Aunque en el papel las diferencias son más o menos claras —pues mientras la libertad de expresión protege la difusión de ideas y opiniones, la apología del delito busca incitar o justificar acciones ilegales—, en la práctica no es tan sencillo.
La medida trastoca las prácticas actuales al prohibir la venta de comida industrializada y chatarra, han pasado a ser indeseables jugos, galletas, dulces, panes e incluso algunas comidas preparadas, como pizzas y hamburguesas, no se diga refrescos o botanas.
Por la tarde, ya con más calma, dejé que el recuerdo me invadiera: un pueblo alemán llamado Hamelín sufrió una terrible invasión de ratas. Lo que en el siglo XIV significaba muerte, por la relación que tuvieron los roedores con la proliferación




