Encuentros | Amnistía como oportunidad para recuperar la memoria histórica

en Plumas

Oswaldo Ramos comparte sus reflexiones a propósito de la amnistía propuesta por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Por: Oswaldo Ramos López

Autlán de Navarro, Jalisco. 1 de octubre de 2019 (Letra Fría) La sola idea de pensar en que haya perdón o indulgencia para personas que en algún momento cometieron un delito, causa en la mayoría de la población reacciones de rechazo. Esto es comprensible dado el grado de violencia en el que nos toca vivir día a día.

Esta posibilidad se abre a través de la iniciativa de Ley de Amnistía de la que Andrés Manuel López Obrador habló en su campaña y que el pasado 17 de septiembre salió de nuevo a la luz pública una vez que fue presentada a la Cámara de Diputados como iniciativa preferente. Un tema que, sin duda, desde la primera vez que se mencionó ha estado dentro del debate público y que genera muchas dificultades para llegar a consensos, puesto que para estos casos el castigo y las políticas de “mano dura” son las que se cree deben prevalecer.  

Para encontrar respuestas podemos hacer un análisis introspectivo en el que nos daremos cuenta que nosotros o alguna persona cercana, han sido víctima de algún crimen. Es la realidad. Pero por más coraje que esto despierte, es necesario hacer un análisis desde un contexto social en el que podamos identificar qué situaciones son las detonadoras de la violencia, y después, revisar cómo funciona este redituable negocio que se hace bajo la figura del crimen organizado; quien comete un crimen muchas veces lo hace forzado por alguien más que le deja pocas opciones, delinque sin que delinquir haya formado parte de su plan de vida.

También hay que señalar que cuando escuchamos a alguien mencionar que la violencia es estructural, es porque afecta a las dinámicas sociales de distintas maneras: priva a niñas y niños de poder estudiar, les limita tener un sano esparcimiento, las calles se vuelven inseguras, la vida laboral y económica también son golpeadas y sus efectos carcomen al muchas veces nombrado tejido social, ese que es tan difícil discernir, sanar y reconstruir. Se repliega a la población y aumenta los sentimientos de desconfianza e incertidumbre hacia otras personas. Pero en este panorama gris, ¿quiénes son los “buenos” y quiénes los “malos”?

¿Qué implica la amnistía? 

La amnistía de manera general se perfila como un indulto hacia personas que han sido sujetas de alguna sentencia condenatoria, en cuyo proceso se han visto vulnerados sus Derechos Humanos  o incluso están en la cárcel sin verdaderamente merecer estarlo y en delitos no considerados como graves.

Dentro del portal web de la organización Amnistía Internacional se puede leer que “No hay gobierno libre de escrutinio. No hay situación sin esperanza”. En ese sentido, hay esperanza en que el Estado pueda hacer algo bien y dé una segunda oportunidad a quien ha robado por hambre, a mujeres que estén presas por pasar un doloroso proceso de embarazo interrumpido y a integrantes de comunidades indígenas que por falta de acompañamiento judicial vean sus días pasar entre muros y rejas.  

Amnistía sí, siempre y cuando:

  • La política esté acompañada de medidas efectivas e integrales de reintegración social.
  • Se busquen a la par medidas para tener ciudades y entornos vigilados y seguros.
  • Se atiendan las causas estructurales que generan marginación y desigualdad.
  • Poner especial atención al funcionamiento del sistema judicial para garantizar el debido proceso.
  • No se incremente la cantidad de delitos que admiten la prisión preventiva oficiosa.

La señalización, el linchamiento social y los estigmas siempre se hacen presentes para quienes cometen conductas socialmente no aceptadas o a quienes atentan contra el patrimonio de las personas; que la posibilidad de reivindicarse, ganar dinero de manera honesta y llevar alimentos a la mesa de sus hogares esté de su lado.

No necesitamos ser juristas para hacer un análisis en el que podamos cuestionar la proporcionalidad de las sentencias que tenemos en nuestro país. Muchas veces, quien roba por hambre está en la cárcel y quienes son autores de grandes fisuras en nuestro entramado social viven en libertad al cobijo de la impunidad y el silencio.

Amnistía no es una invitación a delinquir, no es una ventana más a la impunidad. Se trata de no perder de vista la memoria histórica y no seguir re victimizando a quienes en algún momento de manera injusta perdieron su derecho de vivir libres.  

LL/LL

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