Mientras fui alumno, solía perder el sueño la noche anterior al primer día de clases. Con el uniforme y la mochila listos, yo daba vueltas en la cama. Me imaginaba el acomodo en los honores, saber qué maestros nos darían clases, si tendríamos alguna compañera o compañero nuevo y si alguien se había ido a otra escuela. Estaba genuinamente emocionado y todavía lo estoy, aunque duermo mejor, pues ahora sé que la jornada previa al inicio de un nuevo ciclo escolar es un buen escenario para soñar.
Soñar es el primero de muchos pasos para transformar las realidades dolorosas. Ernst Bloch, filósofo alemán que reflexionó sobre la esperanza (1954), estableció que esta parte del «Todavía No», que es una realidad que, sin manifestarse, existe de forma latente: pensamos en ella, la deseamos, la soñamos. Ese «Todavía No» es el camino hacia una posibilidad real que se concreta con nuestras prácticas y en las condiciones materiales en las que ocurren.
La esperanza que nace en un sueño no puede restringirse a una espera pasiva. La esperanza se parece más al movimiento que está inspirado por los sueños. Pocos espacios generan tanto movimiento como un salón y una escuela.
Las circunstancias condicionan el movimiento. Les comparto algunas de ellas que me generan preocupación. Un informe generado por la UNESCO, ya con datos de 2026, con seguimiento al Objetivo de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 sobre educación de calidad, ubica a México en la categoría de países sin progreso, lo que sustenta lo que otros han cuantificado previamente; por ejemplo, PISA (2022) reconoce que 47% de los estudiantes mexicanos de 15 años no comprenden lo que leen. El diagnóstico fue compartido en lo fundamental por la SEP, aunque con una ligera variación en las cifras.
Otra condición, más local, es que varias escuelas de Autlán (dos de las tres secundarias generales, una primaria de doble turno y un preescolar) fueron beneficiadas con el programa «Jalisco con Estrella», que implica la remodelación y reparación de la infraestructura. Van a quedar chulas: en la escuela en la que trabajo habrá cambio de pisos, de ventanales, colocación de domo en el patio, remodelación de baños y otros varios servicios; la consecuencia es que durante varios meses deberemos trabajar en modalidad semipresencial porque ya no tuvimos otras opciones de instalaciones. En medio de un debate nacional sobre el uso del celular, deberemos afrontar un desafío, y los medios digitales de enseñanza serán un gran aliado.
Es un buen momento para volver al «Todavía No» propuesto por Bloch: todavía no tenemos nuestra escuela reparada y todavía no tenemos a una mayoría de estudiantes que entiendan plenamente lo que leen. Todavía no, pero es una idea latente.
Cuando era alumno, lo que realmente me emocionaba de volver a clases era la posibilidad de encontrarme con mis compañeros y con los profesores, pues la escuela es un espacio de encuentro, de movilización y de construcción de relaciones que ayudan a superar los retos cuando se le pone movimiento al sueño.
Volver esta semana a clases representa precisamente una nueva oportunidad de convertir los «Todavía No» en realidades: de aprendizaje, de convivencia, de alegría. Una alegría latente para cultivarse en el regreso a clase.





