Si bien es cierto que el partido de MORENA es una organización política que no se salva de la crítica, representa muchos vicios que aún existen de forma siniestra en la política actual y seamos sinceras y sinceros, continúa MORENA con una partidocracia de la cual muy pocos en medios de comunicación, académica o en la sociedad civil se atreven a señalar o incluso a aceptar su existencia, como lo que es, el verdadero cáncer de “lo político” en México desde el PRI totalitario.
Sin embargo, cuando una crisis como la de los partidos llevan décadas y que la sociedad en general nunca ha encontrado un balance entre la legitimidad y el apego ideológico hacia estas organizaciones, por el simple hecho de que son negligentes en sus funciones básicas como representar o intermediar entre el Estado y la sociedad.
¿Pero qué hace que los partidos políticos sean tan poderosos en México? a tal grado de que sabemos que son el problema en el país desde hace años y aún continúan adquiriendo cada día más y más poder.
La respuesta a esta locura partidista descansa en tres aspectos específicos cuando hablamos de historia, política y elecciones en México:
1) La herencia de las primeras autoridades electorales y su falta de autonomía entre poderes del Estado.
2) La ocupación partidista sobre las autoridades electorales locales y nacionales.
3) La inexistencia de órdenes o jerarquías institucionales que signifiquen un poder superior a los propios partidos.
Las primeras instituciones
Así es, en este país, tu país, la herencia sobre las primeras instituciones electorales que fueron implementados en México no son muy viejos, incluso, puede ser posible que sean más jóvenes que la mayoría de la población de jóvenes adultos que existen en el país. Pues en 1977 se comienzan a atender las primeras necesidades de los partidos opositores para poder tener posibilidades de adquirir mayor representación parlamentaria local y nacional ante un PRI depredador y totalitario, que justo en esos años comenzaba su declive y sus próximas crisis políticas le llevarían a su caída como partido hegemónico, solo que en la actualidad esas mismas instituciones lo único que hacen es proporcionar otro partido grande, pero dominante, es decir, mismas ventajas, mismos problemas para la competitividad electoral, pero con una organización partidista autónoma a la estructura formal del Estado.
Estas primeras instituciones electorales fueron creadas en México para que pudiéramos tener acceso a distintas opciones políticas y poder democratizar un sistema controlado por el PRI desde lo formal, hasta lo informal. Ese mismo orden institucional que garantiza los criterios de representación política parlamentaria sigue existiendo en las fórmulas para designar cargos en los congresos locales y en el nacional, lo único que ha cambiado ha sido la repartición en distintos momentos políticos desde 1977, sin embargo, mono vestido de seda, mono se queda.
La ocupación de los partidos políticos sobre las autoridades electorales en el país ha existido desde que básicamente se empezaron a crear los primeros diseños institucionales de estos mismos y la lógica de esta herencia política priista sobre las autoridades electorales ha sido ocupándose, ganando elecciones. Claro, si el diseño institucional te lo otorga, si los estados de la república lo ceden y su la federación lleva más de 100 años siendo incapaz de poder otorgarle a la justicia electoral una categoría de derecho humano o definir sus atribuciones a un poder en concreto (como el judicial) ha sido un fracaso explícito de nuestra constitución de 1917, mismo documento que ya no garantiza la existencia del país.
El diseño
Es decir, ¿cómo vamos a tener justicia electoral en cualquier nivel?, si el orden jurídico de las autoridades fueron diseñadas en un inicio para que los distintos partidos que en aquellas décadas existían (tanto partidos locales como de tipo nacional) estaban con la necesidad de proteger los procesos electorales que pudieron ganar, era por eso que la autoridad electoral se desagrego por dos poderes, junto al legislativo, para proteger a las instituciones bajo la representación de gobiernos disidentes, nuevos o ajenos a los gobiernos conformados por partidos hegemónicos.
Actualmente, este diseño es obsoleto, debido a que el sistema de partidos en México castigó a otras representaciones disidentes como partidos locales, en gran parte, las primeras reformas contemplaban su figura. Además, de que se ha demostrado a lo largo de los años, que estas instituciones electorales llegan a caer al servicio de las fuerzas locales mayoritarias, llevando el mismo problema que una vez originó el PRI en todo el sistema político solo a manos más pequeñas y que cambiaran de manos cada 3 años.
¿Cuál es el motivo de seguir manejando las autoridades electorales bajo partidos mayoritarios o sus coaliciones? El pilón, ya no compiten por partidos, se compiten por proyectos de gobierno en coalición, algo que claro está no existía en 1977.
¿Se puede detener?
Finalmente, y teniendo en cuenta el origen del dopaje institucional que existe con los partidos en este país, pues, el último punto es más que obvio, ¿quién puede detenerles? La respuesta simplista es no permitirles ganar. Pero nos han demostrado que son capaces de abandonar a sus partidos para replicarlos en otros.
Hemos constatado que las autoridades funcionan bajo representación mayoritaria y que las reformas que le dieron bases a la existencia de la pluralidad en partidos ahora propició grandes coaliciones donde lejos de buscar cubrir un manto superior sobre la ciudadanía solo sirven como espacios de gestión elitista para ver que pueden ocupar de todos los espacio vacíos que le dejan los tres poderes “sagrados” del diseño institucional de nuestro Estado moderno liberal mexicano, pues a su antojo y a su discreta repartición en nombre de la representación política como autoridad, al menos eso nos diría la politóloga y socióloga Hanna Pitkin, quien es su estudio de la representación política y sus variantes, explican claramente cómo la transición en las instituciones se evita como una forma de consolidar sistemas que están ocupados por grupos políticos dominantes o influyentes que quieren de todo, excepto que las cosas cambien.
La institucionalización
¿Atenta la presidenta al INE por nombrar a algún consejero de su grupo?, no. Es México una dictadura como lo dice la momia de Héctor Aguilar Camín, no. La realidad es que el sistema electoral y de partidos en México pasa por este momento de control y sumisión gracias a una exitosa institucionalización.
El diseño que buscaba empoderar nuevas fuerzas políticas ha cumplido muy bien con sus funciones desde que se implementó en 1977, el único problema que demuestra es su impacto social el cuál se ve afectado por ser un diseño que ahora ha hecho de los partidos en estructuras intocables y que al igual que en 1977, sólo pueden ser destruidos desde la presidencia de la república como le está pasando al PT.
Las cosas no cambiaron o se fueron para abajo, todo lo contrario, funciona tan bien, que las reglas se han establecido y nos proyectan la misma realidad política que teníamos en 1977. Esto es la institucionalización de la política y su mensaje claro de que las instituciones son productos humanos, al final, todo lo humano muere y estas no tienen que ser la excepción al momento de plantearnos su extinción por algo mejor. La institucionalización, genera persistencia y lo que persiste, resiste, incluso al paso del tiempo.





