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La FIL Guadalajara, un latigazo al pintor

"...no se vale que el gobernador Alfaro mande a sus achichincles a querer obstaculizar la celebración de la FIL, que haya ordenado el Don Señor Gobierno que no participe ningún funcionario o empleado de gobierno del estado en la feria. Qué pena y peligroso resulta para la sociedad tener un gobernante autócrata que actúa de manera agresiva e irresponsable, qué pena. Los funcionarios van de paso. En fin".

Por: Jesús D. Medina García

Guadalajara, Jalisco. 27 de noviembre de 2022. (Letra Fría) Reconocida como la feria del libro más importante del mundo de habla hispana y la segunda a nivel mundial después de la de Frankfort, es el evento que genera la mayor derrama económica en Jalisco, impulsa la cultura entre la ciudadanía, promueve la lectura y las nuevas tendencias estéticas y de pensamiento no sólo a través de las conferencias; también con coloquios, seminarios, etc.

Es atractiva no sólo para expertos ubicados en la zona metropolitana de Guadalajara, igual verás a un argentino, español, árabe, africano, norteamericano, cubano o de otro país. Pero también verás a la juventud autlense que gracias al entusiasmo de profesores llevan a sus alumnos a la FIL, experiencia que nunca olvidarán, el entusiasmo previo al día del viaje, las mamás dejándolos temprano en los camiones, las bendiciones, la expectativa.

Por todo esto y muchas, muchas cosas más no se vale que el gobernador Alfaro mande a sus achichincles a querer obstaculizar la celebración de la FIL, que haya ordenado el Don Señor Gobierno que no participe ningún funcionario o empleado de gobierno del estado en la feria. Qué pena y peligroso resulta para la sociedad tener un gobernante autócrata que actúa de manera agresiva e irresponsable, qué pena. Los funcionarios van de paso. En fin. 

La verdad es lo único que no cambia

En esta edición 2022 de la FIL tendré la fortuna de presentar mi poemario La verdad es lo único que no cambia”, cuya temática se enfoca a la vida, temores y tristezas durante la pandemia de COVID, los comentarios estarán a cargo de la destacada Doctora en Letras, Silvia Quezada. Viernes 2 de diciembre stand de la editorial de la U de G. 13:00 horas, si andan por ahí, dense una vueltita.

Anécdota Fundamental

Hace unos ayeres (1992) trabajaba en comunicación social de la U de G, era la primera vez que se efectuaba en el marco de la FIL el Premio de Periodismo Cultural «Fernando Benítez». Mi chamba consistía en esperar en el aeropuerto a los participantes, entregarles su paquete con gafete, pases para comer, programas, etc. Una vez recibido lo contactaba con su anfitrión y se iban. Y yo a esperar el siguiente vuelo. 

Recuerdo que aproximadamente como a las 11 de la mañana, llegaba el gran pintor y escultor mexicano José Luis Cuevas, todo un superstar del arte. Sí, el mismo joven terrible, psicodélico, rebelde, de intensa mirada que encabezó un movimiento estético y político contra los muralistas, pues Diego y compañía descalificaban y bloqueaban a las nuevas expresiones.

“No hay más ruta que la nuestra”, se ufanaba autocráticamente en pregonar Siqueiros.

Bueno, pues teniendo como espacio y territorio la jipiteca y pacheca Zona Rosa del entonces Distrito Federal, José Luis y otros más, llamaron a su movimiento a finales de los años cincuenta “La Generación de la Ruptura” o “La Cortina de Nopal”, del cual elaboraron un manifiesto, donde señalaban que el arte es dinámico y cambiante ,respetaban al muralismo mexicano, pero ellos eran más cosmopolitas y representaban a otra generación. 

“La Cortina de Nopal es un manifiesto publicado en 1956 por José Luis Cuevas en -México en la cultura-, suplemento cultural del periódico Novedades. En 1959, el texto también fue publicado en inglés en la Evergreen Review y sería reproducido en el libro autobiográfico Cuevas por Cuevas (1965)” 

En congruencia con su movimiento el grupo decidió que Cuevas pintara un mural en una pared ubicada en el corazón de la zona rosa, pero era un mural efímero, como nuestra existencia, como las pompas de jabón…por lo que al terminar su ejecución y en medio de risas, copas y libertad el Maestro Cuevas lo eliminó. Le echó cubetadas de pintura ante el asombro de ciudadanos y medios de comunicación ahí reunidos.

Regresando al aeropuerto de Guadalajara, el anfitrión que se le asignó a José Luis Cuevas era el entonces rector del Centro Universitario de Arte Arquitectura y Diseño ( CUAAD). Arquitecto y pintor Sergio Zepeda, conocedor por cierto, de la obra de Atanasio Monroy, incluso en una edición del premio de pintura fungió como jurado.

De la época que les comento aún no existía el concurso. En fin, ahí estábamos el arquitecto y su servidor esperando a Cuevas, en un “ stand” que se había habilitado exclusivamente para la U de G, ubicado antes de que el pasajero llegara a la sala correspondiente. 

Cuando llegó el pintor de inmediato fuimos a su encuentro, amablemente nos presentamos y nos dirigimos los tres hacia la combi universitaria como se había establecido en la logística, una vez que el invitado era “entregado” a su anfitrión , este ya era responsable de él, lo llevaba al hotel y acompañaba a las actividades que tuviesen programadas.

Yo me regresaba a mi puestito – stand a esperar al siguiente. En esas estábamos rumbo a la combi, cuando un par de sujetos elegantemente vestidos se nos emparejaron, uno de cada lado, amable y refinadamente nos saludaron, olían a loción cara , Aramis creo… sin detenernos uno de ellos me preguntó: 

-¿Cómo les fue de viaje?- Preguntaron.

-No, yo no vengo de México, aquí vamos acompañando al maestro Cuevas a la combi-, respondí.

Noté que entre ellos se voltearon a ver con rapidez. 

– Ah… eso es, pues es que tenemos una invitación para el maestro Cuevas y nos lo queremos llevar… en nuestro vehículo -, dijeron.

No bueno, entonces ya los vi con mayor atención, uno de ellos tomó del brazo al pintor y lo jaló delicadamente unos metros hablándole casi al oído. Cuevas lo miró fijamente con sus ojos azules y posteriormente nos vio a los de la U de G. Tranquilamente nos preguntó que a qué hora y en dónde específicamente tenía que estar de acuerdo con el programa.

El arquitecto Zepeda sacó el itinerario y le comunicó que su primer evento, la presentación de un catálogo era hasta las 19:00 horas.

Llegamos a la salida del aeropuerto, detrás de la combi, estaba una limusina blanca con una espectacular rubia en el asiento trasero y una botella de champagne recién destapada.

Casi atónito le dije a Cuevas: 

-Maestro, mi obligación es contactarlo con el Arquitecto Sergio quien en el vehículo oficial lo llevará a su hotel-, le dije.

Con una cautivadora sonrisa puso su mano en mi hombro al tiempo que me decía buscando mi nombre en el gafete que colgaba de mi cuello:

– Jesús… no te preocupes, estaré a tiempo para mi actividad de las 19:00 horas… arquitecto Zepeda nos vemos a esa hora sin falta-, dijo.

Y sin más decir se subió a la limusina. Sólo alcancé a ver que la chica lo recibió con un besito y una enorme y abierta sonrisa. Uno de los señores que se lo llevaron me dijo:

– Usted no se preocupe joven Jesús, todo estará bien.

Sentí que casi casi me daba una propina el cabrón. 

El arqui y yo nos quedamos con resignación al lado de nuestra humilde combi.

-Ni Pepsi, le dije, yo tengo que quedarme aquí, vaya por favor a la oficina Arqui y reporte lo que pasó- .e dije. (Aún no existían celulares). 

Por la tarde ya en la FIL, llegó el pintor Cuevas minutos antes de la hora, lucía fresco, brillante, de buen humor. Cuando me vio, abriéndose paso entre la gran cantidad de gente que ya lo esperaba, se acercó caminando lentamente con sus ojos de gato al tiempo que pausadamente me decía:

– Ya ves…Jesús.. todo bien. Mira te traje un obsequio- entregándome un videocasete ( VHS) autografiado, que contenía un documental sobre su vida y obra. Aún lo conservo con profundo agradecimiento y algo de nostalgia.

Diario, al levantarse se tomaba una foto frente al espejo. Lo hizo hasta que murió. (Foto: Especial)
(Foto: Especial)
(Foto: Especial)

Tenía una interesante columna de opinión en el Excelsior llamada: Cuevario

La Giganta
 Monumental escultura de Cuevas ubicada en el Museo José Luis Cuevas. Centro Histórico. CDMX

Con el arquitecto volví a convivir años después cuando ya habíamos creado en 1999 el Premio de Pintura «José Atanasio Monroy», y en su calidad de jurado acompañó la celebración de esa edición del concurso hoy convertido en la segunda Bienal más importante a nivel nacional en su género.

Acompañados de vino tinto en amena charla ya de madrugada comentábamos con el arquitecto aquella anécdota. 

-No pues yo también hubiera cambiado la combi por la limusina… incluyendo el regalito-, decía pícaro el buen amigo Sergio Zepeda.

– ¡Eso fue un latigazo! -, le dije festivamente empinando mi copa hasta el fondo.

Años, años después (2013) en un destartalado consultorio médico de Monterrey, mientras esperaba solo, demacrado y con poco aire en los pulmones mi turno, tomé una vieja revista y sin muchas ganas la empecé a hojear, de pronto vi un reportaje sobre una visita de Cuevas al Word Trade Center de Guadalajara, busqué la fecha y sí, era de años atrás.

Ahí estaba el maestro Cuevas con una copa en la mano rodeado de gente bonita y de billetes. Hasta el soponcio que me andaba dando se me quitó, pues de inmediato relacioné esa foto con aquella anécdota juvenil. Hasta entonces supe que al canijo lo habían invitado a inaugurar una exposición de diamantes.  ¡Hasta entonces! Lo supe 21 años después azarosamente en una lluviosa, obscura y solitaria noche de octubre en Monterrey, Nuevo León.

La rueda de la fortuna

(Foto: Especial)

El gran artista mexicano José Luis Cuevas murió en la Ciudad de México a la edad de 83 años un 3 de julio de 2017.

El arquitecto Sergio Zepeda dejaría la rectoría del CUAAD y hasta la fecha se dedica a gozar con toda libertad y plenitud de su trabajo como creador de las artes plásticas. Vive en Guadalajara. 

En 1995 al inicio del periodo de Víctor González Romero como rector general y Adolfo Espinoza de los Monteros como rector del CUCSUR, yo tenía que tomar una decisión de vida: o me quedaba en Guadalajara o me subía al galeón llamado CUCSUR. Hasta la fecha radico en Autlán. 

Y así, mientras escribo esto, 30 años después de aquella memorable FIL, justo ahora 27 de noviembre de 2022 “siendo las 12:05 ” (¡congelen el tiempo…por favor !) me surgió una duda: ¿Cómo diablos supieron los señores que se lo llevaron en qué vuelo llegaría? ¿Cómo lo supieron ? porque aparentemente no había existido contacto previo entre ellos… no lo sé y creo que nunca lo sabré. Solo sé que la verdad es lo único que no cambia. Ahí nos vemos.

Historiador y escritor. Ha publicado en diversas revistas, medios y modalidades. Es profesor investigador titular de la Universidad de Guadalajara.

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