Pepenadores en el relleno sanitario en Autlán de Navarro, Jalisco. (Foto: Esther Armenta León)

Mi vecino el relleno sanitario: El Volantín y una historia de trabajo

en Investigaciones Especiales

Hasta la década de los 90´s la población de El Volantín se sentía sola, alejada del resto de la ciudad. Cuando el basurero llegó, parecía ser obra de Dios. Al pueblo solitario llegaron las oportunidades de trabajo. Pero, ¿qué representa ser vecinos de los desechos de más de 60 mil habitantes?
Si los padecimientos del mal servicio en el tratamiento de residuos son vividos por todo Autlán, ¿qué pasa con los vecinos del relleno sanitario?

Por: Esther Armenta

Autlán de Navarro, Jalisco. 06 de julio de 2020. (Letra Fría) Cuando Dios escuchó sus plegarias, les envió el relleno sanitario. Durante años la gente de El Volantín pidió con rezos que la soledad terminara, que el abandono impuesto por 6 kilómetros de terracería desprendidos de la estatal Autlán – El Grullo que los separan de los otros, se esfumara, y Dios los escuchó.

Su respuesta sacudió la única calle del pueblo. Escucharon el paso de los camiones recolectores de basura, para ellos fue la señal de que ya no estarían solos y vendría el también anhelado progreso.

“No teníamos a nadie hace 25 años y  dije yo: “que el señor volteé para este lado porque aquí está triste… y como que Dios me escuchó”, dice una mujer mayor de 50 años que habla por todos mientras el viento de primavera mueve su cabello en presencia de otras señoras que la escuchan en medio de un corral de tierra. 

Relleno Sanitario de Autlán. (Foto: Carmen Aggi)

Los campos agrícolas que rodean a El Volantín y el pueblo mismo, son territorio de Autlán de Navarro, siempre lo han sido, pero a veces a los políticos en turno se les olvida y los dejan ahí; sin drenaje, con las fachadas de sus casas decoradas por la basura que los del aseo público, – a los que ven pasar todas las mañanas -, no levantan; pero aún con eso, las personas están agradecidas.

Vivir a menos de 3 kilómetros del relleno sanitario no es  molesto para ellos. No podría serlo porque les trajo luz eléctrica, agua potable y una vida de trabajo dedicada a hurgar en las montañas de desechos de más de 60 mil habitantes en busca de plástico, latas y cartón para vender.

El Volantín. (Foto: Esther Armenta León)

En la comunidad con 68 habitantes según cifras del INEGI, 2010,  al menos un veintenar de personas son pepenadoras en el vertedero.

– “Las señoras aquí crecieron, nacieron sus hijos y ya tienen trabajo en el basurero” termina por contar la misma mujer, mientras apunta al resto de presentes con una sonrisa que apenas y se dibuja. 

Minutos más tarde una nueva voz, también femenina, interviene para afirmar que el servicio de recolección nunca ha sido bueno, con ninguna administración, incluida la actual que encabeza Miguel Ángel Iñiguez Brambila, pero eso el alcalde ya lo sabe, los vecinos afirman que a finales de 2019 el presidente los escuchó y llevó a sus oídos promesas todavía sin resolverse. 

– “La recolección de basura está mal, esa queja ya la hicimos al presidente Miguel, dijo que les llamaría la atención a los del aseo y  quedaron de ya recoger la basura pero entró lo del carnaval en febrero, luego el COVID-19 y ya no pasó nada. Yo veo la recolección de basura igual, siempre ha estado mal”, suelta sin pausas otra habitante de El Volantín. 

Recolección de basura en El Volantín. (Foto: Esther Armenta León)

La relación fallida con la basura es una experiencia vivida por la mayoría de los autlenses radicados en la cabecera municipal, agencias y delegaciones. El 9 de noviembre de 2019, la fractura entre sociedad y gobierno quedó expuesta, los habitantes de Autlán marcharon por las calles del centro histórico en dirección a las puertas de palacio municipal para dejar dos bolsas negras con basura como símbolo del problema, gritar consignas y mover sus pancartas fluorescentes que pedían la renuncia del alcalde; pero Iñiguez Brambila sigue en el poder y la basura en las calles. 

En la marcha no hubo gente de El Volantín, pero su reclamo es muy parecido al de los autlenses que maldicen la presencia de contenedores en las calles. El discurso de desaprobación al gobierno municipal por este tema, conecta a los vecinos del relleno sanitario con el resto del pueblo de manera simbólica, pero aún con las similitudes en el habla, las diferencias materiales son impuestas por la convivencia de 62 toneladas de basura diarias a las que el resto de los autlenses no ven pasar.

Relleno sanitario, un riesgo para la salud

En Autlán se violenta la Norma Oficial Mexicana 087. (Foto: Esther Armenta León)

Una manada de perros  salvajes se aproxima entre ladridos para ahogar las voces de las mujeres que de inmediato les exigen silencio – “sssssh chuchos”- , la decena de animales que tenían como destino el basurero municipal no se callan, demostrando una vez más, que prefieren la independencia como estilo de vida. 

El Volantín y su camino de terracería se han convertido en un lugar para el abandono de perros, cuya población crece cada vez más.

– “Mucha gente va y dejan los perros a medio camino, pero se vienen de la basura. Los perros, pobrecitos, a veces se van siguiéndolos y aquí se quedan, haciendo un mugrerío de animales”- repone una voz de mujer poco después de que la manada desaparece entre la  ola de polvo que deja una camioneta que persiguen como el galgo a la liebre.

Los perros, con sus caras bonitas y sus carreras vespertinas, son evidencia de lo que ha traído el relleno sanitario a El Volantín, un riesgo para la salud, pero a sus habitantes les cuesta reconocer que además de trabajo, les acarreó problemas.

El sol está a punto de desvanecerse, son casi más de las 18:00 horas y reflexionan: “Bueno, el principal problema aquí son las infecciones (intestinales), también que no se llevan la basura y los perros”, dispone una habitante. 

A partir de la apertura del basurero, en la década de los 90’s, las enfermedades gastrointestinales tocan la puerta y cuando logran entrar, vienen acompañadas de retortijones. Sin médico que los alivie dentro de la comunidad, la vida se les vuelve más pesada al descubrir que tampoco hay transporte público que facilite el viaje hacia la cura, porque la única opción es ir a Autlán en autos particulares hasta el médico más cercano.

La inexistencia de transporte público y servicios de salud en El Volantín fue registrada por el INEGI en 2010, en su informe la dependencia puso un “No” en los espacios asignados a describir dichos servicios.

Al contar la vida de su pueblo todos comparten pero nadie quiere dar su nombre, aseguran pensar lo mismo, así que deciden que las palabras se conviertan en una sola voz; la voz que narra cómo después de instalado el relleno sanitario, vuelven a ser ignorados, pero ahora no están solos, tienen los desechos de una ciudad como compañía.

Desde hace 3 años ni un promotor de la salud los visita

El Volantín. (Foto: Esther Armenta León)

En la cabecera municipal los pobladores pueden acceder a servicios de salud privados y públicos, entre ellos los pertenecientes a la Jurisdicción Sanitaria VII con sede en Autlán, institución que durante 2019 registró 6 mil 314 personas enfermas por “Infecciones intestinales por otros organismos”. Las cifras incluyen a 19 municipios de las regiones Sierra de Amula y Costa Sur, entre ellos Autlán, ambas regiones fueron catalogadas en 2010 con  “inadecuada disposición de los residuos sólidos en la mayoría de los municipios” que “ha generado problemas ambientales de contaminación de aguas, suelos y aire”, de acuerdo con información publicada en la Propuesta de Programa Para la Prevención y Gestión Integral de Residuos Sólidos del Estado de Jalisco. 

La información de 2019, relacionada a salud fue obtenida vía transparencia y en su respuesta no se indica cuántos pacientes son autlenses y tampoco, si alguno pertenece a El Volantín.

Su malestar persiste  sin las condiciones para ser atendidos, de acuerdo con los pobladores desde hace 3 años ni un promotor de la salud los visita.

Narrar las condiciones de salud en El Volantín es una deuda de investigación pendiente, en 2018  un grupo de seis estudiantes de enfermería del Centro Universitario de la Costa Sur escribieron un protocolo de investigación titulado: “Enfermedades recurrentes en la comunidad de “El Volantín” a causa de la contaminación por el relleno sanitario, en el municipio de Autlán de Navarro, Jalisco”. En el trabajo escolar los alumnos evidenciaron la presencia de enfermedades gastrointestinales en el 20 por ciento de la población y la experiencia de enfermedades respiratorias en el 80 por ciento de los habitantes, tomando como referencia a 12 pobladores.

La investigación de los estudiantes no fue concluida y al día de hoy, no existe en la región un estudio para esclarecer el vínculo entre salud pública y desechos, pero el tema es latente; ambas enfermedades ocuparon los dos primeros lugares de morbilidad en la región sanitaria VII durante 2019, en el caso de infecciones respiratorias se documentaron 28 mil 121 personas enfermas. 

En Autlán la norma ambiental, es letra muerta

El relleno sanitario no tiene un buen manejo de los residuos. (Foto: Carmen Aggi Cabrera)

Dentro del territorio mexicano, crecer en un ambiente sano se convierte en responsabilidad del estado según lo establecido en el artículo 4° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos: “Toda persona tiene derecho a la protección de la salud”, pero el  derecho a un medio ambiente adecuado para su desarrollo y bienestar no es certeza en un país en donde  el 87 por ciento de los tiraderos de basura son a cielo abierto y solo 13 por ciento son rellenos sanitarios, de acuerdo con información de la SEMARNAT.

El 13 por ciento, al que pertenece El Volantín, no es garantía de nada. Desde noviembre de 2019, Autlán de Navarro se declaró en contingencia ambiental por el mal manejo de residuos, negando a más de 60 mil habitantes el derecho a la salud desde hace seis meses. Adicional a ello, una investigación periodística reveló en 2019 que el relleno sanitario de Autlán tiene una vida útil del 30 por ciento, cuando su proyección desde que fue reinaugurado en 2017, era de al menos 10 años con posibilidad, según el uso, de 20, pero el mal manejo del relleno disminuye este tiempo, y eso se puede constatar con una visita.

Son los habitantes de El Volantín los más próximos al relleno durante las 24 horas del día, pero no los únicos en relacionarse con este sitio. Entorno a la existencia del lugar hay trabajadores con presencia física y derechos laborales que los enlazan, de acuerdo con el “Reglamento Para La Prestación Del Servicio De Aseo Público En El Municipio De Autlán De Navarro, Jalisco”.

Recolección de basura en El Volantín. (Foto: Esther Armenta León)

El municipio tiene obligaciones.

En su primera página el documento menciona al Presidente Municipal,  Síndico, Secretario General, Dirección de Ecología, Jefatura de Inspección y Reglamentos y otros cuatro actores como responsables del cumplimiento del mismo reglamento, y pese a que los cargos están inscritos, y también sus obligaciones, desde diciembre de 2019 los ocupantes del cargo no visitan la calle de El Volantín, mientras las condiciones del relleno son cada vez más preocupantes.

A 120 kilómetros de distancia del relleno sanitario, brota la aceptación de necesitar un estudio que evidencie las afectaciones de los que interactúan con residuos urbanos, la propuesta florece en Héctor Olivares Álvarez, hombre que se define como médico por formación y salubrista por convicción.

El testimonio del médico con 30 años de experiencia, suena en Zapotlán El Grande y viaja por el viento para detenerse en el valle de Autlán, cuando su voz hace eco dice que sí, que las enfermedades parasitarias, infecciosas y crónico degenerativas son latentes en sociedades como El Volantín, que ahí la gente está más expuesta; las oraciones del médico no terminan todavía, Olivares Álvarez conversa de las repercusiones en la salud mental cuando se le cuestiona sobre enfermedades directamente relacionadas con rellenos sanitarios o tiraderos.

“Tiene que ver mucho e iniciando, con contaminación visual, que termina por ser deprimente y por generar trastornos de carácter emocional de la gente que tiene que soportar todos los días ver esos entornos en esas condiciones.”

Todavía en la llamada, el segundero en la pantalla apenas marca 5 minutos y el integrante  del Instituto Nacional de Salud Pública lamenta por vez primera que las reglas no se cumplan cuando se trata del tratamiento de desechos, asegurando que los efectos negativos en las comunidades, disminuirían si las normas oficiales mexicanas fueran respetadas.

“Los tiraderos al no cumplir los reglamentos que marca la Norma Oficial  Mexicana, pues obviamente se convierten en un verdadero repertorio de fauna nociva, ¿a qué me refiero? Ratas, cucarachas, una serie de situaciones de animales que irán a intentar de consumir y esa situación genera micro ambientes o microclimas que se convierten en automático en cuestiones de riesgo para la salud”, expone el experto.

La proporción de impactos en los que viven de su relación con la basura “no solo impactan para recolectores, porque hay mucha gente que vive de la basura y vive en condiciones precarias, sino la gente que vive alrededor y hay muchos productos que al momento de la desintegración por el sol, la lluvia y el viento, obviamente estos residuos van a ser transportados a lugares a veces inverosímiles, la situación es apremiante”, explica Héctor Olivares todavía en el altavoz.

Para cuando termine la llamada, Olivares Álvarez habrá dicho al menos 3 veces que los reglamentos en el tema son incumplidos por las autoridades sin importar el nivel de gobierno y la ubicación de los basureros, también habrá aseverado que a nivel internacional “somos un país de envidiar” por las políticas públicas relacionadas a salud, las cuales tampoco se cumplen.

– “Hay un dicho que dice: “a dios rogando y con el mazo dando”, si las instituciones públicas, si los gobiernos, municipal, estatal, federal, de cualquier nivel no cumplen con las normativas, no hacen cumplir la normativas vigentes, obviamente se convierte en un fondo de saco, es decir, puedes hacer pláticas pero al final de cuentas si no logras que se cumplan las reglas, no sirve.”

Pero, a pesar de la realidad, los lugareños no pierden la fe. Esperan la visita de las autoridades que, confían, traerán mejoras a su vida, y mientras aguardan esa esperanza, rezan a Dios para que los volteen a ver, para que los otros, quienes toman las decisiones  en edificios lejos de la basura, adornados con cantera y aromas relucientes, no los olviden y no los dejen solos, otra vez.

MA/MA

*Se autoriza su reproducción siempre y cuando se cite claramente al autor y la fuente. Se prohíbe su reproducción si es con fines comerciales.

Periodista egresada de la Licenciatura en Periodismo en el Centro Universitario del Sur de la Universidad de Guadalajara. Tiene afinidad al periodismo narrativo. Colaboradora en Letra Fría desde 2017 y reportera a partir de mayo del 2019.

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