Agenda ciudadana | La otra oposición

Por: David Chávez Camacho

Autlán de Navarro, Jalisco. 08 de febrero del 2021. (Letra Fría).- La opinión pública en México manifiesta a la oposición política como un espectáculo lamentable, una lucha (¿libre?) de blanco y negro, sin matices, en la que unos acusan a otros de ser los malos, y viceversa, sin que unos ni otros demuestren poseer la verdad.

La verdad se demuestra con conocimientos de la realidad, y sólo hay una realidad, así que sólo hay una sola verdad. De tal manera, la oposición debiera sólo ofrecer matices, diferencias mínimas en la oferta política y de gobierno.

Como la opinión pública no es un espacio propicio a los conocimientos, sino a las creencias y a las opiniones subjetivas, el discurso y las acciones de las oposiciones políticas son triviales, frívolas y demagógicas.

A la primera vista se puede creer que casos como los de Paquita la del Barrio y Kiko, cantante respetable, la primera, y cómico plausible, el segundo, así como deportistas, payasos y similares, que son postulados como aspirantes o candidatos a puesto de elección, evidencian una carencia de seriedad en la política partidista, y hay razones que apoyan tal valoración.

Por supuesto, como se ha dicho, todas y todos los ciudadanos tienen derecho a participar en la política. Sin embargo, la ciudadanía sola no garantiza que se tenga los conocimientos y habilidades necesarios para administrar sistemas de gobierno, de seguridad, de salud, urbanísticos, de desarrollo social, etcétera. Claro, podemos suponer que Paquita y Kiko tienen conocimientos suficientes, ojalá.

Pero la degradación de la política partidista y en consecuencia de la gobernación no principia ni termina en el ingreso de personajes del espectáculo. Habría que preguntarse si otro tipo de personas tienen esos conocimientos y habilidades. Es decir, no ser personaje del espectáculo tampoco garantiza ser apto y capaz de ser un buen gobernante.

Actualmente, la lucha política, la oposición mutua, se caracteriza en México por tres aspectos en los cuales se fundamentan las distintas posiciones. Están los que pretenden caracterizarse por representar una visión moral con tintes religiosos, como  el PES y el PAN; están los que se presentan como de izquierda con tintes socialistas, especialmente MORENA, basados más en visiones ideológicas muy revisables; y están los de visiones liberales (o neoliberales), con puntos de vista más económicos o, si se quiere, econométricos, que en teoría promueven las libertad individual y de mercado como fundamentos de la democracia, como MC.

Lo cierto es que la última visión referida es la más acorde a la realidad, aunque esta afirmación genere incomodidad. Genera incomodidad porque detrás de tal afirmación objetiva hay razones y no sólo emociones. Las ideologías se basan en emociones y por ello suelen ser fallidas.

La mejor democracia es la que se cimenta en la autosuficiencia de las y los ciudadanos, como individuos libres. Si se observa, esta es la más deseable de las utopías. Es en tal sentido que la política debiera promoverse, y no en el impulso de líderes carismáticos o caudillos que se imagina vendrían a resolver los problemas de todos, lo que obviamente no pueden hacer.

Las emociones son imprescindibles, inevitables, naturales, pero son consecuencia de las percepciones y de las ideas. Éstas, las ideas, pueden ser acertadas o equivocadas. Por ello, para revisar las emociones, hay que revisar las ideas que se tiene.

Aquí es donde podría emerger la otra oposición, la del conocimiento, que uno podría suponer se halla en las universidades e instituciones de investigación y difusión de conocimientos. No es que uno espere su conversión en institutos políticos, sino en proveedores de conocimientos, para que las y los mexicanos tengamos ideas mejores, más objetivas, más acordes con la realidad.

¿Será posible tal generosidad?  ¿Las universidades públicas y privadas, y las instituciones de vocación similar podrían compartir sus conocimientos?

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