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Guerreras cotidianas | Primera parte

Cuatro historias de mujeres organizadas, muy cercanas a nuestro contexto encarnan los valores de la lucha feminista. En esta primera entrega conoceremos a «Las comadres» de La Ciénega y al tianguis «Pochtecatl», de la Sierra del Tigre.

Por: Darinka Rodríguez

Autlán de Navarro, Jalisco. 08 de marzo de 2021. (Letra Fría) Sororidad, autonomía, libertad, resistencia, comunidad, diversidad, autocuidado, valentía; son algunos de los valores que promueve el feminismo y que están presentes en las admirables historias de las mujeres feministas que me gusta conmemorar este 8 de marzo. Mujeres como Elena Garro, Sor Juana Inés de la Cruz, Violeta Parra, Nina Simone, Rosario Castellanos y María de Jesús Patricio Martínez. 

Estos valores están presentes en la vida de muchas mujeres con las que me cruzo a diario y que mi trabajo como periodista me ha permitido conocer. Historias inspiradoras de jefas de familia que emprenden, de mujeres que se organizan para defender sus tierras y bosques, o de guardianas que resguardan saberes muy valiosos que ya estarían muertos de no ser porque ellas están ahí para preservarlos. 

Este Día Internacional de la Mujer quiero aprovechar para hablarles acerca de cuatro ejemplos de mujeres organizadas que son muy cercanas a nosotras, y que encarnan en más de un sentido los valores del feminismo.

Las Comadres; guardianas de la salud alimentaria y los saberes locales

Anteriormente en Letra Fría se había contado acerca de este grupo de mujeres que elaboran tortillas de maíz con nopal o chaya. En el 2015, a partir de la participación en un encuentro de mujeres, en San Gabriel, Jalisco; que surge el interés por formar un grupo de mujeres para producir alimentos saludables para su comunidad, La Ciénega, municipio de El Limón. 

Las comadres es el nombre como se conoce a un grupo de mujeres de La Ciénega, municipio de El Limón, Jalisco, dedicado a hacer tortillas de maíz con nopal o chaya. (Foto: La Ciénega, Jalisco)

Fue a partir de la experiencia de una de las mujeres que años atrás había vendido tortillas, que se organizaron para conseguir un local, maíz, nopal, construyeron dos fogones de leña, y se pusieron a tortear. Conocidas como “Las Comadres”, este grupo de mujeres se dedica desde hace más de 15 años a este oficio, además de elaborar sopes y galletas de maíz.

Además de ser una fuente de sustento, este grupo ha sido para ellas una fuente de esperanza y un lugar donde a pesar de las dificultades, han encontrado apoyo por parte de todas las compañeras. 

Para hacer las tortillas, Las Comadres consiguen el maíz  con los productores de La Ciénega. Ellas cuentan que parte de su objetivo, era que con el proceso de elaboración que ellas utilizan, el pueblo valorara la diferencia de las tortillas hechas a mano. 

“Sabemos que las tortillas hechas a mano tienen un sabor único debido al proceso de la preparación del nixtamal, el cual se muele en piedra, se forma la masa, se tortean y se cuecen con leña”.

Ella es Evelia Pelayo, integrante de Las Comadres. (Foto: La Ciénega)

Actualmente las tortillas de maíz “Las comadres” se distribuyen en El Limón, El Grullo, Tuxcacuesco y Autlán de Navarro.

Puedes leer más acerca de “Las comadres” en este link: https://letrafria.com/consumo-saludable-tortillas-de-maiz-las-comadres-de-la-cienega-2/?fbclid=IwAR0Mt0KOuwslAK5_Lj0azkGTr-RIxfsu-q_NZ5gcSdr7hU-GwyocUG0X84w

Pochtecatl: sororidad y resistencia

Anterior a la pandemia por COVID-19, todos los miércoles era común ver al interior del Centro Universitario del Sur, en Zapotlán el Grande, un pequeño tianguis en donde una diversidad de agricultores, artesanos, artesanas, y pequeñas productoras confluían distribuidos a lo largo de una hilera de mesas y sombrillas de colores, para vender e intercambiar sus productos. 

Fotografía: Integrantes del Pochtecatl.

El Pochtecatl es un proyecto de economía solidaria que nació en el 2014, como un espacio para que campesinos y campesinas de la región vendieran e intercambiaran sus productos, sin la presencia de intermediarios.

Pese a la diversidad de productores, fueron las jefas de familia quienes comenzaron a protagonizar El Pochtecatl, al ofrecer alimentos preparados a un precio accesible para estudiantes y profesores. 

Los alimentos que preparan estas mujeres están encaminados a una filosofía que promueve la economía solidaria, al estar elaborados a base de frutas, verduras y hortalizas cultivadas en huertos locales, por pequeños productores. 

Son aproximadamente 25 mujeres de entre 19 y 70 años, quienes mantienen en pie este proyecto alternativo. Provenientes de la Sierra del Tigre, Zapotiltic, San Gabriel, Gómez Farías y Tapalpa, este grupo tan heterogéneo, pero unido en el sentido del trabajo y la solidaridad, no solamente son el pilar de la economía de sus hogares a través de sus ventas en El Pochtecatl, también imparten talleres de educación ambiental a la comunidad universitaria, y desarrollaron la estrategia de “cero desechables”, donde se estableció que un requisito para el consumo era llevar recipiente propio, o tener para prestar en los puestos de comida. 

La diversidad de mujeres del Pochtecatl en una fotografía. Fotografías: Integrantes del Pochtecatl. Collage: Israel Aguilar.

A raíz de la pandemia, las productoras se han organizado para desarrollar otras estrategias para comercializar su producto; como armar canastas solidarias, donde incluyen un poco de lo que vende cada una, y las ofertan a través de redes sociales.

Lizeth Sevilla, impulsora del proyecto, enfatiza que este acto, no solamente es una muestra de sororidad al interior de El Pochtecatl, sino también hacia afuera, con todas las jefas de familia que están pasando por momentos de crisis a causa de la pandemia, y que tienen dificultades para conseguir alimentos saludables a un precio justo. 

Ejemplo de una de las numerosas canastas solidarias que arman las integrantes del Pochtecatl. Fotografía: Integrantes del Pochtecatl.

El Pochtecatl empezó con una participación de hombres bastante nutrida, pero quienes permanecieron fueron las mujeres, quienes muestran mayor interés por ser solidarias con el medio ambiente y en resistir desde la economía alternativa, a pesar del contexto de crisis que atraviesa actualmente el mundo entero. 

Ya sea resistiendo desde las economías alternativas, o preservando la salud alimentaria de sus comunidades a través de la tortilla de a mano; estas dos historias de mujeres nos enseñan que organizarnos entre nosotras es la mejor manera de cambiar el mundo y de inspirar a toda una generación de niñas y jóvenes a que trabajen en conjunto con otras mujeres. Porque no hay que olvidar que la unión hace la fuerza.

MA/MA

*Queda prohibida la reproducción total o parcial. El contenido es propiedad de Letra Fría*

Egresada de la Licenciatura en Periodismo del Centro Universitario del Sur de la Universidad de Guadalajara. Colaboró como reportera para Radio Universidad de Guadalajara Ciudad Guzmán, y en el periódico mensual El Puente. Apasionada de las letras y la defensa de los Derechos Humanos.

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