Cada gato dormido esconde otro que vela.
Alberto Ruy Sánchez
Confieso aquí que cuando leo un libro tengo la costumbre de saltarme el prólogo. Lo que no puedo pasar por alto es el epígrafe, ese pequeño texto que a veces encontramos al inicio y que identificamos después del título en la parte superior de la página, alineada a la derecha y con una fuente, tamaño y estilo diferentes al resto del documento.
¿Por qué le presto atención? Porque representa un guiño; un susurro de quien escribió la obra: un aviso que me pone alerta y me prepara para la lectura; una ventana hacia otros textos y una provocación a la escritura. Como tallerista, empleo el epígrafe para crear ejercicios que detonen la creatividad. Los resultados han sido tan interesantes como variados.

Para preparar este texto, me di a la tarea de buscar su definición, a fin de gozar la aventura que supone entrar en diferentes sitios para descubrir las formas distintas en que se le describe. La Real Academia lo define como la “cita o sentencia que suele ponerse a la cabeza de una obra científica o literaria o a cada uno de sus capítulos o divisiones de otra clase”. La Academia Mexicana de la Lengua precisa, además, que un epígrafe es “generalmente una frase o cita de un autor famoso, que sugiere algo de su contenido”. Es en esa sugerencia donde radica la complicidad y el equilibrio que debe existir entre mostrar y ocultar; entre anticipar y dejarle algo a la imaginación lectora al ser utilizado en una obra.
La elección de un epígrafe requiere cuidado, puesto que funge como un homenaje a las ideas relacionadas con el texto que leemos, así, representa también una propuesta de nuevas lecturas y la posibilidad de “espiar” el librero de quien ha decidido emplear este recurso.
En el poemario El silencio del gato (2025, Ediciones Era), Alberto Ruy Sánchez ofrece diez epígrafes que van hacia distintas direcciones, épocas y géneros literarios: un poeta y dramaturgo del Siglo de Oro español; un narrador francés del siglo XIX; un narrador y un poeta estadounidenses de entre los siglos XIX y XX, así como una poeta y ensayista de la misma nacionalidad. Del siglo XX y desde Chile, Neruda; de Argentina, Borges y Olga Orozco.

El epígrafe más antiguo que ofrece este libro le corresponde a un autor alsaciano del siglo XV y conecta así un poemario del 2025 con una época y lugar muy distantes, pero unidos con el tema central: la fascinación por los gatos y su relación con la especie humana. He dejado al final de esta relación de epígrafes ofrecidos por Ruy Sánchez mi predilecto, del colombiano Darío Jaramillo Agudelo:
“Los estados de la materia son cuatro:
líquido, sólido, gaseoso y gato […].
Cuando el espíritu juega a ser materia
entonces se convierte en gato”.
Si como lectora hubiera dejado pasar de largo los diez epígrafes del libro y no me hubiera puesto a buscar nombres y fragmentos citados en internet, me habría perdido de la invitación a leer Cantos a Berenice, un poemario de Olga Orozco para honrar la memoria de una gata a la que consideraba como su tótem; el descubrimiento del Material de Lectura de Darío Jaramillo Agudelo con sus cuatro poemas titulados “Gato” en la red y el hallazgo de Jean Burden, una autora y editora estadounidense que escribió también libros sobre el cuidado de los animales y quien afirma: “un gato es un poema”, idea que comparto.
El epígrafe es, pues, una invitación a leer de forma activa, a indagar quién es la persona nombrada o en qué texto aparecen las palabras que lo conforman y cómo se relacionan con la obra. Diríamos en otros términos que en cada epígrafe hay gato encerrado. Además, es una pauta para detonar la escritura.

A ti que lees y que quizá también escribes, te propongo un ejercicio. He seleccionado cinco citas de El silencio del gato de Alberto Ruy Sánchez. Elige una. Deja que tu imaginación y tus manos hagan el trabajo de escribir un poema, una narración, un ensayo o lo que surja.
Opción 1
Aire y fuego.
Silencio danzante.
Opción 2
Como si en su cuerpo hubiera
una parte hecha de lluvia.
Opción 3
No podemos decir que aquí vivía
porque Camila era la casa
Opción 4
La sombra de tu mano
en lo que escribo
y la mía buscando
todas tus sombras.
Opción 5
La idea del ratón
en la memoria involuntaria
de su garra

Una vez que termines tu texto, escribe el epígrafe del lado derecho de la hoja, después del título, con tipo, tamaño y estilo de letra diferentes al del resto del documento. Así, harás un homenaje al poeta y a los versos que le dieron origen a tu creación.
Si quieres, comparte aquí el resultado o tu experiencia de escribir a partir de una cita de El silencio del gato de Alberto Ruy Sánchez, libro que conserva el espíritu juguetón y profundo de estos felinos y que detrás de cada epígrafe esconde una nueva invitación a la lectura.





