Durante los próximos 12 meses, la vida estará marcada por la agenda electoral y política. Las elecciones para renovar el congreso local y el Ayuntamiento serán el 6 de junio de 2027. Pero el vaivén ya está presente. Es el escenario propicio para reflexionar sobre cómo mejorar las condiciones del transporte público, antes de vivir en una ciudad caótica y desquiciante.
Hasta ahora, Autlán ha reclamado otras agendas, pero el crecimiento demográfico ha puesto presión en este tema. A juzgar por los censos realizados por el INEGI en 2010 y 2020, en ese lapso la población se ha incrementado 12 %, siendo la cabecera municipal la que más lo ha absorbido; en ella vivimos 52 mil personas (INEGI, 2020). La tendencia de crecimiento se mantendrá algunos años más (CONAPO).
No resulta complicado vivenciar las estadísticas: hay espacios y momentos de aglomeración que permiten verificar cómo la mancha urbana se ha expandido por varios frentes. Andar en la calle también es un espacio donde se sienten esos crecimientos que generan tensiones: un cálculo estatal del diario NTR Guadalajara estimó que entre 2015 y 2023 Jalisco vivió un explosivo crecimiento de motocicletas, con un incremento de 160 %, y de coches de 36 %. Con ello, los lamentables accidentes vinculados a las motocicletas representan el 28 % y suelen tener consecuencias más graves.
Las personas hemos resuelto de manera individual un problema que es colectivo. Porque en ese renglón Autlán vive un estancamiento de décadas. Las rutas de camiones que ofrecen el servicio en la ciudad son las mismas desde hace más de 20 años; en el mejor de los casos han ampliado el recorrido, como cuando los camiones que van a la Ejidal comenzaron a pasar también por la colonia El Vergel. Pero hay zonas sin servicio, como la de la preparatoria de la UdeG, o incluso el norte, donde la apertura de la carrera de medicina habrá de tensionar esas vialidades.
El próximo trienio es un buen momento para analizar la situación local, con las singularidades y necesidades propias, en donde faltan incluso datos locales de censo vehicular. Pero también para verse en espejos cercanos y lejanos.
Para identificar que las ciudades que cuidan el transporte y con ello mejoran la calidad de vida de sus habitantes lo han abordado con soluciones colectivas y multimodales en las que conviven rutas de camiones, ciclovías e incluso banquetas más caminables. Quienes han apostado solo a medios de transporte motorizados e individuales han vivido las consecuencias: más tráfico, más contaminación, más tiempo en el coche y menos tiempo de descanso o de trabajo.
No es un tema para resolverse fácilmente, tampoco para resolverse pronto. Pero sí es un buen momento para que, en la agenda local, nos comencemos a preguntar cómo queremos vivir los próximos años y tomemos las decisiones necesarias para hacerlo.
En ese baile, la educación y la cultura vial tienen mucho qué decir, pero de eso me gustaría profundizar la próxima semana.





