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David Chávez Camacho indaga en la crisis política de Ecuador y el paralelismo con la transformación política de México.

Por: David Chávez Camacho

Autlán de Navarro, Jalisco. 14 de octubre de 2019. (Letra Fría) Durante los días recientes, ya de manera intensa, Ecuador exporta imágenes muy fáciles de romantizar. Protestas callejeras, soldados solidarizándose con los manifestantes, indígenas en revuelta.  Pero también son más que imágenes, son hechos, protestas reales derivados de problemas sociales reales.

Para analizar asuntos de este tamaño, hay que recurrir a los economistas y a los especialistas en geopolítica. Existe un problema agregado que tiene también efectos sociales: la inevitable mediatización del análisis de la realidad que se vive. Uno puede observar lo que vive personalmente, pero no la compleja realidad que le rodea. Se depende de otros para entender, la objetividad total sería un milagro.

Como sea, uno confía en lo que otros dicen, y con tal confianza adquiere valor resistirse a la ingenuidad, otorgarle crédito a la propia experiencia como filtro de la información que uno recibe. Es claro que así ha ocurrido con eso que llaman neoliberalismo. A la mayoría, en Ecuador como en México, nos fue mal con esa corriente política, signifique lo que signifique. Pues, ¿qué puede ocurrir con el no-neoliberalismo?

En Ecuador, según algunos expertos en geopolítica disponibles por internet, el no-neoliberalismo, el del expresidente Correa, no resultó en un cambio, sino en propaganda. Ahora, los ecuatorianos están en manos del Fondo Monetario Internacional, con las medidas de austeridad que éste impone, nunca populares. Al leer de esto uno empieza a asustarse. ¿En México en verdad se desarrolla un cambio? La pregunta no es ociosa, pues por acá se ofreció una transformación a nivel historia.

¿Es posible un cambio de tal calado? ¿Se observa? ¿Cuánta creatividad imaginativa se necesita para generar un cambio tal, cuánto compromiso moral? ¿Nos estamos relacionando de manera realmente distinta, en términos económicos, los mexicanos?  

Una transformación tamaño Independencia, Reforma o Revolución Mexicana tendría que flotar en mareas de pensamiento enormes, cambios de época. El problema con el neoliberalismo, la modernidad y la globalización es que aún no asoma la opción.  ¿Cuál es el nuevo modelo económico? ¿Cuál la nueva autopercepción de lo humano, de la cultura?

Por supuesto, están las propuestas a favor de las relaciones de género o las medioambientales. Simpáticas, pero en verdad son más reclamos que propuestas novedosas. En México no hemos respondido suficientemente a tales demandas que exigen acciones determinantes, y en lo político aún estamos en la etapa de acabar con la corrupción, que se administra desde el poder con criterios más políticos y partidistas que morales.

El cambio, la transformación, son deseables, pero habría que ver si en verdad cambiamos y nos transformamos. Hay que ser prudentes y mesurados en la esperanza, no vayamos a caer en la decepción… y luego en los brazos del FMI.

LL/LL

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