Agenda ciudadana | En busca de la salud pública

en Plumas

David Chávez Camacho nos presenta su columna de este lunes, a propósito del sistema de salud y el comportamiento del sector privado durante la pandemia.

Por: David Chávez Camacho

Autlán de Navarro, Jalisco. 20 de abril de 2020. (Letra Fría) La coronacrisis tiene un aspecto positivo, por decirlo de alguna manera. Es una crisis sanitaria que igual afecta al pobre que al rico. De hecho, como se recordará, primero afectó a “los acomodados”, esa gente que va a Vail, Colorado, a esquiar y a ser contagiada del virus de mucho mundo. Es también, según dicen los médicos, un asunto de vida o muerte. Entonces, se deduce que somos como sociedad algo muy parecido a un solo organismo.

En una situación tal, uno se pregunta si hace falta un nuevo pensamiento ideológico. Pero, para qué darle vueltas, si lo único faltante es la decencia. La decencia, sí, y un mínimo de sentido común, para reconocer que la salud no puede ser abandonada en la frivolidad existencial del mercado y de los mercaderes.

Por supuesto, habrá quien siempre desee un servicio hospitalario privado que incluya mesero, que los hay aunque usted no lo crea. Pues, depende del bolsillo que se tenga. Sin embargo, no todos somos tan bobos. Hablamos de la salud personal, familiar, comunitaria, social.

El problema se vive y es sufrimiento, un sistema de salud pública desmantelado y vaciado de recursos, despreciado por aquellos que pensaron que también la salud debía ser regida no por la eficiencia, sino por la aspiración de los negocios. Y en eso convirtieron a la salud pública, en un jugoso mal negocio, el de la corrupción, y en proveedora de clientes para los hospitales privados en los que el papel sanitario cotiza muy alto, ya no digamos el algodón.

El desprecio de décadas alcanzó al personal de la salud pública, el primer y último eslabón de un servicio que sólo por ellas y ellos conserva extraordinariamente su carácter humanitario. A los empleados del sector salud, servidores públicos, se les ha tratado mal, han sido ninguneados laboralmente porque ponen el mal ejemplo de servir a la comunidad. Y son ellos quienes realizan lo más importante en materia de salud; la prevención, que obviamente no es negocio para el sector privado.

Escribo esta columna cuando salta a redes sociales el escándalo generado por TV Azteca y su lector de noticias estrella, Javier Alatorre, quien recomendó a sus televidentes no hacer caso a Hugo López-Gatell, nada menos que subsecretario de Salud en México, en plena epidemia de COVID-19. Es, por supuesto, un comportamiento periodístico injustificable profesional y éticamente. Es además un comportamiento criminal.

En oídos de muchas personas carentes de elementos de análisis, lo que Alatorre dijo podría significar que no hay que lavarse las manos, conservar la sana distancia ni quedarse en casa, por referir algunos exhortos preventivos que López-Gatell ha reiterado.

Regreso al segundo párrafo de esta columna, y lo repito: en una situación tal, uno se pregunta si hace falta un nuevo pensamiento ideológico. Pero, para qué darle vueltas, si lo único faltante es la decencia. La decencia, sí, y un mínimo de sentido común, para reconocer que la salud no puede ser abandonada en la frivolidad existencial del mercado y de los mercaderes.

LL/LL

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