Autlán acumula una semana con escasez de gasolina. Largas filas en las estaciones de servicio y gasolineras cerradas recordaron al ya lejano 2019, cuando el entonces presidente López Obrador intentó frenar el robo sistemático de combustible. Esta vez las causas fueron distintas, pero igual dejaron algunas lecciones valiosas sobre las que vale la pena reflexionar.
Primero, el antecedente: a principios de junio, pescadores de Manzanillo reportaron un derrame de combustible en 47 hectáreas de la bahía. Entre las zonas afectadas estuvo la del puerto, donde buques de PEMEX abastecen la venta al mayoreo de gasolina que se transporta por pipas a estaciones de Autlán, y por precaución la paraestatal decidió parar la venta. Las condiciones climatológicas dificultaron la limpieza y, al paso de los días, la gasolina se terminó. Cuando eso ocurre, los vendedores del combustible deben ir a comprarlo más lejos.
Pues bien, la espera para cargar el tanque aportó cinco lecciones que vale la pena compartir:
Asumir la incertidumbre y la vulnerabilidad es la primera lección. La vida humana y el equilibrio social están expuestos a imponderables y decisiones que se salen de nuestro control. Superar pronto la frustración, preparar alternativas y enfrentar el reto es una necesidad en un mundo en el que no podemos confiar en la certeza natural y menos en la infalibilidad de quienes toman decisiones.
La segunda lección es la importancia de comunicar la verdad. El caos se gestionó con mensajes en redes sociales y nos dimos cuenta de que el problema no son las redes sociales, sino que esta experiencia tuvo mayoritariamente una comunicación ausente de mentiras a partir de mensajes como: “en tal gasolinera llegó una pipa” o “yo fui y estaba abierto, aunque había mucha gente”; así decidimos con certeza.
La tercera lección es la facilidad con la que reducimos lo que no es indispensable. No sé ustedes, pero en estos días yo caminé más, compartí más el coche e incluso tomé el camión, lo cual redujo el tráfico y mi gasto personal. No sacrifiqué ninguna cosa importante, pero sí reduje el gasto de combustible y, con ello, la huella ecológica y económica.
Trump intervino Venezuela y empezó una guerra por el petróleo y las gasolinas. Son sucesos que ocurrieron lejos y por lo pronto nos resultan ajenos. Pero esta vivencia, como cuarta lección, establece la importancia de mantenerse atento a los sucesos lejanos con potencial de afectar lo local.
La quinta y última lección es lo imprescindible de la civilidad y la organización en momentos de crisis: en las largas filas de las gasolineras nunca hubo un altercado o una discusión; quien llegó primero se formó, yo no vi a nadie que agandallara tambos de gasolina y, en general, asumimos la organización que se nos indicó o la que los mismos usuarios con amabilidad pudimos desarrollar. No por miedo al castigo, sino porque, organizados, la pasaríamos mejor.
Según los comunicados de las autoridades portuarias en Manzanillo, había esperanzas de que esta semana se regularice la venta y, con ello, pronto vuelva la calma a las gasolineras de Autlán. Mientras tanto, no hay que olvidar las lecciones que la escasez nos regaló.





