Ilustración: Israel Aguilar

Miriam Díaz, mujer, madre y bombera | Crónica

en Área Metropolitana/Investigaciones Especiales

Crónica que narra la vida de Miriam Díaz, quien hace 13 años ingresó a la corporación de Protección Civil Bomberos Autlán y ha luchado por mantener su lugar en un ambiente predominantemente de varones. Miriam encausó su existencia a la atención de siniestros el día en que la muerte y la negligencia, quitaron la vida a un amigo y ella no supo qué hacer. Sin el conocimiento para actuar e impotencia en el pecho, se hizo una promesa; salvar vidas. Esta es su historia.

Hace calor en el centro histórico de Autlán de Navarro. La temperatura parece inmóvil, sin viento, sin variaciones en los grados Celsius que se cuelan hasta las instalaciones del palacio municipal situado en el epicentro de la localidad. Como metáfora al clima, hay sentimientos encendidos en quienes ocupan un lugar en el recinto; la referencia al fuego es insistente este día de calor, se trata de la celebración 146 a los bomberos de México y la número 18 en Autlán desde la creación del Sistema Municipal de Bomberos en enero de 2001.

El país de la guerra interminable celebra otro 22 de agosto, fecha en que Veracruz vio la formación del primer cuerpo de bomberos en el país mexica. A diferencia de 1873, este homenaje se ubica a mil 90 kilómetros de su origen, ahora está en la comunidad que roza sus límites con el océano pacífico, ubicación que le dio el nombre de Puerta de la Costa en el oeste de México.

Cuando la temperatura alcance el punto cumbre pasadas las 12 del medio día, el Director de Protección Civil y Bomberos dirá en el acto que “si quieres ser un bombero y apagar fuego, enciende primero uno; amor a la humanidad”, el mensaje es escuchado por más de 50 bomberos, entre ellos Miriam Guadalupe Díaz Benítez, la segunda bombera en unirse a la corporación.

Miriam está atenta. Cuando suene la siguiente orden, obedecerá.

Segundos atrás, el mandato puso la vida de la mujer a disposición de la patria, su lealtad quedó pactada con un saludo a la bandera mexicana ordenada por una voz de hombre. Mientras sostiene la mano como juramento, su cabello es tan fijo como la postura militar del cuerpo, los mechones largos y negros, que en otro momento casi rozan su cintura, son atados bajo la nuca y adornados con un listón que combina con el rojo uniforme de bombera que visten ella, y otras seis mujeres que repiten la imagen patriótica formada en una fila a dos columnas.

Ceremonia de abanderamiento y reconocimientos en el marco del “Día del Bombero” en Autlán. (Foto: Esther Armenta)

En torno a los pilares de cemento, se alzan, como la construcción de 1972, funcionarios públicos, militares, ciudadanos que a causa de la burocracia, y en contra de su voluntad, escuchan la conmemoración de la que esperaban las adulaciones y aplausos característicos de eventos protocolarios, pero no una alusión a la precariedad de ser apagafuegos.

“El oficio de bombero es bien visto ante la sociedad, más no es bien remunerado económicamente, pues gran parte del tiempo invertimos dinero y tiempo de calidad que quitamos a nuestras familias”, es la voz de Aldo Vargas, comandante de los homenajeados, que vibra, regida por el sonoro rugir de los tambores y las trompetas militares.

La voz deja de temblar porque ha callado, el cuero de los tambores continúa golpeado por las baquetas de madera, las trompetas de la banda de guerra se encienden; seguido de los movimientos musicales, hay pasos que rompen fila sin importar la ceremonia, son los bomberos que dejan su homenaje y van al llamado de las sirenas para atender el socorro anónimo. Ser bombero es así, un constante rompimiento de filas con los ojos cerrados hacia su destino.

Siempre somos bomberos, independientemente de nuestro estado de ánimo, de nuestra situación económica, que si nos pagan o no nos pagan. A veces nos perdemos los cumpleaños de los hijos y navidades, me contó Miriam días después de recibir un reconocimiento por su destacada labor en la comunidad.

Las palabras pronunciadas a dos días de distancia, son equivalente a lo dicho por el comandate Vargas, a excepción de la confesión que lanza Miriam sentada afuera de su casa sin el uniforme rojo y sin el clima que ahoga.

Yo pienso, en general, que las necesidades de los bomberos nunca se van a acabar, pero como mujer, hay dos cosas que no son visibles, una es el género y otra es la maternidad, ambas son trabajo de 24 horas, no dejas de ser madre, no dejas de ser bombera. Como madres no tenemos servicios médicos, ni guardería, como bomberas no tenemos equipo de trabajo adecuado, lamenta.

Ser mujer bombera entre hombres

Ceremonia de abanderamiento y reconocimientos en el marco del “Día del Bombero” en Autlán. (Foto: Esther Armenta)

Su primer día fue igual: tenía puestas botas de hombre; los pantalones holgados, la chaqueta de hombros anchos, las botas de número grande y las camisas de talla extra a las que confecciona sin problema; “las agarramos para ceñir la figura”, cuenta. Miriam sabe que entró, hace 13 años, a un lugar predominantemente ocupado por hombres, hoy la existencia de mujeres en el campo de acción es mayor, pero la distinción de necesidades en el campo laboral siguen sin reconocerse.

Visto por los ojos de Miriam, una de las principales diferencias es la vinculación de la vida de madre con el trabajo, la crianza de hijos es asignada a la figura materna casi en automático, correspondencia no reflejada en su espacio de trabajo.

– Soy mamá y no tengo guardería. Tengo una compañera embarazada y está bien, pero quién se lo va a cuidar, para mí es una de las necesidades como mujer que nos están haciendo falta porque yo ya lo viví, comparte Miriam.

En Autlán al menos 50 mujeres laboran en la base de Protección Civil, tres de ellas salen cuando la sociedad demanda el servicio de los bomberos, el resto de mujeres ocupan un lugar en áreas administrativas y de atención médica.

Ya dentro de la institución pensada para hombres, continúan los retos;  sobrellevar el machismo disfrazado de amabilidad forma parte de la lista. Las manos de los varones marca el límite de las mujeres con el brazo que se extiende y dice “ustedes hasta aquí porque es peligroso”, no faltan palabras y se exceden los hechos para definir a las bomberas como débiles. Miriam lo percibe como un gesto de afecto, tocando la delgada línea entre afecto y afectación.

Con desigualdades marcadas, Miriam piensa que las necesidades no son exclusivas de las bomberas, hay carencias compartidas entre hombres y mujeres, principalmente las que tratan de actualizar al personal. “El que quiere actualizarse lo paga de su bolsillo”, relata la mujer que en sus bolsillos guarda el dinero justo para sobrevivir, eso dice al declarar que su salario se debate entre “pago la renta o pago la actualización”.

Los honorarios quincenales en Protección Civil entre directivos y bomberos, van de  3 mil 404 a 8 mil 906 pesos quincenales, de acuerdo con la segunda nómina de agosto de 2019 reportada en la página del Gobierno Municipal de Autlán, en la que aparecen 5 mujeres de 40 trabajadores; sólo 2 de ellas ocupan un lugar como bomberas. En el caso de Miriam, ella prefiere omitir la cantidad que percibe, pero acepta es insuficiente por los servicios ofrecidos que muchas veces no corresponden a su área.

Las monedas son exactas para los bomberos en Autlán, pero no seguras, 51 días previos al día nacional del bombero, estos trabajaban bajo protesta. En una lona, la incertidumbre y descontento con el Gobierno Municipal por falta de pagos se exhibía frente al palacio municipal.  El 02 de julio comenzaron las negociaciones en beneficio de 30 bomberos, el ayuntamiento de Autlán prometió pagar cada centavo.

Lo que ahora presencia Miriam es la reproducción de la historia de otras mujeres también bomberas, como lo vivido por Enriqueta Reyes en la década de los 50s.  De origen cubano, Enriqueta fue la primera mujer en ocupar el casco de bombero hasta ese momento diseñado para varones en toda América Latina.

De la inmersión de la cubana, se vino en cascada la incorporación de más mujeres en los cuerpos de bomberos de América Latina. La lista, cada vez más larga, es  evidenciada en la web cuando se busca el nombre y la fecha de incorporación de las mujeres en países como Chile, Argentina, El Salvador, Venezuela y México.

Cada una tiene su historia marcada por el antes y después de ser bombera, en particular Miriam encausó su existencia a la atención de siniestros el día en que la muerte y la negligencia, quitaron la vida a un amigo y ella no supo qué hacer. Sin el conocimiento para actuar e impotencia en el pecho, se hizo una promesa; salvar vidas.

Apagar fuegos en casa

Ceremonia de abanderamiento y reconocimientos en el marco del “Día del Bombero” en Autlán. (Foto: Esther Armenta)

Dijo que hoy no tiene guardia, que podemos vernos en su casa. Miriam da las indicaciones vía telefónica para encontrar el domicilio, al llegar,  recibe con una sonrisa que de inmediato hace sentir confianza.

Te dije que era más fácil por esta calle. Vente. Pásate. No está mi hija, ella es mi sobrina, dice a la reportera.

La conversación transcurre afuera del domicilio, el interior es muy oscuro para grabar el vídeo de más de 20 minutos en que cuenta su historia como profesional de los desastres. Antes de comenzar, dice que este es su barrio, del que nunca debió irse y al que ya volvió porque es su hogar y para ella el hogar, la familia, son invaluables.

Ya en REC y todavía a las afueras de su casa, la sonrisa fácil y las mejillas morenas de Miriam hablan de nuevo del amor, esta vez se refiere a su trabajo como bombera del que menciona “a la mejor no soy la mejor bombero, pero lo poquito que yo haga será lo mejor, si me toca barrer el patio será el patio mejor barrido porque me gusta lo que hago”.

Sigue hablando, las palabras fluyen de la misma forma en que lo hace su pasión laboral, porque Miriam tiene el don de la palabra tan arraigado como el de portar el casco característico de los bomberos; su hablar, como su trabajo, no conocen límites, lo dejó claro cuando la vi por primera vez y pregunté su nombre, “soy  la mamá de Luna, así me conocen en la base, así pregunta”.

A Miriam la nombran de ese modo por ser madre de la niña de ahora 12 años de edad que antes de nacer ya vivía entre ambulancias y sirenas. Luego del parto, su madre continúo como bombera, “entre mi trabajo y mi familia, no sabría a quien elegir”. Sus acciones indican que elige ambos, en el transcurso de esta charla la mujer de 39 años se coordina con su padre, quien aparece de pronto a mitad de la calle montado en una bicicleta, ella lo saluda y le pide que lleve a su sobrina, una niña menor a 10 años, a las clases de ballet, Miriam promete alcanzarlos enseguida.

En este instante actúa como miembro de una familia. Cubierto su cuerpo con un vestido a rayas, Miriam es tía, hija, hermana y madre, pero también es bombera, aunque su calzado diga lo contrario por tener huaraches en los pies.

El atuendo deja de importar cuando ser bombera es tener el traje adherido a sí misma, como un estilo de vida; el casco espera en la base, el uniforme está en la canasta de ropa sucia, pero el instinto sigue vestido para auxiliar.

Portar el uniforme por debajo de la piel tiene su propio peso, dejar la casa y la vida personal de forma inesperada. La mamá de Luna desarrolló habilidades para encontrar el equilibrio, comprendió que las satisfacciones implican mayor esfuerzo.

Heroína anónima

Ceremonia de abanderamiento y reconocimientos en el marco del “Día del Bombero” en Autlán. (Foto: Esther Armenta)

Las situaciones controladas por el trabajo de Miriam no son suficientes para lograr que ascienda de puesto, los intereses políticos son latentes en la Coordinación de Protección Civil y Bomberos de Autlán de Navarro, por lo cual fue retirada de su cargo en más de una ocasión sin permitirle generar antigüedad que eleve su puesto. La primera vez que ella se encontró en esta situación, afirma fue destituida del puesto por tener una relación estrecha con el entonces encargado de la coordinación, despido que dejó sin trabajo a Miriam.

La sonrisa de Miriam es firme, como su saludo al símbolo patrio, cuando dice que quiere ser inspiración para otros miembros de su familia, conoce casos en que papá, hijo y nieto son bomberos. Ella es la primera mujer bombera en casa, pero identifica historias en las que se contagia la pasión, como si transmitir el amor por su trabajo fuese requisito único para ejercer el oficio de héroe. La realidad a veces le da razón, cuando la pasión es suficiente para salvar vidas en la región Sierra de Amula.

La siguiente orden suena y Miriam obedece, su mano y su cuerpo quedan firmes el resto de la ceremonia en que se habla de la valentía y honor de homenajear al cuerpo de bomberos de Autlán, la misma que omite, desde la voz de las autoridades, la inexistente igualdad, salarios injustos e insuficientes para asegurar la capacitación continúa de los bomberos y una calidad de vida digna.

MA/MA

Periodista egresada de la Licenciatura en Periodismo en el Centro Universitario del Sur de la Universidad de Guadalajara. Tiene afinidad al periodismo narrativo. Colaboradora en Letra Fría desde 2017 y reportera a partir de mayo del 2019.

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