María Mares ejerció como maestra durante el periodo de la revolución y de la postrevolución. Formó a varias generaciones de autlenses notables que procuraron desarrollo para el pueblo. La gran mayoría de esos exalumnos ilustres reconocieron la gran influencia que tuvo la maestra María en su historia de vida, y mientras pudieron, promovieron homenajes: en su honor nombraron calles, plazoletas, escuelas, le entregaron medallas y le hicieron reconocimientos.
Las placas comenzaron a acumular polvo, y el nombre se convirtió en parte del paisaje, lo mismo que sus ideas se comenzaron a diluir en el tiempo.
Por eso, hace cosa de seis años, me pregunté: ¿qué hizo bien María Mares que los docentes actuales podríamos replicar para formar a nuevas generaciones de autlenses destacados?
Consultando documentos en el archivo municipal y de la parroquia del Divino Salvador, escuchando y leyendo decenas de testimonios, respondí a esa pregunta con el libro: «Señorita Mares, dimensiones de la práctica profesional docente de una maestra legendaria», que fue apoyado para la fase de impresión por el Ayuntamiento de Autlán, que vio con optimismo la posibilidad de aprender de una docente que marcó una época en la ciudad al formar a tantas personas exitosas.
Los exalumnos
La lista de exalumnos de María Mares es muy grande, pero para darse una idea, rescataré algunos nombres, reconociendo la injusticia de omitir otros: general Paulino Navarro Serrano, el Autlán de Navarro es en su honor; general Marcelino García Barragán, gobernador de Jalisco y Secretario de la Defensa Nacional; Antonio Alatorre Chávez, intelectual y escritor, pieza clave en la divulgación de la obra de Juan Rulfo y Juan José Arreola —su hija Silvia, académica de la UPN Ajusco, escribió el prólogo del libro—; Alfonso Corona Blake, director de cine, ganador de 8 premios Ariel; Ernesto Medina Lima, cronista, periodista, le debemos la instalación en Autlán de Radio Costa, la primera radiodifusora en la región; pero sobre todo, forjó a una gran cantidad de autlenses, que incluyeron la preparación académica en su proyecto de vida y que formaron a sus hijos e hijas como profesionistas.
De niño, en el librero de mi padre, que es docente ahora jubilado, me encontré un libro con el título: «Entre profes se vale copiar». En aquel momento me quejé de lo injusto que era que los profes no nos dejaran copiar a los alumnos, pero entre ellos sí lo hicieran. Ahora, como docente, entiendo que en esa idea no hay trampas, lo que hay es una posibilidad de aprender de las experiencias y saberes de compañeras y compañeros, para entregarle a los alumnos lo mejor de nosotros.
Ojalá que a María Mares le podamos copiar la cultura, el rigor y el enfoque de formar ciudadanos que sirvan a sus semejantes, sin explotarlos. Que los docentes actuales podamos copiarle a la Señorita Mares, referente histórico de una profesión que forma a las personas que transforman el mundo.





