés; esto nos hace ganar peso, nos crea problemas para dormir, etc», explica Julieta Ponce respecto a cómo ha afectado mental y emocionalmente a las personas la falta de contacto físico durante la pandemia.

Aún cuando nuestra salud mental y emocional ha sido lastimada por la pandemia, durante estos poco más de dos años conviviendo con el COVID-19, nos hemos adaptado y hemos resuelto nuestras necesidades afectivas sin necesariamente tener contacto físico al enfocarnos en otras formas de comunicación; la piel no es el único vehículo para expresar nuestras emociones.

Foto: Esther Armenta

«Para estimularnos podemos reforzar el contacto físico con las personas con las que convivimos dentro de casa; llámense hijos, padres o pareja. Podemos acariciar a nuestras mascotas, ya que se demostró que ellos no son portadores del virus. Pero también podemos dar caricias verbales o caricias escritas. Por ejemplo, podemos mandar un mensaje de texto en el que le diga a una persona lo importante que es para mí y lo mucho que la quiero. Creo que las videollamadas también han ayudado mucho a sustituir esa parte del contacto físico. Hay que valorar también las sonrisas, un gesto hermoso que podemos compartir entre nosotros, que aunque digan que no se ve porque traemos cubrebocas se nota en los ojitos cuando alguien nos sonríe», concluye la joven psicóloga.

Por último la experta en salud mental recomienda probar la meditación, e intentar imaginar la sensación de un abrazo proveniente de las personas que amamos y extrañamos ¿Y por qué no? También abrazarnos a nosotros mismos con mucha fuerza.

DR/EA

*Queda prohibida la reproducción total o parcial. El contenido es propiedad de Letra Fría.*

Egresada de la Licenciatura en Periodismo del Centro Universitario del Sur de la Universidad de Guadalajara. Colaboró como reportera para Radio Universidad de Guadalajara Ciudad Guzmán, y en el periódico mensual El Puente. Apasionada de las letras y la defensa de los Derechos Humanos.

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