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Entrevista | “Si no es en la música, no creo ser feliz en otro espacio”: Gabriela Vidrio, violonchelista, profesora, autlense

Foto: Esther Armenta

Gabriela Vidrio es profesora de música, violonchelista, tiene 26 años y es autlense, desde pequeña supo que su pasión sería la música; actualmente además de dedicarse a la enseñanza, forma parte de grupos musicales como Xantolo en Guadalajara.

Por: Esther Armenta León

Autlán de Navarro, Jalisco. 11 de noviembre de 2020. (Letra Fría) Apenas doblas la esquina, ella ya está ahí, con la mitad de su cuerpo rebasado por el violonchelo oculto en el forro negro que lleva en la espalda. Gabriela debe medir apenas 158 centímetros, pero en compañía del instrumento de cuerda frotada su tamaño contrasta y se oculta para dar protagonismo al cuerpo robusto, familiar del violín.

Quedamos de encontrarnos a las 17:00 horas para hablar de ella, sus 26 años y la vida de un músico profesional que dejó su ciudad de origen para profesionalizar su pasión. Llegó puntual, por eso la veo tan pronto giro en dirección a la calle Álvaro Obregón en el centro de Autlán.

Lo primero que me dice cuando iniciamos la entrevista, es que de los seis instrumentos que sus dedos saben pulsar, el principal en la vida de Gabriela Vidrio Ramos, es el cello, a través de sus cuerdas ha memorizado piezas como “Elegía” de Gabriel Fauré; pero el cello es aliado y compañero, le ha cuidado la espalda cuando dejó Autlán y caminó las calles de Guadalajara para estudiar la licenciatura en música en la Universidad de Guadalajara, más tarde el mismo instrumento le ayudó a encarar su mayor miedo de artista: el pánico escénico.

Foto: Esther Armenta

¿Cómo inicia tu vida en la música?

La música ha estado en mi vida desde que me acuerdo, porque desde que estaba chiquita mi mamá  era muy de estarte cantando canciones, nos tenía discos, un montón de cosas que me hacen decir que mi mamá es la precursora, pero ya adentrada en la música fue como en el kínder, es curioso porque la verdad yo no iba al kínder a hacer lo que hacían los demás niños, hubo una oportunidad de que un maestro tenía un corito y se dio cuenta de que yo estaba afinada y ahí comenzó.

¿En qué momento decides darle el sí a la música como profesión?

Aquí sí tengo que culpar a un amigo porque yo tenía la idea de irme a estudiar, pero arquitectura, yo era la niña nerd que iba a estudiar la carrera más nerd que encontrara, pero sí fue mucha influencia de él, no mala, pero me hizo abrir los ojos un poco a aceptar que la música era lo que yo quería, a pesar de que la gente te dice “no vas a ganar dinero”, porque dicen un montón de contras, pero, ¿por qué no intentarlo? Al final vas a terminar tu vida y te arrepentirás más de las cosas que no hiciste que de aquellas en donde intentaste y te equivocaste, ahí yo dije “va, hay que intentarlo a la música”.

¿Hasta hoy ha resultado apostarle a la vida de músico?

La verdad no me arrepiento. Sí existe la falta de empleo, la gente no valora mucho el arte, me ha tocado mucho pasar por ahí, pero la verdad no me veo en otro lado, creo que elegí el camino correcto porque no creo ser feliz en otro espacio.

Foto: Esther Armenta

¿Qué clase de complicidad existe entre Gabriela Vidrio y la música?

Total, totalmente, la verdad es que hay muchos enfoques en la música y el enfoque que yo tengo no es precisamente de ejecución o composición, he hecho de todo, sí he compuesto, tocado, fui solista, parte de muchos grupos pero lo que a mí más me llena es utilizar la música, y el arte en general, como crecimiento personal porque yo he trabajado con personas de todas las edades, yo me dedico a dar clases, es lo que más disfruto porque no solo estoy activa tocando,  si vas a dar clases no puedes permitirte no seguir aprendiendo y me llena mucho porque las personas te comparten sus experiencias y te conviertes en parte de su vida para aportarles algo bueno.

Con frecuencia se dice que la música cambia vidas, ¿cambió la tuya?

Definitivamente. Cada día hay algo nuevo que aprender, es una de las cosas que yo amo de la música, sé que no llegará el día en que diga “ya aprendí todo, ya me las sé todas” porque no, siempre hay algo nuevo que aprender.

Foto: Esther Armenta

Para fortalecer tu enseñanza en el disciplina, te fuiste de Autlán, ¿Qué significa salir de una región del estado hacia el centro?

Me fui de aquí porque en Autlán y en la región no había un lugar donde enseñaran música con el grado profesional, sí aprendí música de varios maestros de aquí que los quiero y los respeto porque son parte de mi carrera, el maestro Lupe Moran que me acompañó en el kinder, en la prepa el maestro Jaime Gabino, conocidísimo, famoso aquí en Autlán y lo aprecio mucho porque el me motivó, me decía “usted estudie música, usted es para la música”, y si te lo dice alguien que es respetadísimo por los habitantes de tu ciudad, te cuestionas y haces caso.

¿Qué crees haga falta en la sociedad autlense para poder apreciar el arte en su totalidad y la diversidad musical que existe?

Estoy incomunicada hasta cierto punto de la educación artística en las escuelas de Autlán, pero considero muy importante que haya un acercamiento del arte y los niños porque yo he platicado con gente mayor y me parece increíble que no tienen preparación escolar pero su cultura es grandísima, te dicen “no, a mí me gusta tal compositor”, entonces el acercamiento desde pequeños y el ambiente que nos rodea es importante. Algo que no me gustaba de Autlán era esto del Carnaval, la verdad no disfrutaba de esas cosas que siguen siendo cultura, lo que no me gustaba es la falta de variedad, siempre era banda y mariachi, pero ¿y qué más, dónde está el rock, la salsa, la música clásica? Hay un montón de música diferente que la gente puede disfrutar y seguramente ni la conoce, considero que lo que le falta a Autlán es apostarle al arte, pero en la variedad.

¿Consideras que hay músicos autlenses que se están arriesgando?

Creo que desde que me fui yo para allá, se fue Cristián Claustro y empezó a haber ese interés porque antes de nosotros no había escuchado de muchas personas que se fueran a estudiar música, no sé si estoy desinformada pero no conocía a muchas personas que se arriesgaran a dedicarse a esta profesión y salirse de su ciudad, no sé si servimos de inspiración pero cada vez escuchamos que más jóvenes salen a estudiar música y eso hace que haya valido la pena todo el esfuerzo.

Recién se abrió la licenciatura en artes  en el CUCSur, con especialización en música, ¿Qué crees que representa para Autlán y la región?

Me parece un paso gigante porque en lo que conozco de la historia de Autlán no lo habíamos tenido y con mucho orgullo de que ya haya algo aquí cerca, no sé de qué manera se va a desarrollar el proyecto pero espero se vaya perfeccionando, yo sé que al inicio será difícil porque no sé qué maestros vayan a traer, pero al no haber aquí cerca un lugar que se dedique a la enseñanza musical, casi ningún profesional vive por acá y eso será difícil pero hay que alimentar,  que bueno que ya se dio el paso.

Foto: Esther Armenta

¿A qué músicos admiras?

No terminaría, lleno una libreta de escribir sus nombres pero digamos que tengo secciones: antiguos, no tan antiguos, contemporáneo y a lo mejor casi futuros. Me gusta mencionar, más que a músicos que todos conocemos como Bach, Chopin, Debussy y como son un montón, en mi caso que es el chelo, Rostropóvich, Mischa Maisky que todavía vive, pero a mí me gusta mucho mencionar a la gente que no es conocida por todo el mundo pero que yo te puedo asegurar son prodigios de la música, gente extraordinaria que nadie tiene idea de su nombre pero merecen ser mencionados.

Tengo un colega, Cristian Claustro, Víctor Gudiño que acaba de regresar de Alemania, se andaba preparando, es chelista, Johana González, pianista y maestra, Carla Costeira, yo nunca he escuchado a alguien más cantar de esa manera, actualmente ella está en el coro de Zapopan y ha participado en algunas óperas, es para que la escucharan en todo el mundo, ojalá eso suceda y lo deseo con la esperanza de que estos nombres se hagan famosos, tengo más nombres pero ahorita se me van los apellidos. 

Pasadas de las 17:30 horas, la funda se abre a la desnudez de 122 centímetros de madera, el cello sale de su escondite para tomar lugar, una vez más, en el cuerpo de Gabriela, quien lo toca ininterrumpidamente por al menos 10 minutos.

Antes de hacerlo, ella me dice que seguirá preparándose como profesora musical, que le gusta compartir el conocimiento y considera que le falta mucho por aprender.

MA/MA

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