Realidad Alterna | Mide tus palabras, que después tus palabras te medirán a ti.

in Lourdes Cano Vázquez

Por: Lourdes Cano Vázquez.

Guadalajara, Jalisco. (18 de abril 2018) Es una regla general de supervivencia social el ser cuidadoso con las palabras que uno dice, porque quien sabe, en el futuro uno tenga que tragárselas y pudieran sabernos muy amargas. En política esta premisa es más poderosa,  un político no sólo puede verse en la necesidad de tragarse sus palabras, también puede convertirse en víctima de ellas; las promesas vacías dejan huella sobretodo en una época donde todo el que tenga un teléfono, puede dejar testimonio de cada cosa que alguien diga.

López Obrador encabeza las preferencias electorales a poco menos de tres meses de la elección, y en más de una década de campaña, es natural que su discurso esté desgastado; a estas alturas llegar a la presidencial es más que obsesión para el eterno candidato, en realidad ya no importa lo que diga si el discurso lo mantiene en boca de la opinión pública, si su palabra prende a las multitudes aunque de antemano él sepa que no es posible cumplir su promesa.

Uno mismo elige qué tan profundo cavar la propia tumba, uno solo pone la vara con la que será medido, en el caso de López Obrador es tan profunda como grande su boca; un ejemplo es claro, su postura respecto al uso del avión presidencial, mismo que piensa vender una vez que llegue a Los Pinos:

¿Qué va a pasar si tienes que ir un evento en las Naciones Unidas, tu vuelo se retrasa y no puedes llegar?

– “Pues no llegué”

Acto seguido, se filtran las imágenes de López Obrador bajando de un avioneta privada, y evidentemente las criticas empezaron a llover. No tiene nada de malo que un candidato presidencial viaje en aviones, los cuestionamientos sobre cómo se financió ese viaje son irrelevantes cuando probablemente vienen de los recursos asignados para su campaña, aquí lo que se condena es la falta de congruencia y el poco valor que él mismo le da a su palabra.

Mas grave aún será que este patrón se repita de llegar López Obrador a la presidencia y no le sea posible cumplir todas esas promesas que hace sin decir cómo lograrlas; ahí es donde se convertirá en víctima de sus palabras, lo malo es que no será sólo él quien sufra las consecuencias de un discurso vacío, sino todos los que ciegamente le creen, peor aún, también los que no terminamos de creer.

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