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La infancia de Juan Rulfo en San Gabriel, Jalisco | Desde El Llano rulfiano

José de Jesús Guzmán Mora, cronista de San Gabriel, Jalisco, en su columna Desde el Llano rulfiano, escribe acerca de los años vividos por Juan Rulfo en tierras gabrielenses durante su infancia entre 1919 y 1926 y las declaraciones acerca de su cariño por el pueblo de San Gabriel, Jalisco.

Juan Rulfo. (Foto: Especial)

Por José de Jesús Guzmán Mora, Cronista de San Gabriel, Jalisco

Autlán de Navarro, Jalisco, 8  de mayo  de 2022, (Letra Fría). Juan Rulfo nació el 16 de mayo de 1917. Él sostuvo en entrevista a la televisión española en 1977 que este hecho ocurrió en la hacienda familiar de Apulco, municipio de Tuxcacuesco, Jalisco; fue registrado y bautizado en Sayula, donde se conservan las actas respectivas. 

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Vivió en la población de San Gabriel, Jalisco, hasta los diez años, en compañía de su madre y su abuela materna doña Tiburcia Arias Vargas.

Antecedentes. El 31 de enero de 1914 contrajeron matrimonio Juan Nepomuceno Pérez Rulfo y María Vizcaíno Arias, padres de Juan Rulfo, en el templo de Apulco. En diciembre nació Severiano, el hijo primogénito. 

Con motivo de los ataques revolucionarios a los hacendados de la región, la familia -compuesta por sus padres y sus hermanos Severiano y Francisco- se estableció en Sayula, posteriormente arribaron a San Gabriel en 1919. 

Su casa paterna. Por la Calle Hidalgo a espaldas del templo parroquial de San Gabriel, existen tres casas: la de la familia Corona Curiel; en el otro extremo la de la familia Sedano Vargas, la de en medio, que era propiedad de Juan Nepomuceno “Cheno” Pérez Rulfo y María Vizcaíno Arias y que -pasado el tiempo- ostentara la señora María Eva Pérez-Rulfo Vizcaíno, quien a su vez, la vendió al señor Antonio Díaz Lepe, propietario desde 1955, hoy ya fallecido. La casa actualmente permanece cerrada.

En esta última casa, el 22 de enero de 1922, nació María Eva, hermana menor y última hija del matrimonio Pérez Vizcaíno. 

En el Colegio Josefino. En 1923, según algunos autores, Juan Rulfo ingresó a la escuela primaria en San Gabriel. Hizo su primera comunión el 19 de marzo de 1923 en el templo parroquial gabrielense. 

En 1924, se cambió al Colegio de las Monjas Francesas de la Orden de las Josefinas, que venían de Colima. El colegio cerró sus puertas en 1926 porque había iniciado la guerra cristera. Muchos de sus compañeros y él mismo tuvieron que ingresar a la Escuela de la Maestra Pudenciana Cervantes Chávez y, enseguida, con la Maestra Ma. de Jesús Ayala Sedano. 

La muerte de su padre, el 2 de junio de 1923, y  la de su madre, el 27 de noviembre de 1927, obligaron a que él y sus hermanos quedaran bajo la custodia de su abuela materna doña Tiburcia Arias Vargas, de avanzada edad.

Doña María Vizcaíno murió cuando Rulfo tenía diez años, y fue enviado junto con su hermano Severiano, al Colegio Luis Silva de Guadalajara. Después ingresó al Seminario Conciliar del Señor San José y luego de una estancia de tres años, regresó a San Gabriel y Apulco. 

Sus compañeros del colegio gabrielense. Son varias las personas que se acuerdan perfectamente de la niñez de Juan Rulfo; existen testimonios fehacientes de su infancia, entre ellos el de un compañero de escuela y colegio don Saturnino Ramos que acostumbraba pasar sus vacaciones en San Gabriel.

Este personaje identificó de inmediato a Juan Rulfo y a Severiano de entre la chiquillada que aparecen con el Párroco don Ireneo Monroy Nuño y las religiosas de la Orden francesa de las Madres Josefinas. 

Juan Rulfo en San Gabriel, 1923. Foto colección de Edmundo Villa de la Mora.

Testimonios de su infancia en San Gabriel. Igualmente existen los testimonios de la señorita Magdalena Corona Curiel, vecina de la familia de don “Cheno” que conocieron muy bien a la familia Pérez Vizcaíno. Entrevistada el 4 de julio de 1987, por el Dr. Juan Villalvazo Naranjo, en el periódico gabrielense La Voz del Llano No. 75, decía que…

“Don Cheno, era como muchos de los señores de su tiempo, con cierta posición, que eran dueños de tierras y que tenían a su cargo muchos trabajadores, además de una muy propia forma de ser.

Ven acá chillón –le decíamos a Juan cuando estaba chiquito- lo queríamos mucho y siempre estaba de visita en casa. Estos niños tuvieron penas muy fuertes de chiquitos, tuvimos también la revolución y la cristiada. Todas esas cosas se juntaron y Juan tal vez como las recuerda, como se las dijeron, o como el fantasiosamente se las imaginó, son las cosas que le sirvieron de alimento, para hablar de esto. Personajes, casas, callejones, paisajes, amaneceres, anocheceres, climas, ánimas, misterio, muerte, crimen, bestialidad, prepotencia, seducción y despojo, son elementos que él tomó de este Llano”. 

“Todo lo que él dice en sus obras ha salido de aquí, porque aquí está el origen de su mente creativa, de su mente mágica, de su tormenta y de su gozo. En este lugar habitaron familiares cuyos nombres, hoy son tan legendarios, nos parece que pertenecen a épocas y lugares muy remotos”.  

“Pero no, realmente todo ha salido de aquí; tan solo recordemos a algunos personajes de San Gabriel de aquel entonces: don José Morett, Edmundo Villa, Severiano Soto, Antonio Corona, Eligio Fregoso, Micaela de la Fuente, Pepe Sedano, Primo Villa, Maximiano Trujillo, Concha Pinzón, Juan Santana, etc.”.

“Casi todos se fueron yendo de San Gabriel, poco a poco, algunos dejaban encargados sus muebles y casas con la idea de que pronto regresarían, pero la realidad es que poco a poco las grandes casonas se fueron quedando arrumbadas, con muebles y demás enseres del hogar, debidamente cubiertos para que no se perdieran en su ausencia… y así poco a poco, San Gabriel se fue quedando solo”.

“En cierta ocasión venía don Cheno en su caballo y traía a Pancho, uno de sus hijos, bastante enfermo, cuando le salieron al camino unos hombres queriéndolo matar, pero como venía acompañado del pequeño, dijeron que ese niño era inocente y no tenían por qué perjudicarlo”. 

“Un tiempo después vino un señor en la noche a tocar en la casa de mi papá, trayendo una carta en donde le decían que habían matado a Cheno, para que avisara a su esposa y que ya lo traían a San Gabriel. Cuando mi papá fue a decirle a doña María, ella ya venía llorando y se abrazó a él llorando desconsoladamente. 

Mi hermano Toño acompañó a María para que se cerciorara sobre la veracidad del recado que mi padre había recibido. Mi hermano me dijo que se sintió tan impresionado al ver que al poco (tiempo) de salir de San Gabriel en la madrugada, se veían unas filas de mechones de ocote y al acercarse más, el grupo de acompañantes, y por delante las mulas en donde traían a Cheno”. 

“Pobre Cheno, era de un carácter muy duro”. 

“A Cheno lo sepultaron aquí esa misma mañana, porque lo habían matado un día antes. La pobre María vio en dos ocasiones al asesino de Cheno, y en ambas ocasiones se quedó sumamente enferma de la impresión de verlo y de su incapacidad para denunciarlo, porque decía:

  • “A Cheno ya me lo quitaron, y si lo denuncio, en lo que lo señalo lo matan los familiares de Cheno, y yo no quiero que eso suceda… va a sufrir su viuda lo que yo estoy sufriendo, no; mejor que Dios lo juzgue”. 

“María no duró muchos años, quedó delicada. A su muerte, se hizo cargo de los chiquillos su abuela doña Tiburcia Arias, que ya era muy grande”. 

“A la muerte de ella, uno de los jovencitos se quedó con su tío Vicente Vizcaíno y los demás se fueron con la mamá de Cheno a Sayula”. 

“Cuando murió María, lo recuerdo muy bien, fuimos a su casa y cuando entramos a su recámara en donde estaba tendida, los dos chiquillos se acercaron a la cama, colocaron una sillita para subirse y con una cobija en las manos querían cubrir a su mamá, porque según decían su mamá tenía frío…

  • ”Ya le hablamos y no nos responde, está muy fría y no nos responde, está muy fría y le traemos su cobija para que se tape”.

“Aquí en el panteón, en la fosa de don Carlos Vizcaíno, abuelo de ellos, están sepultados todos. Está Tiburcia, Cheno, María y toda la familia”. (1)

En entrevista a la señorita María de Jesús Guzmán Hernández ( La Voz del Llano, 16 de enero de 1988)  ella dijo:

“Recuerdo la niñez de Juan Rulfo allá por los años de 1924 a 1927 cuando ambos estudiábamos en el Colegio de las Madres Josefinas, que estaba en el anexo del Santuario en esta población. En el Colegio se impartían los seis grados de primaria, además de párvulos”.

“Nuestros compañeros de escuela eran Severiano, Alfonso Gómez, el mañero, Mariquita Rojas, Tomasita y Crucita Arias; mi maestra de primer grado era la Madre Mendiola, que era auxiliada por Juanita García. Algo de lo que siempre he tenido un buen recuerdo, era del tiempo de las posadas ya que cada año se festejaba en el Colegio y nos obsequiaban tostadas, pozole, bolos con pinole o confeti.  En aquel tiempo en los espacios de recreo jugábamos a la gallinita ciega, a la matatena”.

“Para 1926 las Madres Josefinas ya se habían marchado, recuerdo que el 4° año lo hice en la casa que está frente a la de Nacho Cobián, que ahora es de la parroquia”. 

“Por aquel tiempo había mucha industria casera; se hacían sombreros de sollate, sombreros de palma, costalitos de dos riendas, los costales de hectólitro, había carpinteros, fábricas de jabón de unto, velas de cera, velas de cebo, había cobijeros que trabajaban la lana en gran forma, la elaboración de dulces”.

“San Gabriel se fue quedando solo poco a poco; primero por la revolución, luego por la cristiada y después por lo empobrecido que quedó la región, ya que no había trabajo y toda la gente se fue saliendo hasta casi dejarlo como un pueblo fantasma…” 

“Aquel tiempo fue algo horrible; las angustia en las familias empezaba cuando se cortaba la luz y el telégrafo, y cuando se empezaba a escuchar el pitido del cuerno, que a manera de clarín, hacían sonar para señalar la presencia de cristeros, cuando esto iniciaba la gente corría a encerrarse en sus casas. Cuando los cristeros llegaban al pueblo lo hacían con gran escandalera, descargando sus armas al aire, normalmente sus visitas obedecían a que iban en busca de alguien”. (2) 

Juan Rulfo niño pasó su infancia envuelto en el ambiente violento de una época que no se terminaba, una lucha revolucionaria y enseguida una guerra religiosa fratricida. 

Ese ambiente de bandidos y muerte marcó fuertemente al futuro escritor. Puede afirmarse, sin temor a incurrir en un error, que la rebelión de los cristeros fue determinante en el despertar de su vocación literaria. 

Cuando se entrevistó a María Guadalupe Preciado Castañeda, quiennació en San Gabriel en 1907, después de varios recuerdos por su infancia dice:

“… De los Pérez Rulfo, me acuerdo muy bien. Todos ellos son mucho más chicos que yo, los recuerdo al igual que a muchos muchachos en edad escolar. Mariquita, la mamá de ellos, murió muy joven dejando huerfanitos a sus hijos a muy temprana edad”. 

“Mientras que los muchachos más grandes eran muy abiertos y comunicativos, Juan era muy atufado, reservado, poco comunicativo; a Evita, me acuerdo que casi siempre la vestían de largo y de color negro; los muchachos vestían de pantaloncitos cortos y saquitos, ellos nunca vistieron de calzón”. (3)

Don Enrique Arámbula Argote, gabrielense nacido en 1917, fue Notario Público en Guadalajara, condiscípulo de Juan Rulfo, así lo recuerda en entrevista realizada en mayo de 1988:

“No logro apartar de mi memoria aquellos días, en que al igual que otros niños de San Gabriel, asistíamos al Colegio de las Madres Francesas de las Josefinas, y digo lo anterior, por la amistad que de mi interior nacía hacia Juan Pérez Vizcaíno. Yo no podía concebir, que un niño como lo era Juan, no tuviera papá; ya que su padre había muerto y me sentía unido a él espiritualmente por la carencia que él tenía”.

Pero también recuerdo, como a él, lo enviaba siempre al colegio con un vaso de leche y un plátano macho amielado, del que por cierto jamás me dio, siempre me quedé con las ganas de que algún día me ofreciera”. (4)

Las confesiones sobre su origen e infancia. Fueron varias las ocasiones en que Juan Rulfo dijo ser de San Gabriel. 

  • “Yo nací en un pueblo que tenía un río, pero que ahora no tiene agua”,  dijo al suplemento dominical de un periódico tapatío; el río se encuentra en el centro de la población, corre de oriente a poniente y atraviesa la Calle Evaristo F. Guzmán, donde está construido un puente desde los inicios del siglo XIX, a una cuadra y media de la casa que fuera de los Pérez Rulfo-Vizcaíno. 

Rulfo tomó como escenario el campo del Sur de Jalisco para situar a sus personajes, que adquirieron carácter universal; el mismo dijo en algún momento: 

  • “El paisaje que corresponde a lo que yo escribo es la tierra de mi infancia. Este es el paisaje que recuerdo. Es la atmósfera de ese pueblo en que viví, lo que me ha dado el ambiente. Ubicado en ese lugar, me siento familiarizado con personajes que no existieron, o que quizá sí”. (5)

En otro momento durante ciertas charlas con los amigos decía: 

“Yo nací en lo que ahora es un pequeño pueblo, una congregación que pertenece al Distrito de Sayula. Sayula fue un centro comercial muy grande hace unos años, antes y aún después de la  Revolución. Pero yo nunca he vivido allí en Sayula. No conozco Sayula. No podría decir como es… Mis padres me registraron allí. Porque yo nacía en la época de la Revolución, es decir, las épocas de las revoluciones, porque hubo una serie de revoluciones”.

“Yo viví en un pueblo que se llama San Gabriel. En realidad yo me considero de ese lugar. Allí pasé los años de mi infancia. San Gabriel era un centro comercial. San Gabriel antiguamente era un pueblo próspero; por allí pasaba el Camino Real de Colima”. 

“La primaria la hice en San Gabriel, ese es mi mundo. Y allí viví hasta los diez años. Es uno de esos pueblos que han perdido hasta el nombre”. (6)

Durante sus años de infancia el pequeño Juan entró en contacto, en 1926, con la biblioteca del señor Cura don Ireneo Monroy Nuño, depositada en la casa familiar, y Rulfo recordará siempre esas lecturas, esenciales en su formación literaria. 

Algunos autores acostumbran destacar su temprana orfandad como determinante en su vocación artística, olvidando que su conocimiento temprano de los libros mencionados tendría un peso mayor en este terreno. En una entrevista, Juan Rulfo dijo:

-Yo tuve en la casa la biblioteca del Cura de mi pueblo, porque estalló la cristiada, una rebelión cristera, y entonces el Cura guardó su biblioteca en mi casa y ahí leí desde Emilio Salgari a Alejandro Dumas, todo; era un Cura muy raro, porque no tenía casi libros religiosos, ni novenas, ni cosas así, sino que tenía muchos libros de historia y de novela, tenía mucho de novela y tenía todas las obras de Víctor Hugo, de Alejandro Dumas. También tenía el Índice, el famoso Index Papal, las obras prohibidas. 

Sus visitas esporádicas al pueblo gabrielense. Después de terminar parte de su educación en el internado Luis Silva de Guadalajara, Juan Rulfo ingresó al Seminario del que, sin concluirlo, decide abandonarlo en 1934. 

En ese año, regresó a San Gabriel, con su abuela materna doña Tiburcia Arias, luego vivió en la hacienda de Apulco, donde, según lo recuerda su hermana María Eva… 

“… se amanecía leyendo y tomando café a la luz de una vela, ya que en la hacienda no había luz eléctrica”.

Por su parte doña Esperanza Paz, la viuda de don Severiano Pérez Rulfo, evocaba: 

“Juanito se fue a vivir con nosotros, corrido, corrido, como nueve meses. Le gustaba mucho fumar, en la noche casi no dormía, era puro fumar, y en la mañana amanecían los ceniceros llenos, y en el día se levantaba casi a las dos. Se la pasaba en la noche escribiendo, fumando y su taza de café. Tendría unos diecisiete años”.

En ese tiempo, leía y realizaba largas caminatas…  “… escala cerros regionales, El Petacal, desde donde se observa el Llano Grande y los Comales, que rodean San Gabriel; sin excluir el Nevado y Volcán de Colima”. 

Uno de sus biógrafos, Juan Antonio Ascencio, a quien conocí en San Gabriel en los años noventa, escribió:

  “…  durante las vacaciones, Juan Nepomuceno practicaba el alpinismo; ganó la carrera anual de ascenso al Cerrito de la Cruz, situado a espaldas del Santuario de San Gabriel”.

Para 1943,Juan Rulfo volvía de vez en cuando a San Gabriel y a Apulco, lugares donde permanecía algunos días. Su interés era encontrar a hombres del campo que le contaran historias. Su hermano mayor Severiano comentaba que: 

“Platicaba él mucho, en las noches, con los rancheros, los mozos,  y los vaqueros. Con los arrieros que iban o venían de Sayula o de Zapotlán, también debió platicar mucho. 

Entonces había mucho movimiento allí. Había mesones, había comercios y fondas. Yo llegaba cansado a acostarme y él se quedaba platicando”. 

Para cerrar el presente texto, quiero evocar las palabras de Juan Rulfo acerca de su pueblo de la infancia:

“Guardo una gran nostalgia por la infancia y el lugar donde viví de pequeño. Por aquellos años que no se pierden nunca. La nostalgia ha sido una especie de impulso para recordar ciertas cosas. El hecho de querer evocar esos años es lo que me ha obligado a escribir. Yo tengo que contarles esas cosas, vengo de tal lugar que ustedes no conocen, pero  yo voy a contarles lo que ha sucedido ahí”. (7)

REFERENCIAS

  1. (1)Periódico La Voz del Llano, Director, Virginio Villalvazo Blas, San Gabriel, Jalisco, 4 de julio de 1987.
  2. (2)Igual que el anterior. Edición del 16 de enero de 1988.
  3. (3)Igual que el anterior. Edición de junio de 1989.
  4. (4)Igual que el anterior. Edición de mayo de 1988.
  5. (5)“El Llano en llamas”, Juan Rulfo, Pról. de Sergio López Mena, México, SEP, Plaza y Janés, 2002. 
  6. (6)“La ficción de la memoria, Juan Rulfo ante la crítica”. Selección y prólogo de Federico Campbell. Biblioteca Era. Coordinación de Difusión Cultural, Dirección de Literatura, UNAM, México, 2003.
  7. (7) Un tiempo suspendido, Cronología de la vida y la obra de Juan Rulfo”,de Roberto García Bonilla,México, 2009.

MA/MA

Profesor, músico y cronista municipal, originario de San Gabriel, Jalisco.

El 1° de septiembre de 1994, recibió el nombramiento de “Cronista de la ciudad”, de manos de la autoridad municipal.

Es miembro Cofundador de la Asociación de Cronistas Municipales del Estado de Jalisco, A. C., desde el 19 de octubre de 1996.

Primer cronista vitalicio de San Gabriel, desde el 28 de julio de 2010.

En noviembre de 2011 se integró a la Asociación de Cronistas Municipales del Occidente de México, formada por Jalisco, Colima, Michoacán y Nayarit.

Con treinta y cinco años de servicio en el magisterio estatal en primaria y secundaria, es maestro jubilado desde el 1° de junio de 2011.

Ingresó como consocio a la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de Jalisco, Capítulo Sur, el 15 de octubre de 2016 con el tema: “La hacienda de Nuestra Señora de Guadalupe del Salto del Agua”.

De 2009 a 2021 fue el responsable del Archivo Histórico Municipal de San Gabriel, Jalisco.

Ha publicado una treintena de libros con temas históricos, genealógicos y monográficos. Ha participado en la prensa jalisciense, en revistas locales y en programas de radio y televisión estatal, nacional y del extranjero.

Correo: cronistademipueblo1994@hotmail.com

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