Encuentros | El capricho de “Refundar”

en Plumas

Por: Oswaldo Ramos López

Autlán de Navarro, Jalisco. 17 de septiembre de 2019 (Letra Fría) A lo largo de casi todo 2018 fue común escuchar en nuestro estado la promesa de “refundación” de Jalisco por parte del Partido Movimiento Ciudadano, término que también fue slogan del proyecto encabezado por el ahora Gobernador Enrique Alfaro Ramírez.

En un principio, “refundar” parecía tener una intención de renovación institucional y de las formas de gobernar y hacer política. Sin embargo, esta idea rápidamente fue mutando hacia un fuerte slogan de campaña, secundado por la intención y casi ambición de sustituir al PRI al frente del gobierno estatal y, a la vez, hacer frente a la campaña de Morena con Carlos Lomelí, que por momentos logró hacer mella en las aspiraciones del PMC.  

Con el triunfo de Enrique Alfaro y desde que inició su mandato el 6 de diciembre de 2018, ¿qué ha representado la Refundación?

Hay que decir que se ha topado con grandes obstáculos. El primero fue de carácter institucional al ser rechazada la propuesta de sustitución del Instituto de las Mujeres por la que terminaría siendo la Secretaría de Igualdad Sustantiva entre Mujeres y Hombres.

Por su parte, asuntos como el proyecto de la presa de El Zapotillo, el incremento en la tarifa del transporte y la venta de las Villas Panamericanas, se han visto relacionados con la toma de decisiones de manera unilateral, contradicciones y después, videos o comunicados reactivos en los que el mandatario estatal explica su actuar con ausencia de autocrítica. El cinismo, hay que decirlo, también ha sido evidente, pues se ha hecho alarde de “La Refundación del Campo”, sin importar el oscuro proceso de licitación de #ATodaMáquina y los desastres ambientales ocurridos, en su mayoría, por cambios de uso de suelo irregulares para actividades agroindustriales —principalmente de plantación de aguacate— en el sur de Jalisco.

En la práctica, hablar de un proceso de “refundación” es hablar de la creación de un congreso constituyente y de un cambio radical en la esfera gubernamental, pero no puede haber cambio de régimen si las viejas prácticas permanecen intactas, deslegitimándolo todo.

Precisamente, el pasado 11 de septiembre tuvimos la noticia de que el Congreso de Jalisco abrió el camino para la conformación de un Congreso Constituyente, con lo que se da un primer paso para contar con una nueva Constitución Estatal.

Vale señalar que en este contexto dos grandes razones exponen un riesgo latente para la ciudadanía: La primera es que hasta el momento han prevalecido las deficiencias en el andamiaje institucional estatal y no se prevé como hacer funcionar las instituciones de mejor manera en un corto plazo; y la segunda, es que un proceso tan complejo como lo sería la creación de una nueva Constitución Estatal implicaría modificaciones a la legislación estatal y cambios radicales en lo institucional, con lo cual las demandas de la sociedad jalisciense estarían en un segundo plano y la respuesta a los temas que nos preocupan tendrían que postergarse. La lista de esos temas lleva en el primer renglón a la inseguridad.   

La fracción de Morena en el Congreso Local, lejos de posicionarse como oposición y con argumentos contundentes respecto a este proceso, votó a favor con cuatro de sus seis legisladores, bajo el argumento de que vigilarán que el proceso no conlleve la instalación de un constituyente a modo y que éste cumpla con su fin de resolver las problemáticas presentes en la entidad.

Es necesario ir al fondo de este proceso que siembra más dudas que certezas; por ejemplo, ¿qué clase de constituyente se conformará, siendo que 30 de las personas que lo integren serán asignadas por representantes de los poderes del Estado? No hay que perder de vista que no se parte de una demanda social, sino desde una apuesta política por parte del titular del Ejecutivo en nuestro estado.

La sociedad jalisciense demanda una revolución desde la manera de pensar y hacer política, que dignifique las instituciones y lo público, no una que termine siendo mero simbolismo.

Si Alfaro desea pasar a la historia como un Gobernador reformista, tal vez lo logre, lo cuestionable es qué tanto cambie para bien la situación del estado.

 LL/LL

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