[Imagen: Letra Fría]

Realidad alterna | El ascenso y caída de un gobernador

en Plumas

En esta ocasión, Lulú Cano habla del impacto político de las manifestaciones y los hechos violentos suscitados en la capital del Estado, así como de las consecuencias negativas para la campaña política de Enrique Alfaro, en miras de las elecciones del 2024.


Por: Lourdes Cano Vázquez

Autlán de Navarro, Jalisco. 10 de junio de 2020. (Letra Fría) Todo empieza por una aspiración. Creer que se tiene el capital político después de salir avante de una contienda electoral muy reñida en 2012 y una segunda en 2018, puede llevar a cualquiera a pensar que el músculo alcanza para la presidencial en 2024; eso sí, con mucho por hacer.

Superado el primer peldaño, empieza la construcción, que a decir verdad, ya tiene cimientos desde hace tiempo. Las ya muy conocidas empresas de comunicación social han sido el aliado estratégico que posicionó al gobernador Alfaro, desde Tlajomulco en el lejano 2009 hasta Palacio de Gobierno.

Esa fue la construcción de un político enérgico, difícil pero determinado que nos vendieron como la mejor opción y que la ciudadanía compró. El siguiente paso era pavimentar el camino a 2024; en un país tan polarizado es relativamente  sencillo: apostar por el electorado anti-AMLO e ir por todos aquellos que en su momento votaron por la 4T y ahora ya no están tan convencidos de haber elegido bien.

Con una oposición que adolece de líderes, hacer frente a la pandemia desafiando al gobierno federal era el golpe mediático y de autoridad perfecto para ponerse en el mapa.

En medio de todo el ruido provocado por el virus, el gobernador apareció en un video de una campaña denominada “Jalisco no se raja”, con una bonita interpretación de la canción “Ay Jalisco no te rajes. El video tiene todo el sello de comunicación social del gobierno del Estado, pero promocionarlo desde las vías oficiales estaba en el margen de la legislación electoral, así que se difundió tímidamente en cuentas personales.

Después, adelantar las medidas de mitigación de la epidemia, actuar antes que el gobierno federal, confrontar al personaje del momento, López-Gatell y así dar otro golpe mediático: “el gobernador de Jalisco si actúa, a diferencia del presidente que no hace nada ante el virus”. Todo iba muy bien hasta que unos policías de Ixtlahuacán detuvieron a Giovanni, quien apareció muerto el día siguiente en el hospital civil de Guadalajara. El gobernador no contaba con eso, no lo vio venir.

¿Alfaro es culpable de que policías municipales hayan matado a un ciudadano abusando de su autoridad? No directamente, pero tiene responsabilidad; incluso cuando hay quienes lo culpan por imponer el uso de cubrebocas obligatorio y señalar que se actuaría “con todo el peso de la ley” en contra de aquellos ciudadanos que no acataran las medidas sanitarias, él no es culpable de la brutalidad policíaca de los elementos, que a estas alturas no tienen idea de lo que es la aplicación de los derechos humanos.

De lo que sí es culpable es de la omisión  ante la muerte de Giovanni; una vez que estuvo enterado, debió actuar,  tanto él señalando lo sucedido, como la Fiscalía Estatal investigando y consignando a los responsables, cosa que un mes después no había sucedido.

Quizás, no lo sé, en el ejecutivo pensaron que si el caso no trascendía, era mejor dejarlo así que asumir el costo político de reconocer una muerte por abuso policial, del que si bien no eran directamente responsables, sí tendría un efecto negativo a la administración de Alfaro, quien ya era reconocido por su intervención ante la pandemia en el Estado, situación que —no olvidemos— ya lo tenía figurando en la escena política nacional.

Lo demás es historia; evidentemente Morena no iba a dejar pasar la oportunidad de pegarle al adversario; fue más costoso que le cobraran el error a Alfaro a que él mismo asumiera su responsabilidad a tiempo, pero el hubiera no existe.

La semana pasada, Guadalajara volvió al México de los años 70, con las detenciones arbitrarias, los policías armados con bates en la mano, amedrentando gente, un par de días muy oscuros para Jalisco. El precio se volvió demasiado alto; no solo el éxito en mitigación de la epidemia quedó en el olvido, también una potencial campaña presidencial, la aspiración quedó hecha cenizas.

LL/LL

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