Rieleras y juanes, crear vínculos ha sido la estrategia insoslayable para alcanzar las aspiraciones humanas más básicas y consolidar sociedades capaces de superar los conflictos de nuestra compleja realidad. Desde que nacemos, establecemos un lazo con la sociedad a través de la familia. Nuestra naturaleza no nos da opción: para sobrevivir debemos depender de otros, confiar y aprender. Con la acumulación de experiencias, entendemos que la existencia plena y feliz exige el desarrollo del apoyo mutuo y solidario.
Este laboratorio familiar nos prepara para lo que luego enfrentaremos en las aulas, los espacios de trabajo y las organizaciones a las que decidimos pertenecer para alcanzar nuestros objetivos de subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, identidad y libertad, tal como lo planteó el economista y humanista chileno Manfred Max-Neef en su propuesta de Desarrollo a Escala Humana.
El anhelo de construir sociedades plurales y satisfechas en sus necesidades es imposible sin los acuerdos que nacen de la empatía y la causa común. Para sostener democracias sanas, debemos asumir la responsabilidad individual de colaborar en beneficio de la colectividad.
Esa es, precisamente, la historia de Zapotlán VIHVO A.C., un colectivo de apoyo solidario, estructurado y efectivo para personas que enfrentan una condición históricamente vulnerada por la discriminación. El estigma es un proceso social que desacredita, devalúa y margina a partir del prejuicio. Esta manera de pensar, sostenida por la costumbre y la desinformación, resulta profundamente infame por el daño que inflige a la dignidad humana. Ante tal injusticia, la indiferencia no es una opción.
Eso fue lo que comprendieron Federico Pérez Martínez y Rodrigo Aguilar Cornejo hace 15 años al consolidar Zapotlán VIHVO A.C.
Como formadora de periodistas, su labor fue mi referente cuando diseñé el programa de la materia de Periodismo y Derechos Humanos en el CUSur de la Universidad de Guadalajara. Desde hace 12 años, 16 generaciones —más de 300 profesionales de la información— han sido impactadas por talleres prácticos e intensivos impartidos en conjunto con este colectivo. Hoy, muchas de esas mentes lideran espacios informativos con la capacidad de narrar la realidad desde la ética, desmantelando prejuicios y respetando la condición humana.
Lo que Zapotlán VIHVO A.C. ha logrado en esta alianza estratégica con la academia es solo una muestra de su impacto multiplicador. Educar a quien informa es transformar la mirada de toda una comunidad.
Romper el estigma no es un acto de caridad; es un deber de justicia social. Cuando el activismo comunitario y el periodismo ético cruzan sus caminos, la narrativa del rechazo se transforma en una agenda de derechos. Zapotlán VIHVO A.C. nos ha demostrado durante tres lustros que la solidaridad no solo salva vidas en lo individual, sino que sana el tejido social en lo colectivo. Nombrar la realidad sin prejuicios es el primer paso para construir esa sociedad justa que no solo soñamos, sino que nos debemos.





