Agenda ciudadana | Un futuro sin futuro

Esta semana, David Chávez Camacho habla con dureza sobre la campaña política de Pedro Kumamoto y el proceso de formación del partido político Futuro.

Por: David Chávez Camacho

Autlán de Navarro, Jalisco. 23 de diciembre de 2019. (Letra Fría) El fenómeno Kumamoto en el Distrito 10, bastión panista, tuvo sus días de gloria, pero más temprano que tarde se reveló como lo que siempre fue: una puesta en escena.

Pedro Kumamoto es un joven inteligente y hábil, carismático. Educado en el ITESO, universidad privada en la que fue dirigente estudiantil, se graduó como licenciado en Gestión Cultural. Y si algo saben los gestores culturales es escenificar.

¿Y cuál fue la puesta en escena? Independencia. Lo hizo tras una lectura muy pertinente en 2015, cuando los partidos políticos de siempre estaban en uno de sus peores momentos, con un descrédito que sólo las dirigencias partidistas no veían, aún encaramados en sus prerrogativas con presupuesto público, sus privilegios.

Sin embargo, Kumamoto no era ni es tan independiente como supo aparentar, apoyado sobre todo por sectores panistas arraigados en su distrito electoral, y sobre la universidad de la que egresó, institución que supo convertirse en un grupo de presión política importante en Jalisco.

Toda escenificación es teatral, se cubre de máscaras, simula, y cuando es verosímil resulta convincente, persuasiva. Eso fue lo que logró Kumamoto, no sin trabajo de puerta en puerta, como un vendedor al cambaceo, y tampoco sin un grado de falsedad que sólo los incautos nunca vieron. Así ganó una curul en el Congreso del Estado y saltó a la fama como “independiente”.

Ya como diputado, el chamaco chamaqueó incluso a políticos profesionales, quienes, patéticos en su ingenuidad, le apoyaron en la falaz idea de dejar sin financiamiento a los partidos políticos, en nombre de su dizque independencia. Le apoyaron entrampándose a sí mismos. Y él seguramente reía.

Por supuesto, Kumamoto era un buen producto del Distrito 10, hablando a sus similares de ciclovías y paseos a lo Noruega, pero era obvio que nada hubiera podido lograr en un distrito socioeconómicamente distinto, uno habitado de familias obreras o campesinas o de plano marginadas, que las hay y son mayoría.

Se dijo que Kumamoto venció a los partidos y con mínimos recursos financieros. Pero es un mito. Los partidos se vencieron a sí mismos en el descrédito construido por sus miembros connotados en el gobierno. Y, por otra parte, Kumamoto sí contó con recursos, todos los recursos que le permitieron incluso haberse educado en una universidad a la que pocos en Jalisco pueden tener acceso, así como pertenecer a una comunidad que se reconoce en su solvencia económica y en lo que ello propicia.

Cuando lanzó su candidatura como aspirante a senador, se reveló el verdadero alcance de un joven que sabe hablar bonito de democracia de manual y de decoración de una realidad inequitativa, esos temas que ornamentan el habla cuando se tiene servida la mesa.

Perdió cuando tuvo que hablar sentado a la mesa de realidades muy distintas a la suya, las realidades que emergen de la pobreza. Hoy, con una supuesta independencia que la verdad desenmascaró, pretende tener un partido e institucionalizar su carrera política, profesionalizarse en el ejercicio del poder. Ser o no ser, esa es la cuestión. Y él nunca ha sido lo que dice ser.

LL/LL

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