Rieleras y juanes la libertad no es un concepto abstracto; es un derecho inherente a nuestra inteligencia que nos impulsa a buscar el avance propio dentro de un tejido social. Con una filosofía humanista, ser libres para mejorar nuestro entorno significa, inevitablemente, abonar al crecimiento de los demás. En este escenario, la libertad deja de ser un acto individual para convertirse en un ideal colectivo de transformación.
Como profesionales de la información, nuestra mayor búsqueda es la libertad de decidir qué reportamos y cómo construimos la conciencia social. Sin embargo, esta labor no es neutral. Las mujeres periodistas nos enfrentamos a disyuntivas narrativas donde nuestra preparación es la llave para impactar a audiencias más amplias, ya sea a través de la narrativa o la precisión de la retórica.
No obstante, la libertad suele ser coartada por el miedo que en ocasiones deriva de la autocensura, ante la falta de garantías para nuestra integridad física al tocar intereses del poder. O bien por intereses mercantilistas, cuando los dueños de los medios —ajenos a la vocación informativa— confunden la línea editorial con publicidad, silenciando las denuncias sociales.
Para las mujeres, la libertad de prensa tiene un requisito indispensable: la independencia económica. En un sistema que históricamente ha relegado a las comunicadoras a roles secundarios o brechas salariales, el emprendimiento surge como un acto de emancipación.
Convertirse en «periodista-empresaria» no es solo una estrategia de supervivencia, es una herramienta de equidad. Cuando una mujer logra autonomía financiera a través de su propio proyecto informativo, rompe con la dependencia de estructuras patriarcales que censuran su voz. La independencia permite defender los ideales de ética y sentido social sin pedir permiso.
Ya existen ejemplos inspiradores de colegas que se asocian para tomar acuerdos y ejercer un periodismo verdaderamente libre. Proyectos como CIMAC en México, AmecoPress en España o las redes de SEMLac en Latinoamérica, (por cierto, yo conozco por lo menos un par de emprendedoras que ejercen su liderazgo justo en este medio regional en que publico) demuestran que cuando las periodistas asumimos el rol de emprendedoras, no solo creamos medios; fundamos espacios de resistencia donde la información sirve para transformar la realidad de todas
Es urgente multiplicar estas experiencias donde la unión nos permite defender el derecho de la gente a saber, pero también nuestro derecho a prosperar. La independencia económica es, al final del día, el combustible que permite que nuestra ética no tenga precio y nuestra voz no tenga dueño.
No estamos solas en este camino.





