Crónicas al Estremo | La Culpa

Por: Sebastián Estremo

México. 13 de abril de 2020. (Letra Fría) Por más que uno no lo desee resulta imposible evitar el tema recurrente de nuestros tiempos: el COVID-19.  Mal que bien estamos viviendo un momento histórico de proporciones globales. Un fenómeno que está afectando simultáneamente a miles de millones de personas en todos los rincones del planeta con manifestaciones de lo más diversas.

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Comencé a prestarle verdadera atención al tema del coronavirus a principios del mes de febrero, cuando comenzaban a registrarse casos en Irán e Italia y fueron sonando poco a poco las voces que pedían la suspensión de la Serie A.

Lo que comenzó con el aislamiento de la pequeña localidad de Codugno (alrededor de 15 000 habitantes), en la provincia de Lodi, poco a poco se fue extendiendo por toda la región lombarda hasta afectar a todo el norte de Italia.

Pese a la crisis sanitaria que iba escalando sin control, los altos directivos del futbol italiano se mostraban reticentes ante la posibilidad de jugar partidos a puerta cerrada (lo cual incluía un Juventus vs Internazionale, uno de los partidos que más ingresos genera en Europa) y mucho menos de posponer la liga. En pocos días quedó demostrado que a los dueños del balón no les interesa ni el futbol, ni el bienestar del público o de sus propios empleados, lo único que importa es la ganancia, la acumulación incesante de capital. Sin embargo, al poco tiempo se toparon con la dura realidad y poco a poco los partidos fueron siendo reprogramados y finalmente cancelados. La situación era insostenible.

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Antes de que comenzaran a dispararse las cifras de contagios y muertos en el norte del país, el Atalanta de Bérgamo jugó el 19 de febrero en Milán un histórico partido de Champions League ante el Valencia. Fue una fiesta, decenas de miles de aficionados bergamascos celebraron eufóricos la goleada de 4-1, mientras los seguidores del equipo visitante volvían a casa con la cabeza gacha. En toda Europa se jugaban partidos a nivel local e internacional que abarrotaban los estadios. Mientras a principios de marzo los altos mandos del futbol italiano y español, presionados por sus respectivos gobiernos, tomaban por fin medidas más contundentes para contener el virus, en Anfield el flamante Liverpool recibía al Atlético de Madrid en un estadio lleno. En Tokio, los Juegos Olímpicos seguían en pie, según cifras oficiales Japón lograba contener exitosamente el virus.

Antes que escritor, soy cartógrafo y especialista en temas de Medio Oriente. Dicha esta breve anotación biográfica, durante la maestría recuerdo haber estudiado la propagación de la peste bubónica. Ésta surgió en las estepas de Mongolia y se propagó primero por China, posteriormente por Asia Central y el Levante, después se instaló en importantes puertos comerciales como Constantinopla, Napoli o Venecia y, finalmente, para mediados del siglo XIV, toda Europa fue afectada en mayor o menor medida por la infección. Cerca del 60% de la población europea de aquel momento murió por la peste. La enfermedad fue trasladada por las ratas que acompañan a los seres humanos a través de las principales rutas comerciales de la época: la Ruta de la Seda.

Los paralelismos con el COVID-19 son enormes, solo que ahora el sistema-mundo imperante tiene mucha mayor extensión, mucha más gente y mayores medios de propagación. Cabe señalar también que nuestra peste del siglo XXI es menos mortífera.

Pasaron las semanas, en México se entablaban ya las primeras conversaciones serias al respecto. Una nota sobre un turista chino procedente de Los Ángeles que se paseó por la Ciudad de México y fue diagnosticado con el temido COVID-19 a su regreso a casa recorría los medios. Días más tarde los primeros casos confirmados: venían de un congreso en Bérgamo. La incertidumbre y el miedo que ésta provoca comenzaba a palparse. Se difundían los primeros análisis, crónicas y testimonios desde Italia. El sur de la bota ya no era ajeno a la emergencia sanitaria. Desde Napoli o Palermo (cuyas condiciones de vida para un importante número de personas se asemeja a la vida de gran parte de los mexicanos que viven al día en la informalidad) se alzaban voces preocupadas por su futuro económico inmediato. Desde los medios y las altas esferas el alcalde de Liverpool culpaba a los aficionados del Atlético de haber importado el virus, en España se hacía lo mismo con los valencianos. Mientras en Bérgamo se filtraban videos de cientos de cuerpos apilados en camiones militares. Días antes en toda Europa algunos actos anti-chinos proliferaron. En Kazajstán el gobierno amagó con expulsar a todos los chinos del país. Estados Unidos endureció (todavía más) sus políticas migratorias y al día de hoy corren noticias de deportaciones sin medida sanitaria alguna durante las noches en los estados fronterizos del norte de México. Conforme el virus se expande más y más el pánico entre aquellos que nos piden no tener pánico se incrementa.

En redes el humor no se pierde y se reproducen bromas sobre guerras mundiales desatadas por cubre bocas. Eso sí, ya no hay Olimpiadas y curiosamente el número de muertes e infecciones en Japón incrementó. Ha de ser por la decepción.

Es en este escenario que el COVID-19 llega a México. Un país que en su historia reciente algo sabe sobre pandemias. Los directivos del futbol mexicano actuaron de forma semejante a sus colegas europeos. Incluso todavía más creativos intentaron adelantar unos cuantos juegos para ganarle tiempo a la pandemia. En lo que si eran peras o manzanas, el 14 de marzo, el presidente del Atlético San Luis, Alberto Marrero, quien había estado días antes en España y estaba contagiado con coronavirus, pensó que era buena idea bajar a los vestidores a animar a sus muchachos previo a su compromiso contra el Puebla. Al poco tiempo comenzaron los recortes y los “descansos voluntarios sin goce a sueldo” promovidos por empresarios que se embolsan millones de pesos cada mes pero que son incapaces de pagarle su miserable sueldo a sus empleados por un par de meses. Nació Susana Distancia. Trabajadores que pueden laborar a distancia ahora culpan de la inminente catástrofe sanitaria a otros trabajadores que no pueden hacerlo y que mal que bien son los que están evitando que nos quedemos sin víveres o nos pudramos en nuestros desechos. El COVID-19 llegó a México y con ello la búsqueda de los culpables.

En estos días pareciera ser que el ser humano responde meramente a impulsos cortoplacistas y no a un análisis racional de las causas y soluciones de las cosas a corto, mediano y largo plazo. Desde el momento en que el COVID-19 penetró dentro de los circuitos de nuestra “Ruta de la Seda” y no pudo ser controlado, cada rincón del planeta estuvo condenado. Y pese a ello, como siempre, lo que se buscan son chivos expiatorios, y soluciones individuales. En Messina Antonio De Pace asesinó a su novia Lorena Quaranta (estudiante de medicina) porque según él lo había contagiado con el coronavirus. Si de algo importa, ambos dieron negativo.

La pandemia es solo un detonante que ha puesto en evidencia el desprecio de empresarios hacia sus trabajadores, años de desmantelamiento de sistemas de salud alrededor del mundo, las cada vez más crecientes desigualdades sociales, discursos xenofóbicos en ascenso y una sociedad individualista que se basa en el sálvese quien pueda. La crisis ya estaba, solo que ahora es todavía más visible.

Yo me pregunto ¿por qué en lugar de echarle cloro a nuestros vecinos o intimidar a enfermeras no nos enfocamos en entender el fenómeno en su conjunto? ¿por qué en lugar de hacer una cacería de brujas y buscar culpables por sus acciones individuales entre los nuestros no señalamos a aquellos que nos lo han quitado todo para acumular sus infinitas riquezas y sus mansiones con alberca? Recursos hay, solo que están mal distribuidos.

Dejemos de buscar culpables donde no los hay y analicemos las estructuras. Muy probablemente para el final del año, estimado lector, tal vez hasta sin saberlo usted ya habrá estado infectado y habrá infectado (sin desearlo) a otros de COVID-19. Es tiempo de aceptar la realidad tal y como es y ver qué podemos hacer para mejorarla.

MA/MA

*Se autoriza su reproducción siempre y cuando se cite claramente al autor y la fuente. Se prohíbe su reproducción si es con fines comerciales.

Sebastián Estremo nació en la Ciudad de México en 1991. Es Licenciado en Geografía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y Maestro en Estudios de Asia y África con especialidad en Medio Oriente por El Colegio de México, se desempeña como cartógrafo y profesor particular de turco y de francés.

Apasionado por la historia, la geografía y los idiomas ha emprendido diversos viajes por México y el mundo recopilando las historias de vida de las personas que se han cruzado por su camino. Su género preferido es la crónica y su inspiración el periodista polaco Ryszard Kapuściński.

Ha publicado crónicas de sus viajes por el Kurdistán en medios independientes y artículos periodísticos y mapas en medios electrónicos.

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