Rieleras y juanes, la designación de María Montserrat Alvarado como dirigente del Departamento de Comunicaciones del Vaticano es halagüeña en varios sentidos, particularmente en el marco de las diferentes crisis que este mundo enfrenta, entre ellas la de una geopolítica convulsa con comunicaciones que exacerban el humor mundial e impulsan a la toma de decisiones que no siempre aluden al interés genuino de la humanidad.
Por un lado la congruencia con la filosofía humanista y trayectoria de inclusión del papa León XIV, como sabemos estadounidense de nacimiento, pero identificado con los problemas y aflicciones de los países del tercer mundo por su experiencia en Latinoamérica, de ahí que sea positiva la elección de una profesional de origen mexicano quien, de acuerdo con la agencia informativa EFE, inició su carrera en la organización sin fines de lucro Becket Fund que defiende la libertad religiosa como un derecho humano ante la Corte Suprema de Estados Unidos.
Por cierto, entre sus victorias se encuentran las que obtuvo para las Hermanitas de los Pobres, los presos musulmanes condenados a muerte y para grupos benéficos, como Philadelphia Catholic Social Services, entre otros.
En otro sentido, el reconocimiento del trabajo de una comunicadora que fue parte de la creación de EWTN News in Depth, un programa de debate con perspectiva católica de la actualidad de la iglesia, la política y la cultura, discusiones hoy por hoy necesarias para el contraste, el análisis y la reflexión públicas.
Además, en su trayectoria como comunicadora en el vaticano ha defendido la libertad de expresión, el papel de las mujeres y el trato digno para las comunidades marginadas en la sociedad. Esto es, posee una visión de diversidad e inclusión en su trabajo, lo que ofrece una perspectiva refrescante y necesaria en este mundo hoy polarizado y guiado casi exclusivamente por intereses económicos lo que nos ha generado problemáticas en materia de medio ambiente, equidad de género, preservación de la cultura y respeto de las minorías, asuntos pendientes e insoslayables para el análisis y la reflexión, sí desde la fe, pero también respetuosos de los otros y su libre derecho a disentir.
Ciertamente otros líderes mundiales podrían aprender de las decisiones de León XIV, dispuesto a sumar talento profesional que incluye, conoce, y reconoce a esos otros y otras que han sido invisibilizados y violentados en discursos cotidianos generalistas, carentes de sentido social y humano.





