/

Guerreras cotidianas | Segunda parte

La semana pasada les conté acerca de la unión y sororidad de las mujeres del Pochtecatl, tianguis de economía solidaria. Y también conocimos la historia de la tortillería “Las comadres”, y de cómo han rescatado el valor nutrimental y cultural de la tortilla de maíz hecha a mano. En esta segunda parte, aprenderemos sobre ecofeminismo, autonomía y soberanía alimentaria, de la mano de dos historias de mujeres organizadas con presencia en esta región: Red de Defensoras Jalisco y Color de la Tierra, de Cuzalapa.

Por: Darinka Rodríguez

Autlán de Navarro, Jalisco. 23 de marzo de 2021. (Letra Fría) Sororidad, autonomía, libertad, resistencia, comunidad, diversidad, autocuidado, valentía; son algunos de los valores que promueve el feminismo y que están presentes en las admirables historias de las mujeres feministas que me gusta conmemorar este 8 de marzo. Mujeres como Elena Garro, Sor Juana Inés de la Cruz, Violeta Parra, Nina Simone, Rosario Castellanos y María de Jesus Patricio Martinez.

Sin embargo, estos valores están presentes en la vida de muchas mujeres con las que me cruzo a diario y que mi trabajo como periodista me ha permitido conocer. Historias inspiradoras de jefas de familia que emprenden, de mujeres que se organizan para defender sus tierras y bosques, o de guardianas que resguardan saberes muy valiosos que ya estarían muertos de no ser porque ellas están ahí para preservarlos.

La semana pasada les conté acerca de la unión y sororidad de las mujeres del Pochtecatl, tianguis de economía solidaria. Y también conocimos la historia de la tortillería “Las comadres”, y de cómo han rescatado el valor nutrimental y cultural de la tortilla de maíz hecha a mano.

En esta segunda parte, aprenderemos acerca de ecofeminismo, autonomía y soberanía alimentaria, de la mano de dos historias de mujeres organizadas con presencia en esta región de Jalisco.

Red de Defensoras Jalisco; contra la violencia de nuestros cuerpos y nuestros territorios

El feminismo y la defensa del medio ambiente están estrechamente ligados. Quizás a simple vista no resalten los puntos en los que convergen ambas luchas; pero es el ecofeminismo quien se encarga de evidenciar la existencia de conexiones importantes entre la explotación de los recursos naturales y el maltrato ambiental, y la violencia contra las mujeres.

No hay que ir muy lejos para encontrar un ejemplo de ecofeminismo, pues desde hace más de cuatro años, la Red de Defensoras Jalisco está presente en la región. Son un grupo de mujeres organizadas, que están haciendo frente a la crisis ecológica en el estado y el país, al sembrar una filosofía que pone a la vida en el centro de la organización social, política y económica.

Foto: Darinka Rodríguez.

Fue después del foro titulado “Extractivismo y cambio climático; monedas del mismo patriarcado”, realizado en octubre del 2017, en el marco del día de las mujeres rurales, por la Escuela para Defensoras de los Derechos Humanos Benita Galeana A. C., que las más de 300 mujeres asistentes vieron la necesidad de conformarse en red ante las problemáticas ambientales y de salud que sus diferentes comunidades tenían.

“En este foro la invitada fue Marichuy Patricio Martínez, vocera del Consejo Indígena de Gobierno, y su presencia fue vital. Ella nos convocó a seguir organizadas en la defensa de nuestros bienes comunes, porque tanto el gobierno, como el modelo capitalista, no está interesado en la soberanía de las mujeres y el respeto de la naturaleza, su interés está situado en las riquezas de las comunidades”, me cuenta María del Carmen García Jiménez, integrante de la red.


María del Carmen García Jiménez, integrante de la red desde sus inicios, es originaria de Zapotlán El Grande, Jalisco. Pero comenta que actualmente la Red de Defensoras, está integrada por un grupo muy amplio de mujeres que viven y trabajan en municipios de las regiones Sur, Sureste, Lagunas, Sierra de Amula, Valles y Centro del Estado de Jalisco. En la región Sierra de Amula tienen presencia en el municipio de Chiquilistlán.

La diversidad es la principal característica de este grupo de mujeres, pues no solamente son originarias de distintas regiones, también son una red multidisciplinaria al agrupar a estudiantes, profesoras, investigadoras, campesinas, maestras rurales, activistas, artesanas y jornaleras. Participan mujeres de todas las edades y continuamente realizan actividades para acercar a más mujeres a la red.

Foto: Darinka Rodríguez.

Las dos actividades más importantes a las que convoca la red son a los encuentros de mujeres en el marco del día internacional de la mujer y el día de las mujeres rurales, en marzo y octubre, respectivamente. En estos encuentros con duración de tres días, las mujeres se capacitan en justicia ambiental y perspectiva de género, adquieren herramientas de autocuidado, e intercambian saberes tradicionales que fomenten la soberanía alimentaria y la economía solidaria.

“Nuestro visión es ser una red de redes que articula; organizaciones de la sociedad civil, colectivos y grupos para mejorar la calidad de vida al compartir, proponer, educar e incidir hacia una agricultura sustentable. Ser una gente activa en la construcción de políticas públicas que promuevan la ecología y los saberes tradicionales, para construir un ambiente sano, libre de agrotóxicos”, expresa María del Carmen García Jiménez, englobando, en pocas palabras, el sentido de la red.

La Red de Defensoras Jalisco, es un ejemplo de cómo las mujeres podemos organizarnos para transformar nuestra realidad y vivir de manera más digna. Para ellas la sororidad significa la amistad entre mujeres diferentes, pares, cómplices que se encuentran y reconocen en el feminismo para vivir la vida con un sentido profundamente libertario.

Mujeres «Color de la Tierra» de Cuzalapa; el arduo camino hacia la autonomía

Son pocas las historias que conozco que representan lo que significa realmente la perseverancia. Pero hace un año, la cooperativa de mujeres de la comunidad indígena de Cuzalapa, me enseñó que se puede resurgir a pesar de las adversidades. Esta es la historia de un grupo de mujeres que logró su autonomía a través de la producción de café.

Enclavada en la Sierra de Manantlán, la comunidad indígena nahua de Cuzalapa, forma parte del municipio de Cuautitlán de García Barragán, ubicado en la Costa Sur de Jalisco. Desde el 2015, esta comunidad es la sede del “Festival del Café Cuzalapa”; un festival donde además de comercializar diversos productos elaborados por la cooperativa y pequeños productores, se realizan actividades que promueven la conservación del medio ambiente, la agroecología y la economía solidaria.

Este año, debido a la pandemia por el COVID-19, se optó por realizar el festival de manera virtual a través de Facebook.

Para llegar a ser la cooperativa que son actualmente, el grupo de mujeres “Color de la Tierra”, sorteó varios obstáculos y en el camino además rescató los cafetales bajo sombra de Cuzalapa, y detuvo la desertificación de la Sierra de Manantlán. Pues fue en el 2001, con la drástica baja de los precios del café, que los productores decidieron abandonar sus cultivos, y hacer cambio de uso de suelo para rentar sus tierras para ganadería.

Foto: Darinka Rodríguez.

Así fue como poco a poco el paisaje comenzó a cambiar, la fresca sombra de los árboles desaparecía para abrir paso a la desertificación. La tala de cafetales de sombra, implicaba la tala de todos los árboles mayores; árboles de arrayán, capulín, mamey, limón, plantas medicinales y árboles maderables. Con la disminución de la fruta, se comprometió la calidad alimentaria y la población presentó casos de desnutrición.

Fue entonces que las mujeres decidieron actuar, y buscar estrategias para aumentar el valor del café. En vez de exportar el grano de café a un bajo precio, comenzaron a organizarse para tostar un poco en ollas de barro y comenzar a venderlo a los estudiantes del CUCSur, investigadores y demás gente que subía a la sierra. Gracias a su sabor único, el café ganó reconocimiento y tiempo después, las mujeres consiguieron un apoyo de la Universidad de Guadalajara para ir a vender su café a lo largo de Costalegre.

Al principio el panorama no fue alentador, pues los restaurantes, cafeterías y demás establecimientos, nunca habían pagado por un producto con las características del café que vendían las mujeres; orgánico, libre de químicos, y con un molido y tostado tradicional. Pero poco a poco, su producto fue aceptado y preferido por los comercios de la región por su sabor e identidad.

El obstáculo más difícil fue el que las mujeres encontraron al interior de sus hogares y frente a su propia comunidad. En su contexto cultural, la mujer nunca había trabajado.

“Ahí fue un choque cultural tremendo, los maridos eran muy machistas. Las mujeres integrantes que entraron al grupo a escondidas del esposo y que decían “yo nunca voy a venir a una reunión para que mi esposo no se dé cuenta”, porque la mujer nada más a lavar al arroyo y a hacer la tortilla calientita a todas horas, todo su trabajo era atender a los hijos y servirle el plato al marido. Fue todo un reto que se enfrentó, desde cómo le digo a mi esposo que me toca ir al CUCSur a vender porque hay tal festival cultural al que nos están invitando con nuestro puestecito”, me contaba en aquella ocasión Rosa Elena Ramírez Pizano, miembro y voz de la cooperativa de mujeres indígenas.

Fotografía: Darinka Rodríguez.

Las mujeres de Cuzalapa, desde sus acciones en la cooperativa resignificaron el papel de la mujer dentro de la comunidad. Ahora viven con más libertad y no dependen económicamente del trabajo de sus maridos. Actualmente el café no es el único producto que ofrecen; también venden jamaica, pipián, plátanos tostados con sal y con miel, aretes, bordados, miel, pulpas de frutas, chile secos, etc.

Las mujeres de Cuzalapa a través de la perseverancia y sabiduría de los pueblos indígenas, lograron el rescate y la preservación de la madre tierra, tan preciada y valorada por sus ancestras.

MA/MA

*Queda prohibida la reproducción total o parcial. El contenido es propiedad de Letra Fría*

Egresada de la Licenciatura en Periodismo del Centro Universitario del Sur de la Universidad de Guadalajara. Colaboró como reportera para Radio Universidad de Guadalajara Ciudad Guzmán, y en el periódico mensual El Puente. Apasionada de las letras y la defensa de los Derechos Humanos.

Deja una respuesta