Agenda ciudadana | Las luchas ciudadanas

Este lunes, David Chávez Camacho invita a la población en no convertir las diferencias de opinión en discursos de odio, que defienden más a los partidos políticos que a los propios ideales.

Por: David Chávez Camacho

Autlán de Navarro, Jalisco. 22 de junio de 2020. (Letra Fría) La conformación gubernamental derivada de las pasadas elecciones, con los distintos partidos políticos que pudieron llegar o conservar el ejercicio del poder público en el país en los diversos estados y municipios, así como en los tres poderes y los tres órdenes de gobierno, ha generado una polarización ideológica.

Anteriores elecciones habían provocado polarizaciones similares, pero más partidistas que ideológicas. Y es que partidos como el PRI y el PAN llegaron a mimetizarse o confundirse tanto que hubo un momento en el que fue casi imposible distinguirlos ideológicamente.

Eso ocurrió porque el PRI renunció lastimosamente a su ideario histórico, que si bien era revisable, le permitía diferenciarse y presentarse como heredero de la Revolución Mexicana, un gran partido por su tamaño y por su capacidad de dar cabida a prácticamente todas las corrientes políticas y sectores sociales.

Sin embargo, debido al posicionamiento del neoliberalismo, el PRI y su práctica de partido casi único, un partido de Estado, una especie de sistema político en sí, fue visto por los nuevos grupos de poder como un bazar político e ideológico de antigüedades. ¿Para qué necesitaban un partido de masas que les requería de hacer política, si lo que buscaban era hacer sólo negocios?

A esos políticos, más tecnócratas y gerentes que realmente políticos, un partido como el PRI les pareció como un Titanic. Y, claro, aún hoy el PRI permanece en hundimiento, mientras algunos de sus nostálgicos miembros aún tocan valses, como la orquesta distraída o románticamente mártir de aquel barco que fue presumido como inhundible.

Los políticos panistas tuvieron también su oportunidad de ejercer el poder público casi a solas, no renunciaron a sus principios conservadores, pero optaron simplemente por no respetarlos. El PAN conserva sus relatos ideológicos, nunca los lanzaron al cesto de la basura histórica, como sí hicieron los priistas.

En realidad, todos los partidos fueron vistos y usados como simples franquicias legales para llegar al poder público, igual lo que quedó del PRI que el PAN, el PRD, el Verde Ecologista o este y aquel. Así fue hasta que a Andrés Manuel López Obrador se le ocurrió crear MORENA, yendo al bazar ideológico y haciendo suyo el discurso que el PRI abandonó como quien cambia de muebles domésticos.

Volvieron conceptos que ya nadie usaba: Revolución Mexicana, Patria, Soberanía, Pueblo, etcétera, etcétera.  Y con tal vuelta a la opinión pública volvió la polarización ideológica, que es natural a la política partidista, pero que genera un efecto indeseable en la población, el del discurso de odio en lugar de la diversidad de opinión.

Las y los ciudadanos harían bien en distinguir los intereses generales de los intereses partidistas, dejar de pelear en nombre de un gobernante u otro, como si fuese un deporte nacional. Lamentablemente, esto sólo nos divide, pues tales adversarios simulados que son los políticos nos meten a los ciudadanos en una dinámica de lucha por personajes fantasmales.

La lucha de las y los ciudadanos es la de sus intereses vitales, de su entorno, de servicios públicos, de salud, de educación… de su libertad. En comparación con estos intereses personales y comunitarios, los personajes políticos de partidos y de gobiernos no son nada.

LL/LL

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