Lo que miro desde el surco | Vacas, árboles y pasto

en Plumas

Rodolfo González reflexiona en torno al duro impacto ambiental de la ganadería a nivel mundial y de las alternativas ecológicas que se utilizan en el municipio de El Limón.

Por: Rodolfo González Figueroa

Autlán de Navarro, Jalisco. 10 de octubre de 2019. (Letra Fría) El sector pecuario, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), es el de mayor crecimiento en el mundo. Avanza sin impedimentos talando cada dos segundos lo equivalente a una cancha de fútbol.

Esto se debe principalmente al sistema que, en primer lugar, tala las selvas tropicales de manera devastadora y luego siembra monocultivos de pastos de conveniencia. De modo que primero deforestan la selva que antes servía para para capturar carbono, purificar el aire, infiltrar agua y regular el clima, y después la desecan con herbicidas implantando un pasto  que no sólo contamina sino que hace que las vacas engordadas bajo ese modelo emitan más gases perjudiciales como el metano y el óxido nitroso.

Los gases de efecto invernadero procedentes de la ganadería son más peligrosos que los del sector del transporte. Las deyecciones de los animales representan el 37% de las emisiones globales de metano, un gas de efecto invernadero 70 veces más potente y dañino que el dióxido de carbono, anunció la FAO en 2006.

En México, el 10.1% de las emisiones GEI provienen de los sistemas de producción ganaderos y el país ocupa el número 13 a nivel mundial en emisiones GEI. Esto se debe a que la producción de carne es la labor más diseminada en el medio rural, pues se realiza en todas las zonas de México y aún en condiciones ambientales adversas.

“El sector pecuario es el de crecimiento más rápido en el mundo en comparación con otros sectores agrícolas. Es el medio de subsistencia para mil 300 millones de personas en el mundo y supone el 40 por ciento de la producción agrícola mundial. Para muchos campesinos rurales en los países en desarrollo, el ganado es también una fuente de energía como fuerza de tiro y una fuente esencial de fertilizante orgánico para las cosechas”.

Además, según estudios tenemos una sociedad cada vez más carnívora; cada ciudadano de Estados Unidos come unos 117 kilos de carne al año (el promedio mundial es de alrededor de 37). En China, el consumo per cápita es de 58,5 kilos, con un total anual de 71 millones de toneladas, más del doble que el de los EE.UU. Se estima que en México el consumo anual per cápita es de 65 kilos por año, ascendiendo el año pasado casi un 4% según el Consejo Mexicano de la Carne.

Los sistemas de manejo predominantes, si bien están enclavados en zonas rurales, muchas de las veces los propietarios son grandes caquices, terratenientes y agroindustrias con miles de cabezas de ganado y sistemas de manejo muy contaminantes y de alta degradación ambiental. En tales asentamientos, la ausencia de árboles en potreros ha hecho que los suelos en esas áreas se vuelvan más vulnerables a los procesos de deterioro por erosión o compactación, disminuyendo su capacidad productiva, además de otros efectos ambientales desastrosos, lo que se agrava más cuando se extiende la ganadería a áreas o paisajes inadecuados.

Por otro lado, están los sistemas tradicionales, las pequeñas granjas campesinas indígenas con escazas cabezas de ganado que históricamente manejan su ganado de una manera más amigable con la naturaleza y con un enfoque más integral donde conviven las vacas con los árboles y el pasto. En ellas, la producción de carne y leche se destina al autoconsumo y la venta local y se realiza en praderas conservadas de vegetación nativa y zacates locales, donde se aprovechan frutos estacionales, hojarascas de leguminosas y algún complemento alimenticio hecho en la misma comunidad.

A estos sistemas y modos de manejo se les llama ahora Sistemas Silvopastoriles y se configuran como una manera de contrarrestar los impactos negativos de la ganadería en el medio ambiente. Su enfoque es más holístico, integrador. Estriba en el bienestar animal junto con la conservación de la vegetación nativa. Árboles, vacas y pasto en una misma área, donde el ganado va rotando mientras que los zacates y arbustos van retoñando. Bajo este manejo y debido a una alimentación más verde y diversa, el ganado reduce hasta un 40% las emisiones de metano y óxido nitroso. Oficialmente, los sistemas silvopastoriles son definidos como una alternativa de uso del suelo en áreas dedicadas a la producción ganadera, en la que se combina la presencia e interacción de especies leñosas (árboles y arbustos), pastos y animales bajo un sistema de manejo integral.

Es cierto que el consumo de agua y la contaminación paralela de la ganadería extensiva e intensiva es muy alto, llegando a consumir una sola vaca 18 mil litros por año y contaminando una cantidad proporcional. Con los sistemas silvopastoriles el consumo se reduce hasta un 45% y la contaminación es prácticamente nula. Además de favorecer la infiltración de agua, la captura de dióxido de carbono atmosférico y la conservación de la agrobiodiversidad.

Es mundialmente apremiante virar hacia un manejo integral del ganado tanto para reducir las emisiones y producir carne de calidad para una población demandante y cada vez más consiente ecológicamente, como para mitigar el cambio climático. Por eso y más la Asociación Ganadera Local de El Limón llevó a cabo el taller de intercambio de experiencias sobre “Ganadería Agroecológica y Sistemas Silvopastoriles en la Península de Yucatán”, facilitadas por un grupo de investigadores de la Universidad Autónoma de Yucatán. El taller fue posible gracias al financiamiento de Rainforest Alliance México-Alianza para Bosques A.C., a través del proyecto denominado Mecanismo Dedicado Específico para Pueblos Indígenas y Comunidades Locales de México (MDE).

“Se puede hacer una ganadería más rentable económicamente, más sustentable y regenerativa. Mediante los sistemas silvopastoriles se pueden disminuir los gases de efecto invernadero que emite el ganado y capturar carbono por medio de los pastos, arbustos forrajeros y árboles que tienen estos sistemas, al tiempo que se contribuye a la recuperación y mantenimiento de la cobertura forestal tan importante para la provisión de bienes y servicios ambientales. La biodiversidad en nuestros ranchos nos hace resilientes ante las alternaciones climáticas que ya se padecen en el mundo”, concluyeron los  13 participantes de este intercambio.

La ganadería no es la culpable de las emisiones. Las vacas no son las responsables sino la forma de manejo irresponsable que se ha hecho desde hace más de 40 años. Son tiempos de cambios drásticos a nivel climático pero también a nivel social hay virajes muy importantes hacia modos más sensibles de interrelacionarnos con la naturaleza.

Si la ganadería se realiza apegada a los sistemas silvopastoriles como ahora lo hacen los ganaderos del municipio de El Limón, nuestras familias estarán abriendo la posibilidad de acceder a mejor calidad de vida, con mayor viabilidad económica y de salud, así como a tranquilidad de saber que nuestras acciones cotidianas alivian la crisis ambiental y fortalecen la capacidad de resistir y sobrevivir dignamente ante escenarios climáticos cada vez más siniestros.

Los sistemas silvopastoriles en nuestro territorio son una eficaz herramienta para combatir la dependencia, generar autonomía, rehumanizar la producción pecuaria, equilibrar y armonizar la convivencia humana con los animales y las plantas. Los cuentos catastrofistas no entran en las parcelas de los ganaderos que ya emprenden acciones integrales en sus sistemas de producción.

¿Qué tal si de pronto, con el trabajo y la conciencia ambiental de los ganaderos, esas 6 mil vacas que pastorean bajo el sol en nuestro municipio lo hicieran bajo sombra?

LL/LL

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