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Gallogallina

Marche Garciroja nos comparte: "A Francisco Llamas le marcaron su destino, nacer varón, vivir como varón, pensar como varón; mientras que en sus entrañas yace la fémina respuesta del ser. Por muchos años dedujo que de lunes en alba al crepúsculo del viernes era el hombre pero entre el glorioso sábado y el hastío domingo la mujer, ese amor que tenía callado, callado".

Por: Marche Garciroja | Tierra color grana

Autlán de Navarro, Jalisco.- Desocupadxs lectorxs, Eugene Sué, Balzac, Alejandro Dumas o Fredéric Soulié en Francia fueron algunos de los grandes autores que publicaron muchas de sus numerosas obras originalmente en formato de folletín y luego en volúmenes; Charles Dickens y Wilkie Collins fueron dos de los más prolíficos escritores por entregas en lengua inglesa; Tolstoi publicó Guerra y paz como folletín, a pequeños sorbos, y grandes autores españoles como Benito Pérez Galdós o Valle Inclán publicaron también en este formato. Acá seguimos contando las margaritas que Francisco Llamas deshoja… 

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Pero esos rumores de la vida

nos llegarán por separado,

y otro será tu sol

y otra luna será mi luna.

—CARLOS MARTÍNEZ RIVAS—

Los planos paisajes con escasa vegetación en la mayoría del territorio propiciaban otoños, inviernos y primaveras secas con veranos benignos. Corría el mes de agosto, el preticor inundaba al pueblo con su indecoroso buqué. Todos nos alistábamos para venerar a Nuestra Señora del Tránsito el día 15, Lucecita cumplía sus 8 años un día antes, llena de apapachos, los abuelos paternos le enviaron una hermosa muñeca desde la gran ciudad azteca, allá donde escucho que el violeta de las jacarandas pintan de color esperanza las vicisitudes del desempleo y la saturación de las calles tras el aumento de sus habitantes, la plaza mayor se tiñe de rojo carmesí como en los tiempos de las guerras floridas. El fin es el comienzo.

Las profesoras Sara y Elena con ese halo de inmaculada concepción la invitaron al almuerzo, cerdo con nopales y chile ancho, las señoritas disfrutaban mucho de su compañía ya que la boca no le podía parar, les contaba de lo mucho que le gustaba su casa y lo bien que yo y los míos la vestíamos de bastos colores en una eterna primavera. 

Después del festín matutino y de regreso a los deberes de la escuela las niñas y los niños del pueblo forjaban un futuro aprendiendo oficios que si bien no los llevaba a un ambicioso mañana les prometía un sencillo presente; costura, carpintería, agricultura, tejidos, cocina y lectura del misal romano que la evangelización cristiana dejó a su paso de las manos de los Franciscanos, la primera orden religiosa en llegar y establecerse en México en el siglo XVI, en el virreinato de Nueva España; la lectura de oraciones y rúbricas constituía una actividad permitida tanto para hombres como mujeres ya que fungía como antesala para en el momento oportuno decidir por la vida religiosa con su serenidad y paciencia que el sosiego da ante la calma y quietud que aleja el miedo; el reposo del alma. 

Hacia el lado oriente, en lo alto de un pequeño cerro que domina la vista del caserío, se erige una construcción que es conocida como “El Caracol” de la cual se dice: fue hecha para celebrar misas y vigilar la llegada de fuereños, para así poder protegerse si la situación lo ennoblecía.

El Tránsito de María —Dormición— es la glorificación del cuerpo de la Virgen mediante la definitiva donación de la inmortalidad gloriosa sin pasar por la muerte, la intervención divina que su hijo hizo en cuerpo y alma glorificados donde no se separasen en espera del juicio final y ascendieran unidos a los cielos. Las palabras que tanto significan para los humanos las he aprendido a modo de repetición, Lolis hace lo mismo, es así como de alguna manera que aún no logro entender del todo los bípedos justifican su actuar y proceder. Es miércoles y el azul cerúleo llora la asunción, los campos verdes profusos dan una vista esplendorosa, en la colina del cerro unos sentados y otros de pie conviven como una familia total. 

El reloj marca las diez horas pasadas meridiano y Don Luis en las penumbras de las calles retorna a la finca donde la prisa del agua tranquiliza a los niños al dormir, Cuquita descansa los pies en la mecedora que se encuentra en el pórtico y me contempla tras suspirar y sentirse plena con su vida de campo. Una vasija desbordante de zarzamoras entre sus piernas se mece en el caudal de su delantal, está orgullosa de que sus madrugadas se vistan de luciérnagas y el cantar de los grillos que le dan el sosiego que una madre necesita para criar, además porque para la navidad Longinos el guajolote morirá estoicamente y se chuparan los dedos con mole que ella forjará en la piedra del metate.

A manera de sereno Luis se acercaba y con él su postura taciturna, un tanto conformado al hecho de que su mujer e hijos amaban el campo que él tanto odiaba. Sacrificio, resignación y sobrevivencia enmarcaban su metro ochenta de estatura, la cachucha que desentona con los sombreros de campo y las jersey a rallas con las que mostraba sus brazos fuertes, de tez morena y castaños ojos, su caminar elegante como quien abre la pista en el El California Dancing Club:

♪Fue una luz

Que iluminó todo mi ser

Tu risa como un manantial

Regó mi vida de inquietud

Fueron tus ojos o tu boca

Fueron tus manos o tu voz

Fue a lo mejor la impaciencia

De tanto esperar tu llegada♪

Benny Moré «el Bárbaro del Ritmo» sonaba en su trayecto y marcaba los pasos que su memoria desojaba como Francisco a las margaritas. El fin es el comienzo. El domingo después de misa, todos llenaban los asientos de cantera en las inmediaciones del Kiosko que un 4 de Octubre de 1904 en medio de la celebración de la fiesta de San Francisco de Asís se inauguró con el tamborazo del pueblo tocando a todo volumen la marcha de Zacatecas.

De esta manera se honran sus actos de soledad y estados de éxtasis que tras orar para recibir dos gracias antes de morir, en un trance profundo —según relato de San Buenaventura— y tras la supuesta aparición de un serafín rodeado por seis alas angélicas, le imprimió las señales de la crucifixión en las manos, los pies y el costado; posteriormente, sus hermanos vieron los estigmas que él conservó por el resto de su vida. 

A Francisco Llamas le marcaron su destino, nacer varón, vivir como varón, pensar como varón; mientras que en sus entrañas yace la fémina respuesta del ser. Por muchos años dedujo que de lunes en alba al crepúsculo del viernes era el hombre pero entre el glorioso sábado y el hastío domingo la mujer, ese amor que tenía callado, callado. En la puerta tres cerrojos y la penumbra que pasaba los días de guardar recluido para no ser visto y tuviese que explicarse.

Nunca antes lo había mostrado pero en la punta de aquel cerro colorado donde contemplaba lo infinito del eterno retorno decidió que ya que a su pueblo había llegado la misericordia de Dios representada por la luz eléctrica era momento de que después cansado de disimular pretendiera acabar de una vez para siempre con esa sainete. Él iluminado adquirió el entendimiento que había venido así a este mundo para recrearse a imagen y semejanza, en sus conversaciones con el misal descubrió que salvo lo dicho en los mandamientos, lo demás era lo de menos. 

No hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista, así que puso una fecha en el calendario, esto tendría lugar el día de “El torito” que se celebra el martes de Carnaval, antes del miércoles de ceniza; fiesta popular basada en la historia que cuenta que un toro bravo escapó de los corrales de una hacienda cercana al pueblo causando varios destrozos, ante ese problema, el dueño del toro ofreció recompensa a sus caporales para que lo capturaran, los caporales utilizaron para tal fin dos toros cabrestos, toros mansos que sirven de guía a las reses bravas; ya que abría toros por todo Huéxocan usaría la bandera roja que ponen afuera de las fincas; como señal para que toreen al astado que escapó; en distinción él ofrecería arroz, pipián, frijoles, pulque, aguardiente y por la noche en la placita de San Pedro pinole. 

Continuará…  

Lectura complementaria || Las malas|| Camila Sosa, autora. 

MV

Marche Garciroja es hispanista, lectora sin tiempo y espacio, de escritura intertextual y fragmentada. Se licenció en letras hispánicas por la Universidad de Guadalajara. Coordina el Programa de Desarrollo de Habilidades Lectoras de la Biblioteca Antonio Alatorre dentro del Plan de Fomento, Promoción y Animación de la Lectura.
Correo: garciroja@gmail.com

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