Agenda Ciudadana | Los lixiviado del PRI

en Plumas

Por: David Chávez Camacho

Autlán, Jalisco; 19 de agosto de 2019. (Letra Fría) El domingo 11 de agosto, el PRI pasó por una elección interna que mostró su estado agónico. Aquel partido de masas, tamaño sistema político, de hace décadas, que para bien y para mal protagonizó la historia política de México durante buena parte del siglo XX, es ahora pura nostalgia para los ingenuos y motivo de sonrisas socarronas para prácticamente todos los mexicanos.

Fundado en 1929 como Partido Nacional Revolucionario, convertido luego en Partido de la Revolución Mexicana, cuando Lázaro Cárdenas, y después en Partido Revolucionario Institucional, con Miguel Alemán, el PRI fue una maquinaria electoral y gubernamental formidable, y revisable, claro. No fue precisamente democrático, porque no lo necesitaba y no lo podía ser, pues en toda Hispanoamérica la democracia era un modo político extraño.

Se puede decir que nació de una gran habilidad histórica, la de Plutarco Elías Calles, en una época políticamente fortísima, apenas terminada la Revolución Mexicana. Y también se puede decir, como obviedad, que agoniza con una gran torpeza iniciada en el 68, proseguida con la demagogia y corrupción de López Portillo y Echeverría Álvarez, y llevada al cenit con Miguel de la Madrid Hurtado, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo y Enrique Peña Nieto, los presidentes priistas considerados como neoliberales. Éstos últimos lo dejaron sin ni siquiera ideología.

El PRI es ya una pálida sombra de lo que fue, habiéndose traicionado a sí mismo. Se traicionó tanto que desmanteló el discurso ideológico caprichoso, artificial, a modo, que varias generaciones construyeron, adueñándose de los colores de la bandera nacional y de personalidades históricas a diestra y siniestra, desde Cuauhtémoc hasta Lázaro Cárdenas, su último héroe a la altura de la retórica, aunque han intentado sumar a su panteón a Luis Donaldo Colosio, en todo caso mártir de nota roja.

Si bien Wikipedia no es fuente de toda credibilidad, es de notar que describe al PRI ideológicamente como de centroderecha, caracterizado por el centralismo, el corporativismo, la tecnocracia y el neoliberalismo. Durante las décadas recientes, los priistas se encargaron con entusiasmo en mostrarse así, como una enorme contradicción. Es obvio que se asimilaron a su enemigo histórico, el PAN, y hasta hubo priistas que cometieron la impudicia de sugerir la reivindicación de Porfirio Díaz, luego de haber desaparecido a Zapata, Villa y Cárdenas de su iconografía en los 20 de noviembre y los primero de mayo.

El domingo 11 de agosto, cuando la minoritaria votación priista, el entonces secretario general del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, Arturo Zamora Jiménez, afirmó entrevistado que el Revolucionario Institucional debía acabar de una vez por todas con su corrupción, mientras era sorprendido por una reportera con una credencial del INE ajena en sus manos.  La caricatura se cuenta sola.

MA/MA

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