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La pregunta clave en el informe de PISA

Carlos Efrén Rangel reflexiona sobre el resultado de la prueba que se aplicó en 2025 a estudiantes de 15 años. El informe refleja una dura realidad: las matemáticas y la lectura en México están en niveles alarmantemente bajos.

Imagen: Freepik

Hicieron falta adjetivos catastróficos para describir la educación mexicana la semana pasada, cuando PISA publicó el resultado de la prueba que se aplicó en 2025 a estudiantes de 15 años. En esta columna no es mi intención desestimar la prueba, ni los resultados, ni el procedimiento. Les propongo que la validemos y que, como enuncia su organización, usemos sus resultados para reflexionar y tomar decisiones, asumiendo que los naturales sesgos de cualquier estudio están metodológicamente resueltos y que el informe refleja una dura realidad: las matemáticas y la lectura en México están en niveles alarmantemente bajos.

Tampoco es mi intención condenar a quien leyó estos resultados en clave política y electoral. Si quieren culpar al actual régimen, está bien, es su derecho; no es mi intención defenderlo. Solo quiero aclarar que, como profesor mexicano y dedicándome, como lo hago, a tratar de entender algunos fragmentos del campo educativo, saber si el culpable es López Obrador o Calderón sirve de muy poco para resolver la que me parece que debe ser la pregunta clave para cualquier profesional de la educación: ¿qué hacemos para revertir el desastre?

Les digo que es un desastre porque en mi salón las cifras tienen rostro: solo algunos estudiantes entienden o hacen un esfuerzo por entender lo que leen, y muchos otros asumen el asunto con la misma ligereza y superficialidad con que se toman el examen de PISA: “Hay que terminarlo pronto para irnos a hacer otra cosa, que al cabo lo que saque en nada me afecta”.

Pero lo importante, les digo, no me parece que sea encontrar culpables, sino cómo cambiar los resultados y, en ese caso, es necesario comprender el escenario con más variables que solo quién gobernó en qué momento. En concreto, yo me detuve mucho rato en la gráfica que muestra los resultados históricos y de ahí obtuve algunas conclusiones: pisamos nuestra cima en 2009, fecha para la que en primaria se seguía aplicando el Plan 93, aunque ya había cambios curriculares en preescolar (2002) y secundaria (2006), se hacía énfasis en español y matemáticas, justo lo que el examen de PISA evalúa.

El Plan de Estudios 2011 comenzó a aplicarse en el año que lleva su nombre; omitió la memorización y se enfocó en construir y movilizar competencias. En el informe de PISA de 2012 comenzó un ligero descenso, más marcado en 2015 y que se comenzó a acentuar un año antes de que comenzara a aplicarse la Nueva Escuela Mexicana, escenario curricular que no ha podido revertir la tendencia a la baja.

Entonces, hay que preguntarse cómo revertir la situación en el mundo actual, con sus características vigentes, que incluyen factores más allá de las condiciones domésticas, como las heridas aún no sanadas de la pandemia de 2020 y un escenario internacional que, al igual que México, presenta un deterioro en la capacidad de leer y resolver problemas matemáticos.

Podemos ver nuestras propias huellas y encontrar, por ejemplo, que el Plan 1993 es uno de los enfoques curriculares más longevos y que procuraba la memorización y la atomización del conocimiento por asignaturas. Debemos preguntarnos, entonces: ¿qué tantos saberes de hace 30 años siguen siendo funcionales en la actualidad?

También podemos ver hacia afuera, hacia China, Japón y Singapur, que, si bien usan metodologías en las que las asignaturas evaluadas por PISA están presentes, también hacen explícitos sus enfoques integradores mediante metodologías como ABP, STEM o espacios de indagación.

¿Cómo revertimos esta situación? Sin agotar las posibilidades, quisiera proponer dos condiciones que juzgo indispensables, pero eso será la próxima semana.

PISA

Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestro en Educación Básica.

Actualmente es profesor de español en secundaria y de Maestría en la Unidad 143 de la UPN. Desde los 17 años ejerció como reportero y comunicador en radiodifusoras y periódicos locales en Autlán. Aficionado práctico de la literatura, la crónica taurina y las columnas de opinión.

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