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Pablo Lemus, precandidato del poder inmobiliario de Jalisco

“Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los cardos?…”.

Evangelio de San Mateo, 7-16

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Por: Agustín del Castillo | Zoon politikon

Guadalajara, Jalisco. 27 de julio de 2022. (Letra Fría) Entre los poderes fácticos que ejercen influencias con más éxito en las instancias institucionales de la ciudad de Guadalajara y del estado de Jalisco, qué duda cabe: los grandes inmobiliarios forman cabeza. Y si históricamente han contado con la complacencia, la abulia o la omisión de los políticos en turno, en el actual presidente municipal de Guadalajara, Pablo Lemus Navarro, el más notable de los precandidatos a la gubernatura, tienen a uno de los más conspicuos promotores de sus intereses.

No es algo que siquiera se pretenda ocultar.

El ex líder de la Coparmex local no solo defiende abiertamente al sector como uno de los grandes activos de la ciudad y el estado, lo que puede ser; sino que, sin pudor, hace lo posible por imponer su agenda, lo que ya debería despertar suspicacias. 

No necesitamos hacerle al misterio con la alusión a reuniones privadas, grabaciones secretas, documentos generados “en lo oscurito” o citas en lugares inconfesables: el alguna vez estandarte opositor ha sido transparente al otorgar licencias, concesiones, espacios públicos y promesas de beneficios a lo más granado de ese sector empresarial local, que como sabemos, tiene un peso notable en la generación de empleos y riqueza.

Es verdad que algunos de esos compromisos -que implican la entrega al sector privado de espacios públicos de los municipios que ha gobernado, o la creación de infraestructura para hacer viables los negocios inmobiliarios- no nacieron en sus gestiones administrativas, pero Lemus Navarro es ejemplar al sostener y rescatar los acuerdos (aunque a veces hay que inventarse una bravata para impresionar al respetable público), algunos de los cuales son, por lo menos, polémicos. 

No es casual que entre los recurrentes beneficiados por sus decisiones administrativas se encuentre el “Grupo de los cinco”, que son nada menos que las empresas inmobiliarias más poderosas de la capital de Jalisco: Grupo San Carlos, conformado por Salvador Ibarra Álvarez del Castillo y sucesores; Domus Desarrolladora Inmobiliaria de los hermanos Padilla Quiroz y sucesores; Tierra y Armonía, de Juan José Errejón Hernández y Beatriz Eugenia Alfaro y sucesores; Grupo Mendelssohn, de los mismos dueños, y finalmente, GIG, de Raymundo Gómez Flores, ex banquero, ex propietario de Grupo Dina y ex senador por el PRI, y sus hermanos.

Si el lector ve la recurrencia del apellido Alfaro en dos de las cinco “grandes”, le advierto que no es casualidad.

La familia del hoy gobernador ha hecho negocios desde antes que éste alcanzara cargos de poder, pero no hace falta más que una pequeña inmersión en documentos de transparencia de los ayuntamientos metropolitanos para darnos cuenta que a lo largo de sus gobiernos, la familia prosperó.

Y no hace falta que el hoy gobernador intervenga -supongo que la “portación de apellido” funciona maravillosamente en la sociedad de privilegios -; allí está Lemus Navarro para echar la mano.

Allí es donde se puede adivinar que el conflicto que a veces se asoma entre ambos políticos podría ser un tanto artificial, quizás para aparentar democracia interna en Movimiento Ciudadano. Al menos, se podrá decir que el alcalde tapatío tuvo la habilidad -o la necesidad – de separar la grilla con un gobernante tan de armas tomar, de los intereses económicos que sus familiares representan. Es evidente el riesgo para la democracia que entraña un personaje en el cual convergen intereses políticos y económicos incluso más que en el caso de Alfaro, al que sus críticos se cansan de señalar por ese pecado.

Pero Lemus se sabe disfrazar: es mucho menos “transparente” en la expresión de emociones, lo que lleva a muchos a creer que su “afabilidad” es un aceptable progreso ante la violencia verbal del gobernador en funciones. No siempre, si esencialmente se trata de poner careta en un rostro, de manejar la consabida agenda alternativa, por abajo de la mesa o “en lo oscurito” (frase coloquial inmortalizada por otro político, de escala presidencial, enormemente hábil para no demostrar que es “un vulgar ambicioso”. No me diga, amable lector, que no sabe quién es).

Me iré seis años atrás, cuando me tocó documentar el primer “ventaneo” de quién es Lemus. Yo trabajaba en Milenio Jalisco. El 4 de julio de 2016 publiqué una noticia documentada con una lectura atenta del Plan de Ordenamiento Territorial Metropolitano (POTmet), que acababa de ser aprobado bajo un ufano Enrique Alfaro que ya ejercía de alcalde tapatío y prodigaba su intolerancia contra el periodismo. “Zapopan impone Colotlán en el POTmet”. Resulta que contra la propia lógica del PPOTmet, se habían señalado cuatro “centralidades emergentes” en zonas no aptas para desarrollo urbano, pero que respondían a la lógica de los intereses inmobiliarios allí asentados.

Pablo Lemus Navarro implantó, por compromiso con los inmobiliarios, las centralidades emergentes La Azucena y Colotlán, una zona cuya única vía de acceso es esa carretera que conecta a la capital del estado con el sur de Zacatecas y el norte de Jalisco, una abierta política de expansión urbana que iba contra el espíritu de contención metropolitana que supuestamente inspiraba al POTmet.

Mes y medio antes, Lemus Navarro participó en el Congreso Vivienda y Ciudad que convocó la Cámara Nacional de Vivienda (Canadevi) en Puerto Vallarta. Allí dijo: 

“[…] la parte fundamental desde mi punto de vista es la creación de alianzas, lo que hemos hecho en distintas partes del municipio, por ejemplo, un lugar que se ha puesto como foco de crecimiento importante, y me refiero a la [zona que rodea a] carretera a Colotlán, donde tenemos actualmente alrededor de 140 mil habitantes, y existen expectativas de construcción de vivienda en la zona, de alrededor de 80 mil viviendas más; y si ponemos a cuatro habitantes por vivienda, y que estas se pudieran desarrollar en los próximos siete años, estaríamos hablando de 320 mil personas, más las que teníamos, estamos hablando prácticamente de 500 mil personas…”.

Para el alcalde, no se trataba de algo a evitar. Lo vio como un reto. “Dimensionándolo, es tener otro Tlajomulco en la carretera a Colotlán, de ese tamaño es el reto, ¿qué tenemos que hacer?, […] tenemos que privilegiar llevar servicios e infraestructura a la zona, y la única forma de hacerlo es creando alianzas, por eso he establecido un puente de comunicación y de negociación con la SCT [Secretaría de Comunicaciones y Transportes] en la zona, y con ellos ya están asegurados los recursos para la carretera de cuatro carriles, con cemento hidráulico, hasta el kilómetro 9; sin embargo, estamos en la negociación para aumentarlo hasta el km 11.5 cuando menos”.

En el festín de inversión pública para dar plusvalía y sentido a las inversiones privadas, hablaba del nodo vial de la carretera a Tesistán, de la la ampliación y terminación de las avenidas Ángel Leaño y Federalistas; del arranque de una preparatoria de la UdeG para 3,500 estudiantes, de instalar una Cruz Verde y módulos de seguridad pública, “… y finalmente, estamos aprobando también dos parques industriales, porque no solamente con servicios vamos a mejorar las cosas; tenemos que llevar empleo a la carretera a Colotlán, para que la gente no se tenga que trasladar forzosamente a distintas partes del municipio, porque ocasionamos un gran caos vehicular en la zona…”.

La alianza con los desarrolladores, concluía, “es aceptar que no podemos solos como gobierno […] creo que es la mejor forma de tener un crecimiento armónico, y sobre todo, en beneficio de la ciudad, pero siempre con una visión metropolitana”.

El POTmet, presentado un mes después de las promesas de Lemus a los desarrolladores, permite las “centralidades emergentes”. Las centralidades son la base de un modelo policéntrico de ciudad que incluye de cuatro tipos: metropolitanas, periféricas, satélites y emergentes. Se determinaron “relacionados a los objetivos del modelo policéntrico de ciudad.

Esto permite generar parámetros para establecer indicadores que facilitan medir su consolidación en un futuro y para la implementación de estrategias de desarrollo acordes a su contexto que fortalecen el modelo de desarrollo de ciudades” (página 299 del POTmet). El análisis incluye aspectos como conectividad vial y de transporte, suficiencia de servicios y equipamiento, y robustez de la vida económica allí presente, que influye e irradia a todos los alrededores.

“La medición y ponderación de indicadores en las centralidades permite generar parámetros para la implementación de estrategias de desarrollo acordes a su contexto y en atención a sus particularidades, además de cumplir la función de parámetro para medir y evaluar su consolidación conforme éstas se desarrollen de acuerdo a los instrumentos y mecanismos que los municipios definan”.

Las centralidades emergentes son las peor calificadas.

De hecho, en el mapa de la página 228-229 del POTmet se indica con claridad que los centros emergentes de Zapopan no cubren condiciones para ser urbanizados, tras analizarse las siguientes variables: costo de construcción determinado por la pendiente del terreno, riesgo de deslizamiento por pendiente del terreno, zonas propensas a inundación, distancia hasta núcleos urbanos, distancia hasta vías de comunicación, capacidad de carga del transporte público, distancia hasta servicios de agua potable y alcantarillado, distancia hasta riesgos antrópicos. Son suelos de aptitud baja a muy baja de urbanización.

Sin embargo, el texto es transparente respecto a los motivos de su inclusión: “Como excepción de este método, por petición específica de los municipios correspondientes se incluyen las siguientes centralidades por municipio: En el municipio de Zapopan se integran las centralidades identificadas como Colotlán y La Azucena; en el municipio de Zapotlanejo se integran las centralidades identificadas como Delegación de Matatlán y Delegación de La Purísima…” (pág 280).

¿Se puede hablar de una planeación seria cuando un político impone sus intereses contra las propias premisas del plan?

No sería la primera vez: las poderosas empresas inmobiliarias y constructoras de vivienda no solo han diseñado históricamente el paisaje urbano de la metrópoli, sino que aprovecharon las frágiles reformas “federalistas” al 115 constitucional, en 1992, para imponer sus condiciones de negocio a autoridades municipales (tanto metropolitanas como de ciudades medias) que no estaban preparadas para recibir tanto poder de decisión. Hace diez años era para expandir la ciudad capital; hoy es para desarrollarla hacia el cielo. En ambas experiencias prevalece la arbitrariedad, las omisiones de los municipios y los discursos baratos que encarecen un desarrollo cojo.

Una influencia que no han perdido pese a los vientos de corrección de una política desastrosa, que soplan, de forma cada vez más tímida, desde la Administración federal. Si en la década de los noventa del siglo XX, ese lobby pudo vetar la publicación del decreto actualizado del Plan de la Zona Conurbada de Guadalajara, que databa de 1982 y obligaba a actualizar instrumentos para garantizar el control, en un tiempo tan reciente como 2010 ejercieron su poder para impedir que se convirtiera en decreto el Plan de Desarrollo Urbano de la Región Metropolitana de Guadalajara.

El lobby veta lo que se oponga a su modelo de negocios: en 2015, por ejemplo, el entonces alcalde de Zapopan, Héctor Robles Peiro, reconocía que presiones de la cámara de los desarrolladores de vivienda, Canadevi, habían llevado a postergar la entrada en vigor del Reglamento de Desarrollo Urbano, Construcciones y Ordenamiento Territorial.

A nivel federal, la Ley General de las Ciudades y el Territorio, que significaba el regreso de la rectoría del Estado en el tema, fue bloqueada en diciembre de 2014 y en marzo de 2015. Eran los tiempos de gloria de los gigantes nacionales de la vivienda social:  Homex, Constructora ABC, CADU Inmobiliaria, Dynamica Desarrollos Sustentables, Kimmo, Grupo Coplan, Consorcio Hogar, Urbi, Grupo GEO y Ara, entre ellas. Buena parte de estas se fueron a la quiebra, ante el fracaso del modelo de negocios que se refleja en más de medio millón de viviendas solas en las periferias de las ciudades mexicanas. 

Pero los inmobiliarios sobrevivientes no perdieron porque poco apostaron por la vivienda masiva. Los suyos son los mercados medio hacia arriba. Y del mismo modo que construyen torres en Providencia o La Minerva, hacen fraccionamientos en Tonalá o Zapopan, incluso en áreas de fragilidad ambiental. Para eso está Pablo Lemus, para apoyar sus gestiones “por el progreso de Jalisco”.

Por ejemplo, contra la opinión de muchos vecinos de la cabecera de Zapopan y de la colonia Seattle, Lemus entregó una propiedad pública privilegiada, enclavada en el ingreso de la cabecera municipal, a Tierra y Armonía. Dijo que costó el predio 67 millones y el valor de lo que les regresarían era de 140 millones… aunque fuera puro aire, pues será un piso de ocho que construirá la desarrolladora. El reclamo de un parque público fue irrelevante para el entonces alcalde zapopano.

Es una medida congruente con la idea del alfarismo de redensificar la ciudad…en los bueyes de los predios públicos, el compadre de todos. Bajo esa premisa, ha permanecido omiso a las promesas de defender los bienes de la ciudad cedidos por Alfonso Petersen Farah hace quince años en Iconia, terrenos adquiridos por la administración de Arnulfo Villaseñor Saavedra para un gran parte metropolitano, en 1981. Y no es casual que promueva incluso la presencia de la Guardia Nacional para intimidar a los vecinos del parque San Rafael, al oriente de Guadalajara, que demandan el cese de una infraestructura que hará posible que Grupo San Carlos (otro de los cinco grandes) termine su negocio con las torres construidas a un lado del parque, en el sector Reforma. 

Su amigo Juan José Frangie, como alcalde de Zapopan, cuida los acuerdos ya tomados para que GIG de los Gómez Flores, y la ubicua Tierra y Armonía, concluyan sus proyectos en El Nixticuil y El Diente, en los linderos de un área protegida cada vez más deteriorada por los desarrollos inmobiliarios de esos consorcios, que han sido topoderosos para enfrentar a los vecinos de la zona y para imponer infraestructura a costa de la comuna, es decir, de los impuestos de los zapopanos.

Usted me dirá, “pero allí están las villas panamericanas”. Lamento decepcionarlo.

La oposición artificial del ex alcalde de Zapopan a la habitabilidad del inmueble solo sirvió para darle un rostro verde, mercadotecnia, que se cayó cuando se fue a Guadalajara (fue muy notoria la omisión al interponer recursos en tiempo y forma contra la determinación del Tribunal de Justicia Administrativa: jugó para la tribuna, no para ganar el partido).

Lemus Navarro hizo sufrir un rato a ex socios suyos con los que salió mal en un negocio en una institución de crédito años atrás, y que se habían atrevido a demandarlo (dicen las malas lenguas que el ex gobernador, hoy difunto, Aristóteles Sandoval, convenció a los quejosos de desistirse). Pero no les quitó el negocio.

Como el presidente López Obrador, solo necesitaba avisar quién manda. Hoy, las villas están en venta, el futuro de la zona de El Bajío es incierto, los bienes públicos continúan el proceso de depredación por los intereses inmobiliarios… y Pablo Lemus Navarro, el gran empresario promotor de una “visión progresista” para la ciudad y Jalisco, se encamina a la candidatura de Movimiento Ciudadano por el gobierno de Jalisco. Con todos estos antecedentes, ¿es realmente el gobernante que Jalisco necesita? 

CAC

Agustín del Castillo es periodista desde hace tres décadas y se ha especializado en temas de medio ambiente, desarrollo rural y urbano. Ganador en cuatro ocasiones del Premio Jalisco de Periodismo (1996, 2006, 2018 y 2020), del premio latinoamericano de periodismo ambiental de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza y la Fundación Reuters en 2008; de premios nacionales de periodismo ambiental en 2006, 2010 y 2015; del Reconocimiento Nacional de Conservación de la Naturaleza (2005), entre otros; autor de los libros de reportaje y crónica Montañas de Jalisco (2003), La Primavera en llamas (2006) y Arterias de vida, los ríos de occidente (2007) y coautor en siete libros más. Trabaja actualmente en Canal 44 y radio Universidad, de la UdeG, donde es conductor, guionista y responsable editorial del proyecto. Territorio Reportaje, y es colaborador habitual de La Plataforma de periodismo ambiental Mongabay. También escribe una columna quincenal en El Respetable.

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