“Salimos a jugar si me dicen quién fue Nelson Mandela”.
En poco más de un mes la pelota rodará en México para inaugurar el vigésimo tercer campeonato mundial de futbol. El tema comienza a ser relevante en el salón, hay cierta ilusión en el hecho de que un evento de alcance planetario se desarrolle a pocos kilómetros de la escuela.
Por eso no me sorprendió la insistencia de mis estudiantes para salir a la cancha a patear el balón. Sin pensarle mucho, jugar futbol está muy cerca de la irresponsabilidad de un docente de la asignatura de español y en boca de los estudiantes suena a un buen pretexto para perder la clase.
Pero pensándole un poco, en estas circunstancias salir a jugar puede ser una buena experiencia de aprendizaje. Recordé una clase que, sin planearla, salió bien. En diciembre de 2022 se realizó en Qatar el mundial, el partido entre Croacia y Brasil nos sorprendió en horario de clase, el comité estudiantil de esa escuela logró la autorización de usar los proyectores para ver el partido. Mientras veíamos a Neymar y a Modrić enfrentarse, aprovechamos para conocer algunas referencias culturales y geográficas de los dos países.
De Brasil reconocimos la tensión ecológica que vive la selva amazónica, la deforestación para luego volver productivas las tierras, alguien recordó que en las zonas boscosas de Jalisco, igual se derrumban árboles para sembrar aguacates. De Croacia, un país casi desconocido, buscamos música tradicional y escuchamos esos grupos compuestos por voces y mandolinas que algunos enterados relacionaron con las estudiantinas que se escuchan en Guanajuato y otros más perspicaces, le encontraron similitudes a los requintos característicos del sierreño, tan popular en esta zona.
Entonces, ya va a empezar el mundial. En el partido inaugural México se medirá ante Sudáfrica, y mis alumnos quieren salir a jugar porque subió la temperatura futbolera. Entonces les lancé el reto con que comencé este letrero: “Salimos a jugar si me dicen quién fue Nelson Mandela”.
En primera instancia nadie sabía, pero luego los alenté a usar las estrategias de consulta y verificación de información que hemos aprendido en clases anteriores. Y los datos comenzaron a fluir: Mandela es de Sudáfrica, como la selección del partido inaugural, Mandela combatió el racismo y por eso estuvo casi 30 años en la cárcel, luego fue presidente, dijo que la educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo y promovió el diálogo como mejor manera de resolver los conflictos. Los minutos de clase se consumieron en el diálogo.
Al final de la semana pagaré la promesa de salir a jugar, no para perder clase, sino como una oportunidad para aprender otro rasgo de la experiencia que descubrí en un ensayo de Martín Caparrós incluido en la antología “Tiro libre. Relatos cancheros sobre futbol”: el futbol importa porque no es importante, porque podríamos vivir sin él, pero cuando decidimos adoptarlo, adoptamos las prácticas de la tribu.
Una tribu para compartir con otros diez individuos, o con otros miles, algunos valores en común a los que cuidamos y sobre los cuales nos mantenemos unidos, con menos individualismo y más conciencia colectiva.
Así que saldremos a la cancha y la tribu jugará una cascarita.





