Lo que miro desde el surco | Del día mundial sin pesticidas a la práctica cotidiana agroecológica

Por: Rodolfo González Figueroa

La Ciénega, Jalisco. 08 de diciembre de 2020. (Letra Fría) El 3 de diciembre el mundo, el país y la región deberían conmemorar el Día Mundial Sin Pesticidas con acciones prácticas, políticas públicas y programas eficaces que motiven, impulsen y ejemplifiquen la producción de alimentos sin el uso de plaguicidas.

Hace 36 años, nos recuerda la historia, en Bophal, India, ocurrió un incidente fatal para la vida de miles de personas, tras el derramamiento de químicos usados para la agricultura en una planta de producción trasnacional murieron cerca de 4 mil personas tras los primeros 3 días de ocurrido el suceso. Al final los muertos fueron 16 mil y la gente intoxicada alcanzó la cifra de 500 mil.

Ante esto, más de 400 organizaciones del mundo integradas en la Red de Atención a Plaguicidas consiguieron que este día fuera motivo para hacer tributo a las víctimas por plaguicidas y sirviera como argumento para generar desde las basas sociales un cambio en la producción agrícola que al día de hoy, según los datos, sigue aplicando al año más de 370 millones de litros de veneno en agricultura.

Agroquímicos; agentes químicos, herbicidas, fungicidas, insecticidas que ni siquiera son eficaces, no han logrado controlar las plagas que generan. Ni siquiera demuestran ser los impulsores de la generación de alimentos para los pueblos. Pues, más del 70% de la cosecha que ese sistema genera no es para alimentación humana. Mientras tanto, lo que sí es para la humanidad es el veneno, la muerte. Según la OMS, al año mueren entre 150 mil y 200 mil personas por intoxicación aguda al año.

En México, los datos no son claros, pero se argumenta que por lo menos de cada caso de intoxicación por plaguicidas que se presenta en los hospitales cinco no se contabilizan por que no llegan a recurrir al médico. El País registra 4 mil intoxicados agudos por año y 5 mil intoxicados leves por mes, más los que no se contabilizan, que por lo menos son cuatro veces más.

Nuestro país sigue autorizando más de 140 plaguicidas prohibidos en otros países y se argumenta que por lo menos 43 son probables cancerígenos, 35 son alteradores hormonales, 82 muy tóxicos para las abejas y por lo menos dos docenas de ellos son disruptores endócrinos.

De todos los estados del país, Jalisco ocupa el primer lugar el número de personas intoxicadas. A partir de la declaración e impulso de Jalisco como Gigante Agroalimentario, se aceleró y multiplicó el uso de pesticidas para los monocultivos agroindustriales (aguacate, berrys, agave, caña de azúcar). El afán de producir más y mantener ese ridículo estatus ha arrasado con los microorganismos e insectos, salud de suelos, salud social, pérdida de la agrobiodiversidad, semillas, saberes, despojo, contaminación de aire y mantos freáticos.

Las plagas continúan, mutan, se multiplican, se hacen resistentes. La gente y su salud se debilita, se deteriora. Los suelos se erosionan, pierden fertilidad. El ecosistema disminuye su diversidad. Sin embargo, del estado de Jalisco, la región con mayor número de casos de intoxicaciones es Autlán registrando 459 casos, siguiéndole Casimiro Castillo con 221. Ambas, tienen en común, el monocultivo agroindustrial de caña.

Y, del Municipio de Autlán, ya con evidencia científica, en El Mentidero el 100% de las y los niños muestreados de entre 11 y 14 años orinan glifosato, al igual que los de Ahuacapán. Además, el agua que se extrae de la red pública a más de 100 metros de profundidad contiene, ya demostrado, altas concentraciones de nitratos y glifosato.

Y no es por nada. Tan sólo en el desierto verde cañero, sin hablar de las quemas agrícolas, en los municipios de El Limón, El Grullo y Autlán se usan más de 30 mil litros de herbicida glifosato por año, 15 mil litros de insecticidas y unas 6 mil toneladas de fertilizantes nitrogenados. Esto, sin contar el uso de pesticidas en coamiles, tierras de temporal, invernaderos y zonas urbanas entrando entre ellas los espacios públicos y el interior de las instituciones educativas como primarias, kinders, secundarias. Ante esto, la CNPR cañera de Autlán, presume, promueve e impulsa ahora las fumigaciones con drones, para que no se intoxiquen los jornaleros.

El caso del Mentidero y Ahuacapán, no será entonces, nada diferente a El Grullo y sus comunidades ni a los pueblos de la Región, sólo que a nosotros no nos han hecho el estudio. La Región está intoxicada.

Sumemos además la pérdida de suelo en este valle de azúcar venenosa, qué de acuerdo al cálculo autónomo campesino desacademizado alcanza en terrenos con por lo menos 10 grados de pendiente las 10 toneladas por año, perdiendo en algunos casos hasta una tonelada de suelo en tan sólo una tormenta de 50 mililitros, tonelada que tardará en regenerarse naturalmente entre 10 y 25 años.

Es urgente dar este repaso y darnos cuenta de la gravedad ambiental, agrícola y de salud pública que atravesamos para comenzar acciones de transición y cambio radical del modelo de producción monocultural y tóxica hacia uno más diverso y saludable.

Mientras algunos investigadores de universidad determinan que las intoxicaciones ocurren porque los productores no tienen información ni equipo adecuado para aplicar los venenos el movimiento Agroecológico independiente tiene claro que la culpa no es de los productores sino de las políticas públicas que siguen favoreciendo ese modelo de producción de muerte sin tomar en cuenta las experiencias de producción orgánica, regenerativa y agroecológica que crece en los patios de las amas de casa y en pequeños lotes.

Este 3 de diciembre, se ha organizado un taller práctico en agroecología con las amas de casa del Mentidero, algunos niños, el Grupo de Aprendizaje Urbano Campesino de Autlán y el Colectivo de Huertos Urbanos del Grullo. Ellas y ellos hacen de la cotidianidad una práctica constante manifestada en acciones transformadoras. Al mismo tiempo, un grupo mixto intergeneracional, en el Municipio de El Limón esta semana conmemora el día mundial sin plaguicidas inaugurando el Huerto Comunitario, Escuela Viva. Para fines del mes, el Grupo de Huertos Urbanos del Grullo tendrá ya 20 huertos. En El Mentidero se comienza con el primer huerto comunitario. Al tanto, el Grupo de Aprendizaje Urbano Campesino Autlán tiene ya 4 huertos familiares y ha conseguido ya una hectárea para trabajar en colectivo construyendo una finca agroecológica demostrativa.

MA/MA

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