El chico que se enamoró de la química por «Breaking Bad», Manuel del Carmen

El autlense Manuel del Carmen ganó el tercer lugar en la XXXII Olimpiada Estatal de Química, pero también es un adolescente, quien a sus 17 años se encuentra decidiendo qué hará en su futuro, mientras trabaja en el negocio familiar, lee ucronías y pinta mapas de Europa.

(Fotografía: Manuel del Carmen García)

Por: Vianney Martínez Pérez

Autlán de Navarro, Jalisco. 23 de septiembre de 2022.-(Letra Fría) «¿Sabes qué son? Es como un relato alternativo, por ejemplo, imagínate nuestra historia universal: la Segunda Guerra Mundial. De ese acontecimiento cambias los hechos ocurridos y haces una novela».

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En mi segunda década, un joven menor que yo por tres años me explicaba qué era una ucronía.

Manuel Fernando del Carmen García es amante de la lectura, especialmente de aquellos textos que hablan del pasado de las personas.

En general, Manuel, es un apasionado del arte. Naturalmente como cualquier persona joven, el mundo es un campo experimental que se abre a las posibilidades de descubrir qué hay en éste y en dónde nos toca estar.

-«La verdad es que yo tengo hobbies raros. Me gusta utilizar mi computadora para programar y dibujar mapas».

-«¿Mapas?», cuestioné.

-«Sí, mi favorito es el de Europa».

Lo que Manuel llama como «raro» es común en algunas sociedades de diferentes partes del planeta; el Gobierno de Chile ofrece «Jóvenes Programadores», un proyecto gratuito para adolescentes compuesto por más de 25 cursos que brindan conocimiento y asesoría en especialidades como lenguajes de código y programación, herramientas digitales para el emprendimiento, ciberseguridad ciudadana, etc.

En sus tiempos libres Manuel también trabaja en el negocio familiar, aunque no es una persona con una habilidad social resaltante, el chico de 17 años trata con los clientes a esperas de recibir órdenes de qué hay que hacer y cómo hacerlo.

-«Son dos sucursales de la refaccionaria, una está aquí en Autlán y la otra en Casimiro Castillo».

Manuel sonaba agitado, podía notar el nerviosismo en su voz: lenta, de volumen bajo y con un cierto nivel de sarcasmo. Apenas la conversación tomaba calor, y el estudiante preparatoriano sabía que estaba próximo a ser cuestionado por lo que había logrado: ganar el tercer lugar en la XXXII Olimpiada Estatal de Química en Jalisco.

-«Mira, te voy a decir la verdad. Sorprendentemente mi materia favorita no es la química, lo que más me gusta es la historia y la filosofía, pero no por eso dejo de amar la ciencia», confesó.

Indagando en la raíz de esta fascinación por el mundo de los átomos y los electrones, Manuel me confesó que tiene dos hermanos quienes están adentrados en la química: «el menor, si Dios quiere, me va a superar».

-«A mí tal vez me va a dar pena decirte esto, pero no fueron mis hermanos quienes me hicieron convencerme de que amaba la ciencia, me clavé con una serie que hizo que me enamorara por completo de la química: Breaking Bad», reveló el muchacho.

La premisa de Breaking Bad reza así: «Cuando un profesor frustrado de química se plantea qué pasará con su familia cuando él muera, al ser diagnosticado con cáncer pulmonar terminal, decide fabricar y vender metanfetamina para asegurar el bienestar económico de su esposa e hijos». El producto audiovisual de Vince Gilligan compuesto por 62 capítulos, repartidos en cinco temporadas, es considerado para algunos críticos de cine como la mejor serie de todos los tiempos.

A comparación de los expertos en el séptimo arte, a Manuel no le conquistó la fotografía, la música o el guión de Breaking Bad, más bien, fue ese argumento científico en el que la serie explica cuestiones químicas a su audiencia, impactando, sin querer, a un joven de la Escuela Preparatoria Regional de Autlán, quien ahora es toda una «celebridad», tanto para su prepa como para la región.

-«Por su puesto que voy a entrar a la universidad, la cuestión es que aún no me decido en qué carrera, no sé si prepararme para Químico Farmacobiólogo, o, ser historiador«, suspiró. –«Es que esas dos ideas ya se me metieron a la cabeza».

Manuel tiene otro nombre, pero nadie le llama por Fernando. En la escuela, Manuel junto con sus amigos de la prepa tienen estereotipadamente un año para decidir qué hacer con sus vidas, aunque en el arranque de esa savia podrían sentir la necesidad urgente de parar el mundo para volver a comenzar otra vez, a elegir otra puerta.

Con el apoyo de sus padres, de sus profesores y de su abuelo, Manuel confía que tomará la elección más centrada en su camino profesional. Eso sí, está cien por ciento seguro que seguirá estudiando en la Universidad de Guadalajara y para conseguirlo se ha propuesto educarse el doble de lo que ya hace: «Quiero mejorar mi promedio, no es muy alto, es de 90, pero de aquí a sexto voy a subirlo».

-“Mi mamá está asustada, no le gusta la idea de que me vaya a Guadalajara a estudiar, pero mis dos padres me apoyan y felicitan. Mi familia es muy importante, especialmente mi abuelo, él me acompañó a la olimpiada”, dijo en voz alta.

Como dijo Manuel, en su entorno los adultos son la pieza clave del ajedrez. La cotidianidad del adolescente se divide en figuras adultas. En la escuela, una de las personas que más merecen respeto para el estudiante es el profesor Mario Pelayo, no solo por ser su maestro de química, sino por su paciencia y vocación para introducir a jóvenes en competencias regionales, estatales y nacionales en el área de las ciencias exactas.

A Manuel, el «profe Mario», como él lo llama, lo invitó a participar en la última edición de la olimpiada regional de química, en la cual obtuvo el primer lugar, para después apoyarlo en su preparación rumbo a desempeñar un buen resultado en la olimpiada estatal.

-«Fueron dos meses de preparación donde tomamos clases y sesiones extraescolares; a pesar de que yo también estudiaba solo en mi casa, el maestro me prestó uno de los libros que él escribió para repasarlo. Al final de cuentas me acompañó hasta Guadalajara para concursar. Es muy buen maestro, me asesoró demasiado y sin él no hubiera sido posible lo que he logrado», pude sentir la sonrisa de Manuel por el tono de su voz.

Además de Mario Pelayo, el profesor de informática, Alejo Tapia, fungió como chofer del estudiante para que pudiera trasladarse de la Costa Sur a la capital de Jalisco.

-“Al principio iba bien nervioso, pero ya después del examen todo bien relajado, pues gané el tercer lugar”, hubo un silencio. –«La verdad siento que lo pude haber hecho mucho mejor».

De vuelta en tierras autlenses, sus compañeros de clase lo recibieron con buenos deseos y felicitaciones, mientras tanto, algunos profesores enfocaron su atención a Manuel por un momento y después perdieron la mirada entre la masa estudiantil.

-«¿Crees que seas un ejemplo para tus compañeros?»

-«Podría ser, pero hubo estudiantes de mi preparatoria mucho más sobresalientes que yo, los admiro. Yo quisiera ser como ellos y poner al nombre del municipio en alto«, confesó el chico.

Hay varias cosas positivas en Manuel, una de ellas es su reconocimiento hacia el trabajo de otros seres humanos. Mentiría si dijera el número exacto, pero Manuel nunca se cansó de agradecerle a sus profesores, aunque «algunos no noten mi existencia porque soy muy callado».

El impacto del contexto de un adolescente es imprescindible. Es verdad que cada ser humano tiene perspectivas y deseos diversos, pero para lo que muchos jóvenes está fuera de sus intelectualidad, para Manuel es una necesidad: «quiero ganar más competencias y me prepararé lo suficiente».

Dice Maslow en una de sus teorías psicológicas que existe una «pirámide» compuesta por jerarquías de las necesidades humanas, la cual define que conforme se satisfacen las exigencias básicas de un individuo, el mismo desarrollará menesteres y deseos más elevados: es decir, hay personas que batallan día con día con cumplir con sus requerimientos fisiológicos, como alimentarse, mientras hay otras pocas que llegan al punto de la autorrealización, como la creatividad y la moralidad.

A su corta edad, Manuel ha conseguido para lo que muchos es un anhelo: trabajar en su espacio de autorrealización, y eso para nada está mal.

Edición: MV

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Estudiante de la licenciatura en periodismo en el Centro Universitario del Sur, de la Universidad de Guadalajara, con afinidad al periodismo narrativo, de derechos humanos y fotoperiodismo. Corresponsal de Letra Fría en proceso electoral 2021.

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