Agenda ciudadana | Cienfuegos y el llano en llamas

Hoy, David Chávez Camacho nos comparte su opinión sobre las implicaciones políticas y electorales de la detención del exsecretario de la Defensa Nacional, el General Salvador Cienfuegos, tanto en México como en Estados Unidos.

Por: David Chávez Camacho

Autlán de Navarro, Jalisco. 21 de octubre de 2020. (Letra Fría) Las instituciones públicas estadounidenses no se andan por las ramas cuando de producir efectos de opinión pública se trata, su guerra con Irak fue la madre de todas las campañas mediáticas, con invasión y todo.

Por estos meses, México les ha provisto de material de gran utilidad en vísperas de la elección presidencial estadounidense. Y viceversa, Estados Unidos provee de material sin desperdicio al gobierno mexicano, para efectos similares de trascendencia electoral en 2021.

A este paso, la consulta en México —aprobada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación— de preguntar a la población si está o no de acuerdo en aclarar decisiones públicas de actores políticos, resultará innecesaria al gobierno mexicano.

Las detenciones en Estados Unidos, de Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad Pública con el expresidente Felipe Calderón Hinojosa, del PAN, y ahora del General Salvador Cienfuegos, exsecretario de la Defensa Nacional con el también expresidente Enrique Peña Nieto, del PRI, no son asunto menor.

De hecho, son asuntos mayores, que como síntomas reflejan la gravedad de la enfermedad llamada crimen organizado en México. Debe entenderse, entonces, la necesidad que tiene el presidente Andrés Manuel López Obrador de ser acompañado por fuerzas mayores para poder meter mano y limpiar, si es el caso, en la profunda corrupción que, desde hace muchos años, tantos que pudieran significar prácticamente toda nuestra historia como país, ha dañado nuestra vida pública.

Esas dos fuerzas mayores que el presidente López Obrador necesita, si es que en verdad lucha en contra de la corrupción, son dos: el pueblo de México y poderes internacionales. Para la primera fuerza, la del pueblo, las consultas; y para la segunda, las fuerzas internacionales, el intercambio de información y el favor de las coyunturas políticas.

Todo esto, claro está, es real politik, no idealismo realizado. El gobierno estadounidense administra la justicia según le convenga. Ya se ha dicho que previamente el General Cienfuegos recibió un reconocimiento público en aquel país, lo que seguramente le generó confianza como para ir de paseo a territorio estadounidense con todo y su familia.

Ahora están por verse los efectos de estas detenciones en México. Además de las consecuencias obvias en materia electoral, con el tamaño de estas desacreditaciones a los gobiernos de Calderón y de Peña Nieto, hay y habrá otros efectos, como la depuración del ejército ya anunciada por el presidente López Obrador.

Mientras tanto, la corrupción ya está evidenciada, lo que da razón plena al diagnóstico del candidato y ahora presidente de México. Es cierto que la limpia de la vida pública es necesaria y hace falta.

Por supuesto, es imprescindible que tal limpia, no sólo pública, también privada, sea una realidad. Si ello no ocurre, como nación permaneceremos en el basurero moral de la historia, el de los primeros lugares en la medición internacional de la corrupción.

Ésta, la corrupción, echa a perder los proyectos nacionales, públicos y privados, sociales e individuales. Acabar con ella no debe ser sólo un recurso discursivo o de política electoral, sino política pública y cultura general.

LL/LL

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