Sembrando esperanza por una infancia sin plaguicidas 

Los químicos utilizados para cultivar alimentos y producir “comida” super procesada están matando a más personas que la guerra del narco. Las afectaciones a la salud relacionadas con los agroquímicos junto con la comida procesada producida por las mismas corporaciones enferman a cada vez más personas en el mundo, en el país y en nuestra región y, de paso, están enfermando los suelos que nos sostienen, las aguas que bebemos y los vientos que respiramos.

Niños y niñas en la parcela escolar de El Mentidero. (Foto: Vianney Martínez Pérez)

Rodolfo González Figueroa |  K. Julieta Herrera Moreno

«La tierra como nuestra madre, como nuestro orgullo, sustento y alimento. Como libertad y permanencia, mercancía y negocio. La tierra que es de nadie y de todos. La tierra como organismo vivo que late y respira. La tierra como material inerte. La tierra como unión y conflicto. La tierra como polvo de estrellas. La tierra como mi cuerpo y forma. La tierra soy yo»

El Mentidero, Jalisco. 30 de noviembre de 2022. (Letra Fría).- Las incertidumbres climáticas y existenciales nos acechan constantemente. Por un lado, están las falsas necesidades que los medios de comunicación inyectan a la sociedad con mercadotecnia financiada por corporaciones del lucro y del acaparamiento, por otro, los miedos y vacíos que el humano crea en su mente como resultado de una herencia cultural o bien, configuradas por un sistema de creencias alejado del sentido común. Miedos e incertidumbres hacia algo superior, exógeno, ajeno al control humano que gobierna nuestro vivir y dirige el futuro común hacia posibilidades poco viables. 

Sin embargo, hay una realidad muy grave a la que aún no le construimos un miedo y temor general y ésta es el uso de pesticidas asociado al modelo agroindustrial de producción. Los químicos utilizados para cultivar alimentos y producir “comida” super procesada están matando a más personas que la guerra del narco. Las afectaciones a la salud relacionadas con los agroquímicos junto con la comida procesada producida por las mismas corporaciones enferman a cada vez más personas en el mundo, en el país y en nuestra región y, de paso, están enfermando los suelos que nos sostienen, las aguas que bebemos y los vientos que respiramos.

La alimentación se ha convertido en un negocio sucio tomado por empresas que lo último que les importa es nutrir y proteger la vida, sino todo lo contrario: lo que importa es la productividad (ton/ha), la ganancia ($), el consumo y la dependencia en todos los sentidos.

No es para menos, a lo anterior sí deberíamos construirle un miedo general y despertar temor. Gritar a viva voz y sin filtros que los plaguicidas utilizados en la agricultura matan, enferman, contaminan, transtornan e incluso modifican nuestro código genético, afectando así no solo a la presente humanidad, sino a las futuras generaciones.

La infancia es la más amenazada y vulnerable a los plaguicidas utilizados no sólo en la agricultura, también a nivel doméstico. Hay un aumento cada vez más alarmante de la enfermedad daño renal crónico, sobre la que existen evidencias que puede estar relacionadas con la exposición a los plaguicidas de los trabajadores que los aplican y de los habitantes, rurales y urbanos, que están cercanos a los campos cultivados con estas sustancias tóxicas.

Por otra parte, existen deficiencias nutricionales pavorosas en las niñas y niños, a pesar de alimentarse todos los días tres veces. Hay alteraciones neurocognitivas en nuestras hijas e hijos a pesar de que vivan en el campo. Las aguas del subsuelo que se utilizan para riego y para dotar de agua potable a las casas de muchos poblados y ciudades están cada día más contaminadas por plaguicidas y por nitritos, que son sustancias peligrosas para la salud que vienen con los fertilizantes agrícolas.

Plaguicidas y nitritos se filtran con el agua de las lluvias al subsuelo y contaminan los mantos freáticos.

Por otra parte, hay una pésima calidad del aire, en temporada de la zafra del monocultivo de caña de azúcar el aire se satura de partículas suspendidas que nos daña los pulmones peor que si habitáramos en la capital del Estado. 

Lo anterior, no es una incertidumbre, es una certeza que amenaza directamente la salud social y  ecosistémica. La inminente verdad de los plaguicidas y el modelo agroindustrial sale a flote todos los días. Urge reconfigurar nuestro atrofiado sistema alimentario que ha desequilibrado ya no sólo al ecosistema, también las relaciones sociales, la salud, la dinámica cultural y de paso ha erosionado suelos, conocimientos, memorias y hasta los genes. 

Una propuesta para resarcir y replantear otros modos se enmarca en un proyecto nacional estratégico denominado; Reconfiguración Agroecológica, Alimentaria y de Salud para revertir un posible daño renal ocasionado por plaguicidas en las niñas y niños de El Mentidero y Agua Caliente. En tal proyecto, participan universidades como la de Guadalajara, el Colegio de Michoacán y el CIESAS financiadas por el CONACYT. Además, se involucran asociaciones civiles de la región, colectivos y dos juntas intermunicipales así como centros de investigación independientes. 
Parcela escolar de El Mentidero. (Foto: Darinka Rodríguez)

El atinado proyecto, interdisciplinario, analiza con trabajo minucioso de expertos los daños ocasionados por plaguicidas en las y los niños a nivel renal, neurocognitivo y de nutrición. Por otra parte, acompaña procesos de campo para instalar huertos escolares en las instituciones educativas para tener producción de alimentos orgánicos destinados a los comedores escolares y demostrar como, una vez que las y los niños se alimentan con productos orgánicos, su salud comienza a mejorar. Además busca motivar los procesos de transición agroecológica en la región, fortalecer los existentes, establecer por medio de talleres, intercambios, escuelas de campo, recorridos, etc predios demostrativos de producción agroecológica de la mano de las y los productores locales. 

Al momento, la comunidad de El Mentidero cuenta con diversos espacios de transformación de prácticas agroecológicas:  3 huertos escolares, 3 huertos medicinales, un pequeño invernadero de producción de plántulas y una parcela escolar perimetrada con árboles frutales y sembrada con sistema Milpa de maíces nativos donde las y los niños acuden constantemente para aprender, convivir y sensibilizarse respecto al cuidado del suelo y la importancia de la agrobiodiversidad.

Se han realizado talleres de producción de abonos orgánicos, de producción de huevo de corral, análisis de suelo con la técnica de cromatografía, 3 talleres de salud y alimentación con mujeres, química en el huerto, pedagogías para la vida, la currícula escolar y el huerto, educación ambiental, así como un curso de verano agroecológico de 8 días con la presencia de 40 niñas y niños de la comunidad de 4 a 12 años .

Por otro lado, en el huerto de la telesecundaria, cada semana se comparten talleres prácticos con los estudiantes, dónde ya han cosechado lechugas, camote, maíz, pepino, cilantro, rábano, calabacitas, flores, acelgas y ejotes, entre otros cultivos. Han aprendido cómo sembrar sin la necesidad de usar agroquímicos, cómo analizar y mejorar el suelo y han manifestado el interés en seguir aprendiendo más.

(Foto: Darinka Rodríguez)

Paralelamente, se han entregado resultados de análisis de orina de las niñas y niños, el diagnóstico de acuerdo al peso y su talla, así como los análisis de la calidad del agua en la región. Todos con resultados que evidencían la necesiddad de un cambio.

Se inició una escuela de campo para ganaderos y productores y en estos momentos se están realizando las primeras acciones para instalar un sistema de riego en la parcela escolar para comenzar a sembrar diversas hortalizas destinadas a los comedores escolares donde se espera la participación de las niñas y niños, pero también de sus padres, madres y la comunidad. 

La política pública agropecuaria del país intenta motivar las transiciones agroecológicas, como el decreto presidencial para la eliminación gradual del Glifosato en la agricultura Mexicana y el programa de producción para el bienestar que busca detonar las producción agroecológica diversa por medio de escuelas de campo y parcelas demostrativas, talleres e intercambios. 

Ya no se puede permitir más una agricultura tóxica que irónicamente no está aportando alimentos a la población, sino que busca la producción de mercancías para la exportación. La vocación agrícola del valle El Grullo-Autlán-El Limón nos evidencía que la diversidad será la que nos brinde seguridad. Ante los escenarios climáticos catastróficos que nos muestran los medios oficiales, la agricultura diversa a pequeña escala hecha por la familia y la comunidad sigue demostrando mayor adaptación y resiliencia.

No es posible hoy en día concebir otra vía más que la Agroecología.

Volver a sentir la tierra junto con nuestras hijas e hijos nos brinda la posibilidad de reconectarnos con lo esencial. Replantearnos los modos cómo se produce la comida es apremiante. Cuando se manejan los suelos de manera respetuosa, con abonos orgánicos y diversidad de cultivos hay una claridad irrefutable,  estos mejoran, junto con la calidad de los alimentos y por ende mejora la salud y vida de quienes los consumen. 

Ante un contexto de enfermedad, desequilibrios y miedos, nuestra alternativa y camino es recuperar la salud y esperanza.  Llenar de diversidad a las parcelas, los patios, los lotes, los solares, los coamiles. Llevar a nuestros hijos a estos espacios es un complemento educativo poderoso. No es lo mismo conocer la vida de las plantas en un esquema en el aula que tocarla, olerla, verla crecer. Las nuevas generaciones están desconectadas de su territorio y la naturaleza que los rodea, en la medida que volvamos junto con las infancias a la tierra estaremos construyendo generaciones más sensibles, conscientes y sanas.

Y los miedos y las incertidumbres se transformarán en seguridad, salud y claridad.

Por una infancia sin plaguicidas.

Neocampesino de la nueva masculinidad, Ingeniero en Recursos Naturales y Agropecuarios (IRNA, por el Centro Universitario de la Costa Sur de la Universidad de Guadalajara. Maestro en Agroecología, Cultura y Desarrollo Endógeno Sostenible por la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), Centro Universitario Agroecología Universidad Cochabamba (AGRUCO,) en Bolivia. Asesor, acompañante y tejedor de procesos agroecológicos desacademizados con perspectiva de género y descolonización epistémica.
Pedagogo popular, amo de casa con paternidad responsable, jornalero, peón de albañil y asistente técnico bioconstructor. Borracho, poeta y loco. Ocioso por el puro placer, intento de deportista. Estudiante de la especialidad en Soberanías Alimentarias y Gestión de Incidencia Local Estratégica. Fracasador constante exitóso en rebeldía.
Correo: rodorganico@hotmail.com

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